«El Eternauta» y el Che

El guionista Héctor Oesterheld fue uno de los miles de desaparecidos por la dictadura argentina. Sus cuatro hijas y sus parejas también fueron desparecidas y asesinadas. Se busca si sus nietos fueron bebés robados
Héctor Oesterheld | Dominio público
Héctor Oesterheld | Imagen: wikimedia commons / Dominio público

Acaba de estrenarse una serie televisiva, producida por Netflix, que adapta el mítico comic argentino “El Eternauta”, publicado entre 1957 y 1959. Una historia de ciencia ficción que recrea una invasión alienígena cuya arma es un gas tóxico que extermina a gran parte de la población. Uno de los supervivientes “relata” al guionista, Héctor Oesterheld, las peripecias de lucha de él y su grupo. Las interpretaciones señalan la analogía de la invasión con los golpes de Estado en Argentina, así como la existencia de un mensaje sobre la necesidad de la resistencia colectiva a la opresión.

Años después, en 1967, a escasos meses de la muerte del Che, Oesterheld escribe el guión para el comic “Vida del Che”. Alberto Breccia se encarga de dibujar la parte que abarca desde el nacimiento del Che hasta su partida al Congo. Y su hijo Enrique Breccia se ocupa de ilustrar el diario del Che en Bolivia.

Contar con dos dibujantes para una obra única no fue un problema. Al contrario, Héctor Oesterheld había imaginado que eran necesarios dos estilos diferentes para ayudar al lector a distinguir desde lo gráfico las distintas etapas por las que pasó el Che. Héctor escribió dos guiones de 35 páginas, cada uno por separado, uno para Alberto y otro para Enrique.

El cómic Vida del Che salió a la venta en enero de 1968. El ejército argentino allanó la editorial y secuestró todos los originales. Lo consideraron un peligro para los jóvenes

El estilo de Alberto fue más tradicional y descriptivo, mientras el de Enrique más expresionista, marcado por los contrastes violentos en blanco y negro puros, sin la utilización de grises. Ese estilo se prestaba más a la violencia del combate y a la creciente oscuridad de la historia a medida que ésta se acercaba a la muerte.

En cuanto la edición apareció en los kioscos, el diario La Nación publicó un editorial titulado “Confusión”, donde advertía directamente sobre el peligro de captación ideológica para los jóvenes que tenía esa historieta sobre un personaje revolucionario como el Che. “Vida del Che” salió a la venta en enero de 1968, y apenas unos meses más tarde el ejército allanó la editorial y secuestró todos los originales. Sin embargo, a pesar de la destrucción de los militares, el cómic pudo resucitar. Enrique Breccia salvó y conservó los originales propios, los del trabajo de los autores. Con la vuelta de la democracia y a 20 años de su lanzamiento, la historieta tuvo una reedición.

Héctor fue uno de los miles de desaparecidos por la dictadura argentina. La historia de los Oesterheld tal vez sea la historia más desgarradora y cruenta de aquellas de familias rotas por el plan sistemático de secuestro, tortura y desaparición de la dictadura: un padre, sus cuatro hijas y las parejas de ellas, desparecidos, asesinados. Héctor Oesterheld, militante montonero, había pasado a la clandestinidad a finales de 1976, desde donde finalizó el guion de El Eternauta II. El 27 de abril de 1977 fue secuestrado por los militares en La Plata. Antes habían sido secuestradas, en distintas fechas entre 1976 y 1977, sus cuatro hijas: Diana de 22 años, Beatriz de 20, Estela de 25 y Marina de 20. Y también sus cuatro yernos: Alberto Seindlis, desaparecido; Raúl “el vasco” Mórtola, asesinado por los militares en su domicilio; Raúl Araldi, tiroteado cuando se resistió a su secuestro por los militares; Carlos della Nave, desparecido; que eran respectivamente los compañeros de Marina, Estela, Diana, y Beatriz. Marina y Diana estaban embarazadas. Marina fue secuestrada en San Isidro, Buenos Aires, cuando estaba embarazada de ocho meses; y Diana fue secuestrada en agosto de 1976 en San Miguel de Tucumán, cuando atravesaba un embarazo de seis meses.

Del paso de Héctor por los centros clandestinos de detención, como los llamados “El Vesubio” y “El Sheraton”, entre noviembre de 1977 y enero de 1978, ha quedado el testimonio de su compañero Eduardo Arias: “Su estado era terrible. Permanecimos juntos mucho tiempo. […] Uno de los recuerdos más inolvidables que conservo de Héctor se refiere a la Nochebuena de 1977. Los guardianes nos dieron permiso para sacarnos las capuchas y para fumar un cigarrillo. Y nos permitieron hablar entre nosotros cinco minutos. Entonces Héctor dijo que por ser el más viejo de todos los presos, quería saludar uno por uno a todos los presos que estábamos allí. Nunca olvidaré aquel último apretón de manos. Héctor Oesterheld tenía sesenta años cuando sucedieron estos hechos. Su estado físico era muy, muy penoso”.

No se conocen a ciencia cierta las circunstancias ni la fecha precisa de la muerte de Oesterheld, aunque se supone que tuvo lugar en 1978.

Ahora, en lo que se ha llamado “efecto Eternauta”, y coincidiendo con el estreno de la serie, las “Abuelas de la Plaza de Mayo”, ejemplo infatigable de lucha por los derechos humanos, han comenzado una campaña para averiguar si es posible que los nietos de Oerstelheld, los hijos de Marina y Diana, nacieran en el cautiverio y fueran entregados ilícitamente a algunas familias adeptas al régimen militar. Ojalá encuentren a aquellos bebés, que hoy tendrían cerca de cincuenta años, y así conozcan su verdadera identidad.

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