«Caballeros, el Consejo no es una casa de baños, así es que no veo por qué una mujer no puede formar parte de él».
Respuesta de David Hilbert a la objeción planteada sobre si era lícito que una mujer entrara en el Consejo de la Universidad de Gotinga
Del teorema matemático de nuestra protagonista se dijo, ya en 2004, que fue “uno de los más importantes jamás probados a la hora de dirigir el desarrollo de la física moderna, posiblemente a la par con el teorema de Pitágoras”. Quienes así afirmaban, los físicos Leon M. Lederman y Christopher T. Hill, eran muy conscientes de que todavía hoy la física sigue avanzando gracias al trabajo de Emmy Noether.
Noether fue una matemática excepcional que tuvo que abrirse paso en el difícil contexto de la Alemania de principios del siglo XX. Por mujer, judía y científica.
Nació en una familia judía en Erlangen, donde las matemáticas tenían un importante papel: hasta 10 miembros de su familia se dedicaban a ellas, incluido su padre, Max Noether, profesor en la misma ciudad.
Como correspondía a los usos y costumbres del momento, a Emmy se la educó para ser una buena ama de casa burguesa, alternando el bachillerato con estudios de piano e idiomas. De hecho, en 1900 aprobó los exámenes que le permitían la docencia de francés e inglés en escuelas femeninas. Pero afortunadamente para el devenir científico este no era su plan. Tres años después se permitió el acceso de las mujeres a las universidades y allá se fue Emmy a estudiar en el Realgymnasium de Núremberg para poder optar a entrar en la Universidad mientras ya acudía como oyente a las clases de astronomía y matemáticas de, entre otros, David Hilbert en la Universidad de Gotinga.
Finalmente, y tras aprobar los exámenes, pudo acceder a la Universidad de Erlangen donde también impartía clases su padre y donde realizaría su tesis que tuvo buena acogida (curiosidad: posteriormente tachó su tesis como “bazofia”). Alemania en aquel momento resultaba el país puntero en desarrollo matemático y Emmy tuvo claro que no quería salir del país. Una vez obtenido el título, se convirtió en la segunda doctorada del país en esta materia y la primera en presentar sus investigaciones en la Conferencia Anual que organizaba la Asociación alemana de matemáticos.
Después de unos años en que trabajó (gratis, por supuesto, ¡era una mujer!) en el Instituto matemático donde sustituía a su padre en las clases que él no podía atender, matemáticos de la Universidad de Gotinga, centro de investigación matemático reconocido a nivel mundial, quisieron contar con ella. Y de la bronca que se montó por parte de quienes no querían bajo ningún concepto que una mujer “distrajera” a los investigadores, surge la respuesta de Hilbert que encabeza este artículo.
¿Consiguió entrar en la Universidad? Pues más o menos. No tuvo plaza oficial, tenía consideración de ayudante, el profesor titular era otro e incluso la familia tuvo que seguir pagando alojamiento y manutención porque no recibía ningún salario.
Sí existía el reconocimiento de sus colegas, al menos. Y llegó un momento determinante: Albert Einstein pasó por la Universidad para dar una serie de conferencias sobre la teoría general de la relatividad, que aún estaba en elaboración, y pidió ayuda para resolver lo que se describió como fallo del teorema de la energía que consistía en que el principio de la conservación local de la energía solo parecía fallar en esta teoría general.
¿Y quién tenía respuesta? Nuestra protagonista, a la que pidieron colaboración.
Con el llamado Teorema de Noether puso de manifiesto la importancia de la simetría, que es algo que podemos encontrar en la misma naturaleza, además de en las matemáticas. Incluso, se dice, la propia belleza radica en la simetría.
Judía y marxista y había sido profesora por la Universidad Estatal de Moscú donde trabajó con Pavel Alexandrov. Le impidieron de clase en Alemania y acabó en Estados Unidos
Emmy demostró que a cada simetría corresponde lo que los físicos llaman una “ley de conservación” (esto les suena, ¿verdad?). Y que en resumen sería: si hay algo que se mantiene constante, es que hay simetría; si hay simetría, es que hay algo que se mantiene constante. ¿Les parece poca cosa? Pues este teorema revolucionó la física, respondió a las dudas con la teoría general de la relatividad e hizo que el mismísimo Albert Einstein dijera de ella que era un genio extraordinario. Y no es para menos: Noether demostró que el llamado fallo es, en realidad, un rasgo característico de la teoría general, lo cuantificó y explicó que se debía a la naturaleza del grupo de simetrías involucrado.
De todos modos, siguió siendo solo una mujer judía científica. Pese a que la Revolución de Noviembre posterior a la Primera Guerra Mundial trajo algunas mejoras sociales a las mujeres y se le reconoció formalmente la importancia de su trabajo, siguió todavía mucho tiempo trabajando sin remuneración y sin todas las funciones administrativas.
Y no solo las dificultades laborales, hablamos de un periodo extremadamente complejo para ser judía en Alemania y tener, además, fama de marxista devenida de su entorno de amistades y de su paso como profesora por la Universidad Estatal de Moscú donde trabajó con Pavel Alexandrov. Según cuenta él mismo, mostró un considerable apoyo e interés en los avances científicos soviéticos y a las oportunidades que la revolución había abierto a quienes quisieran estudiar.
Y ese interés, en la Alemania de 1933, no estaba muy bien visto: después de distintos momentos de tensión en la propia universidad con estudiantes nazis, que exigían que «los estudiantes arios querían matemáticos arios y no matemáticos judíos», llegaron a expulsarla de la pensión donde vivía después de las protestas estudiantiles del entorno nacionalsocialista que no querían compartir espacio con una “judía marxista”.
Como a muchos de sus compañeros, finalmente retiraron a Emmy la posibilidad de impartir clases y tuvo que salir de Alemania. Pese a que, en principio, su idea era volver a Moscú, Emmy acabó en EE.UU.: el Bryn Mawr College acogió a Noether durante los dos últimos años de su vida.
Dos años que dieron para mucho en lo académico y permitió a muchos investigadores beber de su conocimiento, así como publicar sus obras más importantes en álgebra no conmutativa y números hipercomplejos.
Emmy Noether tuvo una influencia en las matemáticas a la que muy pocas personas han podido acercarse siquiera, a pesar de una vida difícil y demasiado corta. Y de la que un colega describió de la manera más bonita posible: “completamente desprendida de cualquier egoísmo y libre de vanidad, jamás pidió nada para sí, sino que promovió el trabajo de sus alumnos por encima de todo”.








