Patriarcado

No son las leyes (que también), son los jueces

El Tribunal Constitucional ha desestimado el recurso contra la sentencia que obliga a Daniel, el hijo menor de Juana Rivas, a regresar a Italia con su padre maltratador
Escuchen a Daniel

Cuando se aprobó la ley del solo sí es sí, asistimos atónitas a una larga retahíla de sabiduría jurídica (muchos hombres, también algunas mujeres de la élite del poder como Carmen Calvo, antaño feminista de pro, ahora entregada al patriarcado del capital) que nos intentaba convencer de que la ley había provocado una minusvaloración de los delitos y rebaja de las penas, amén de sumergirnos en la inseguridad jurídica.

Hoy, a escasos minutos de que se haya conocido la inadmisión del recurso de Daniel Rivas ante el Tribunal Constitucional, vuelvo a proclamar lo que grité en las calles entonces: no son las leyes, son los jueces. Los mismos jueces que interpretaron la ley de la forma más desfavorable para las mujeres y no sólo porque se rebajaran algunas penas, sino porque se cuestionó toda una movilización contra la violación y la agresión continua, porque las sentencias se convirtieron en una advertencia para todas las mujeres que denunciasen, los mismos jueces digo, son los que hoy nos advierten de que serán capaces, no solo de dejar violadores sueltos si no aceptamos el sistema establecido, sino también de utilizar a nuestros hijos, de dejarlos morir ante nuestras narices, con tal de enseñarnos la lección de la sumisión y del patriarcado.

Las feministas de este país tenemos una enorme responsabilidad si queremos proteger a nuestros hijos, a los futuros Daniel y Gabriel, a la futura Miriam (quiero recordar a la valiente hija de María Salmerón, que una vez cumplida la mayoría de edad denunció todo el maltrato sufrido por el poder judicial), y continuar una movilización masiva que, lejos de convertirse en una fecha en el calendario, sea un germen de revolución para mejorar la vida de las mujeres en este país y también la de una nueva generación de menores que se vea a salvo de los despotismos patriarcales.

Está en juego volver al padre maltratador y señor absoluto de su casa, está en juego una consideración despótica del hombre, o transicionar a un nuevo modelo donde la familia sea la sociedad protectora de sus miembros, una sociedad que reaccione con indignación frente a la injusticia.

Son los jueces quienes han decidido ignorar uno de los principios generales del derecho más absoluto y reconocido, el del interés superior del menor. Cuando se habla de interés SUPERIOR se trata de un interés que prevalece frente a cualquier otra consideración, sea de Derecho nacional o internacional, sea cuestión de competencia o de derecho sustantivo. Lo superior es superior. Si los fiscales, cuya principal misión es velar por los desvalidos (y no ejercer la acusación como contrariamente se cree, en una creencia fomentada por las películas del imperio), no han sido capaces de defender a este niño, es porque han colocado los intereses del sistema patriarcal por encima de sus funciones.

No son las leyes, no es el derecho, que estaremos reformando en un continuo círculo vicioso por los siglos de los siglos, son los que velan por la perpetuación del sistema. Son los mismos jueces que hacen huelga, aunque lo tienen expresamente prohibido, cuando ven amenazada esa importantísima parcela de poder. Son los mismos jueces que se manifestaron, aunque lo tienen expresamente prohibido en garantía de su independencia, en contra de leyes aprobadas por la soberanía popular. Son los jueces y fiscales nombrados para defender al pueblo, que se rebelan contra el pueblo para sostener a los de siempre.

Hoy las feministas saldremos a las calles para defender a nuestros hijos y puede que sea ante la mirada impasible de unos padres que añoran su papel del pasado. Es nuestra responsabilidad estar a la altura de Daniel, Gabriel o Miriam. Que acepten su responsabilidad los hombres o callen para siempre. Y, sobre todo, si algo le ocurre a Daniel, más allá de lo que ya le ha ocurrido, caiga sobre sus conciencias y la de todo el Poder Judicial que no ha sabido escuchar a un niño.

(*) Responsable del Área Feminista del PCA

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