En este año 2025 celebramos los cien años del nacimiento del que fue uno de los filósofos más destacados entre los pensadores del siglo XX en nuestro país. Con tal motivo se están realizando multitud de eventos y publicaciones en universidades e instituciones culturales españolas. Esta conmemoración ha tenido eco también en Cuba, con la publicación y presentación de un libro sobre este filósofo, y México, donde se realizaron unas jornadas en la UACM (Universidad Autónoma de Ciudad de México). La gran labor de recuperación y difusión de su legado, realizada en los treinta últimos años por un nutrido grupo de seguidores y discípulos, alcanza ahora su cénit, destacando la presencia de su figura intelectual entre nosotros. Es de notar que su personalidad comunista, independiente y crítica, pudo haberse perdido en las brumas de la historia. Sin embargo, la pertinencia de sus pronósticos, sobre la evolución de la sociedad industrial y la inviabilidad del capitalismo a largo plazo, constituye el fundamento para la recuperación de su pensamiento.
Manuel Sacristán Luzón nació en Madrid en 1925, aunque pasó la mayor parte de su vida en Barcelona, dedicándose al trabajo cultural en diversas ocupaciones: profesor universitario, escritor, editor y traductor. Estudioso del marxismo, utilizó sus conocimientos en lógica formal y filosofía de la ciencia, para hacer aportaciones significativas a su desarrollo. Fue también un excelente conocedor del arte y la literatura, como vehículos para la transmisión de los valores sociales en la configuración del sentido común ciudadano. Su quehacer intelectual fue una filosofía de la práctica, en el sentido que Gramsci y el marxismo italiano le dieron al término: la reflexión que la acción humana proyecta sobre el plano del pensamiento. Esa reflexión se realiza como crítica del sentido común ciudadano, alienado por la ideología capitalista; y su objetivo es proporcionar a la ciudadanía un buen sentido racional, fundado en el conocimiento científico y los valores de la humanidad emancipada. La filosofía de la práctica es la construcción de la conciencia de clase.
Su quehacer intelectual fue una filosofía de la práctica, en el sentido que Gramsci y el marxismo italiano le dieron al término: la reflexión que la acción humana proyecta sobre el plano del pensamiento
Acompañado por su mujer, la napolitana Giulia Adinolfi, su principal referente político fue la línea desarrolla por el PCI (Partido Comunista Italiano), Palmiro Togliatti y Enrico Berlinguer. Fue miembro de la dirección del PSUC entre 1956 y 1969; participó en el II Congreso del PSUC y el VII del PCE. Su militancia en el partido de los comunistas se dirigía a superar la escisión social entre clases, por lo que se le puede considerar como un intelectual orgánico de la clase trabajadora, incluso cuando se distanció de sus estructuras políticas para impulsar la movilización social dentro de la problemática ecologista que se manifestó en las últimas décadas del siglo XX.
En el plano filosófico se enmarcó en continuidad con la tradición racionalista ilustrada, sistematizada por Kant y Hegel, y cuya prolongación contemporánea quedó establecida por el marxismo desde el siglo XIX —como señala Engels en el Anti-Dühring—. Teniendo en cuenta que dentro de la Ilustración deben distinguirse dos corrientes opuestas: el liberalismo, paradigmáticamente representado por Voltaire, y el republicanismo de Rousseau. El marxismo reformista se inclina hacia la primera versión, inspirada en la idea de progreso; el marxismo revolucionario se enmarca en esa segunda dirección republicana. De ahí nacen dos tácticas del movimiento obrero, que han de usarse de modo alternativo en función de la coyuntura histórica.

La filosofía de la práctica
«Textos marxistas seleccionados»
Manuel Sacristán Luzón
Editorial Irrecuperables, 2025
La tarea intelectual de Sacristán, desde el punto de vista político, consistió en el leninista análisis concreto de la realidad concreta: descubrir y comunicar el saber acerca del momento histórico, dentro de la lucha política contra la dictadura fascista bajo la que transcurrió la mayor parte de su vida. De ahí que su pensamiento gravitara sobre el problema de la libertad en relación con la verdad. A partir de la década de 1970 su pensamiento se dirigió a comprender el problema ecologista que comenzó a hacerse notorio en aquellos, y cuáles son sus consecuencias para la teoría marxista y la acción política de la clase obrera. Por tanto, se ocupó de investigar el materialismo dialéctico, rehaciéndolo al hilo de los acontecimientos histórico-sociales que experimentó a lo largo de su trayectoria intelectual. Desde el punto de vista de sus convicciones morales, Sacristán fue un comunista, proclamando la igualdad de todos los seres humanos en plano formal del derecho, tanto como la libertad fundamental que permite a las personas desarrollarse en sociedad. La ideología liberal que domina en la sociedad capitalista afirma la incompatibilidad de ambas, libertad e igualdad; frente a ese supuesto, el planteamiento revolucionario consiste en conjugar ambas dimensiones de la vida social, en un orden colectivo que promueva el desarrollo personal de cada miembro de la sociedad.
El libro de Sacristán que ahora publica la editorial Irrecuperables, La filosofía de la práctica. Textos marxistas seleccionados —editado y prologado por Miguel Manzanera Salavert y con Epílogo de Francisco Fernández Buey—, recoge sus principales textos de pensamiento marxista. Estos fueron publicados en la serie de Panfletos y materiales a mediados de la década de 1980, pero hoy están descatalogados. También pueden encontrarse en Internet, gracias a la excelente labor realizada por Salvador López Arnal y José Sarrión Andaluz. El trabajo realizado por numerosos discípulos y seguidores de Sacristán a lo largo de los treinta últimos años ha conseguido rescatar del olvido a un pensador que se encontraba en los límites de la irrelevancia cultural, por la política cultural de una sociedad que reprime el pensamiento crítico y emancipador.







