En la militancia comunista existe una hermosa costumbre: al cabo de los años de entrega, de luchas, de victorias y derrotas, muchos deciden dejar plasmadas sus vivencias en un libro. Son páginas que no solo guardan enseñanzas, sino también anécdotas, reflexiones y pasiones de una vida consagrada a la construcción de un mundo de iguales.
Esos textos son hilos rojos que nos atan a quienes caminaron antes que nosotras, a quienes hicieron posible que hoy sigamos aquí. Letras íntimas, nacidas del corazón militante, que se convierten en otra forma de luchar por la justicia social y la dignidad humana.
Antonio Tellado recoge esa tradición y la transforma en algo más.
En Olvidar es pecado vibra la intensidad de una vida entera dedicada a la militancia, pero también la mirada precisa del investigador que ordena, selecciona y analiza. Nunca hubo dudas sobre el bando al que pertenece: lo lleva escrito en cada gesto y en cada palabra. Pero su empeño va más allá: quiere fijar los hechos negro sobre blanco, para comprenderlos y, sobre todo, para que nos iluminen en el presente.
No es un libro neutral —ni lo pretende—. Su objetivo es mucho más noble: poner la historia frente al espejo del presente, para que la izquierda no repitamos los mismos errores y sepamos reconocer también nuestros aciertos. Y, en ese propósito, Tellado logra conmover y enseñar.
Ya desde su portada, el autor deja clara su línea. La fotografía de niños asesinados en los bombardeos del ejército nacional-fascista, que en otro contexto podría considerarse un exceso, aquí se entiende como parte de su objetivo pedagógico. El fascismo no es una moda pop a la que adherirse para ganar presencia en redes sociales: es el peor monstruo al que la humanidad se ha enfrentado jamás.
Y algo que no se puede dejar de lado, este libro está prologado por Antonio Romero, en uno de sus últimos escritos antes de abandonarnos, lo que es un honor tanto para el libro como para el autor. Que la afilada pluma de Romero aparezca en un libro que busca la reivindicación de la memoria es la constatación de la importancia que tiene esta obra.
Frente al pecado de olvidar, él practica la virtud de recordar. Recordar es volver a vivir, es custodiar la memoria de lo vivido, porque solo así podemos avanzar en la Historia.
En esta era de posverdad y ruido, el ejercicio de la memoria es un acto profundamente revolucionario. El pasado nos habla, nos explica el presente y, en cierta forma, nos ayuda a entrever el porvenir.
El libro recorre el “corto siglo XX”, como lo definió Hobsbawm, con mirada serena y lúcida, deteniéndose en los acontecimientos clave que marcaron nuestra historia. Es un trabajo minucioso, casi enciclopédico, pero impregnado de afecto: el cariño puesto en cada búsqueda en los archivos late en cada frase y se hace visible en cada pie de página.
Olvidar es pecado es un acto de amor a la memoria, un testimonio de fidelidad a la lucha, un recordatorio de que sin memoria no hay futuro.
Hay que agradecer a Antonio este esfuerzo minucioso, que abre puertas para que nunca olvidemos, para que la memoria de los vencidos siga presente y nos dé fuerzas para continuar peleando. Porque, si algo queda claro después de leer esta obra, es que la derrota no es más que una etapa en el camino hacia la victoria que, tarde o temprano, será nuestra.







