La historia en bicicleta

El dueño del equipo ciclista de Israel, un magnate canadiense-israelí, presume de ser “embajador de Israel” y está muy “orgulloso de ser sionista”, y el sionismo es un movimiento político, entrañable Perico
Jóvenes portando la bandera palestina protestan por la participación del equipo de Israel durante la etapa de la subida al Angliru (Asturias) en la Vuelta Ciclista a España 2025 | Fuente: @amantes_cycling
Jóvenes portando la bandera palestina protestan por la participación del equipo de Israel durante la etapa de la subida al Angliru (Asturias) en la Vuelta Ciclista a España 2025 | Fuente: @amantes_cycling

“La gente lo hace por un motivo, lo que está pasando actualmente es horrible”.
Jonas Vingegaard (Sobre la solidaridad con Palestina en la Vuelta)

Por supuesto, el bueno de Perico Delgado no es el único personaje público que abraza la antipolítica, esa plaga que nos asola, pero han llamado la atención en el transcurso de la Vuelta Ciclista a España, algunas melonadas que soltó con ocasión de las acciones en protesta por el genocidio palestino. Perico fue un gran corredor y es un relevante comentarista de TVE, siempre presente con su micrófono en las grandes vueltas, atesora desparpajo y una cierta gracia resultona, aunque a lo que se ve también muy desentendida según en qué materias. “Flaco favor hacen al pueblo palestino, con esa actitud por parte de esa gente que quiere hacer daño a personas inocentes y que también quieren la paz en Gaza”, son palabras de Delgado, dijo más cosas y casi en peor tono pero dejémoslo ahí. Claro, se entiende que dentro del concepto “personas inocentes” Perico incluye al dueño del equipo ciclista de Israel, Sylvan Adams, un magnate canadiense-israelí que emplea un pellizco de su fortuna en promover la “marca Israel” a través del deporte. Adams es cercano a Netanyahu, presume de ser “embajador de Israel” y está muy “orgulloso de ser sionista”, y el sionismo es un movimiento político, entrañable Perico. El equipo de Adams no vende electrodomésticos, ni seguros, ni Kas naranja, nada de eso, “sólo” ensalza al Israel manchado de sangre.

Para Ramón Usall, autor del recomendable libro: “Un siglo cuesta arriba: Historia popular y política del ciclismo”, (Editorial Altamarea, 2024), hay que desconfiar de quien te dice que deporte y política nunca deben mezclarse. En realidad, muchas veces, lo que quieren decir es que el deporte no se debe juntar con políticas que cuestionen el statu quo, que es muy distinto. Yo entiendo que, como hecho social total, el deporte tiene unas evidentes derivadas políticas que no se pueden negar y que hay que asumir con naturalidad. ¿O es que alguien puede afirmar, por ejemplo, que la Eurocopa o los Juegos Olímpicos que se celebraron el pasado verano no tuvieron implicaciones políticas?”. El entrecomillado es largo pero aporta visión de conjunto.

La primera edición de la Vuelta a España tuvo lugar en el año 1935: aquella España de la Segunda República. El envite era gordo y muchos los riesgos. No había pasado un año de la represión en Asturias, liderada por el general Franco, ni del órdago de Lluís Companys, proclamando una federación de repúblicas de España. Sí, los riesgos eran muchos, pero el país buscaba su identidad y una vuelta ciclista, siendo el ciclismo deporte de moda, era una fórmula adecuada. Tras el conflicto bélico desencadenado por los sublevados fascistas, la Vuelta tuvo su adaptación a un nuevo tiempo de ricino y chinches, sí, un nuevo tiempo en el que se llegaron a dar casos como el de Julián Berrendero, rey de la montaña del Tour de 1936, quien fue apresado por los vencedores al termino de la guerra, en 1939 y sufrió 18 meses de presidio en diferentes campos de concentración. ¿Quién le mandaría a Berrendero meterse en política, verdad Perico? Sobrevivió no obstante al hambre, a las enfermedades y a los trabajos forzados, y ya en libertad ganó la Vuelta a España de 1941.

Sin duda Perico conocerá la historia de Fausto Coppi y Gino Bartali, protagonistas de una fotografía histórica, en la que a pesar de su rivalidad se pasan una botella de agua en medio de una refriega en el Col du Galibier. En Italia no se ponen de acuerdo quien pasó la botella a quien, quizá sea mejor así. A fin de cuentas, ni para ti ni para mí, en aquel tiempo o eras de Bartali, católico y de derechas; o eras de Coppi, ateo y de izquierdas. Fueron dos ases del ciclismo que, debido a sus triunfos le resultaron muy provechosos a Mussolini, por aquello de la propaganda. Coppi murió a principios de 1960 con tan solo 40 años de edad, después de contraer la malaria en un viaje por el Alto Volta (actual Burkina Faso). En cuanto a Gino Bartali, aunque el Duce convirtió al ciclista en un icono del régimen, durante la guerra fingía que entrenaba, pero en realidad ejercía de correo para una red clandestina organizada por el cardenal Elia Dalla Costa, que ayudó a escapar de la muerte a cientos de judíos amenazados por las leyes raciales y las deportaciones. ¿Te imaginas, Perico, que Bartali hubiese mirado para otro lado?

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.