En este 21 de septiembre declarado por las NN.UU. día internacional de la paz dedicado a fortalecer los ideales de la paz, cuando el aumento del gasto militar esta generando una espiral belicista que esta poniendo en peligro el futuro de la humanidad, todas las personas, desde el Foro Internacional por la Paz, queremos manifestar nuestra repulsa a las guerras, a la carrera de armamentos, al arsenal de armas de destrucción masiva, al aumento exponencial del gasto en armamento y nuestra defensa de un futuro de paz y progreso para la humanidad.
La administración Trump, junto a los países que se han sumado a su política belicista, erosionan el derecho internacional, multiplicando sus acciones de injerencia, provocación, agresión militar y bloqueos económicos contra los pueblos y Estados soberanos. La Cumbre de la OTAN en La Haya que ha aprobado el mayor aumento del gasto militar de su historia confirmó que esta organización sigue siendo una amenaza para la paz mundial.
El genocidio perpetrado por el gobierno israelí contra el pueblo palestino con la colaboración de los EE.UU. y la inacción de la Unión Europea y parte importante de la comunidad occidental, supone la mayor degradación moral de las relaciones internacionales y evidencia el fracaso total del actual sistema de seguridad occidental, incapaz de detener los crímenes del genocidio palestino y la necesidad de poner a disposición de los tribunales internacionales a los responsables directos de ese genocidio.
De manera especial recordamos que el 18 de septiembre de 2024, la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución que exigía a Israel poner fin a su ocupación ilegal de los territorios palestinos en un plazo de doce meses, basándose en un dictamen previo de la Corte Internacional de Justicia. Cumplido ese plazo apoyamos la jornada de acción y movilización que se ha convocado para exigir el cumplimiento de dicha resolución y presionar a los gobiernos para que tomen medidas en caso de ser incumplida por Israel.
De igual forma, la ocupación ilegal del Reino de Marruecos de territorios del Sáhara Occidental, vulnerando las resoluciones de las NN.UU., supone una permanente amenaza para la paz y la permanente obstrucción para que el pueblo saharaui ejerza su derecho a la autodeterminación.
Somos favorables a las distintas iniciativas internacionales para poner fin a la guerra de Ucrania mediante una negociación basada en el derecho internacional.
Las Conferencia de Helsinki, celebrada en 1975 en condiciones de Guerra Fría, nos demuestra que es posible acordar principios de cooperación y coexistencia pacifica, por lo que reivindicamos el Acta Final de esta Conferencia de Helsinki que estableció acuerdos sobre seguridad, cooperación económica, científica y humanitaria, y la Carta de París que en 1990 pone en evidencia que es posible avanzar en el desarrollo de un modelo de seguridad compartida y un proceso de desmilitarización para Europa.
Sin embargo, hoy Europa ha optado por traicionar la búsqueda de la paz, avanzando a marchas forzadas hacia el rearme y la militarización, obedeciendo las órdenes de la OTAN y las exigencias de Estados Unidos de elevar el límite máximo del gasto militar al 5 % del PIB. Esta decisión confirma el deseo de intensificar la austeridad y borrar todos los logros sociales y económicos de los trabajadores europeos, sustituyendo el bienestar por un sistema de guerra, desviando recursos de las escuelas, la sanidad, el transporte y la vivienda para destinar miles de millones al rearme.
Apoyamos la campaña europea «StopRearm Europe», que se opone principalmente a la agenda cultural y mediática que los gobiernos y las élites están desplegando para convencer a todo el mundo de la necesidad de armarse ante un enemigo a sus puertas, en lugar de fomentar la coexistencia pacífica y la justicia económica. Está claro que el rearme también sirve para reforzar el papel neocolonial que los países europeos pretenden desempeñar en el nuevo escenario mundial.
El 80 aniversario del bombardeo atómico de las ciudades de Hiroshima y Nagasaki con su estela de muerte y destrucción, nos plantea que sigue siendo una necesidad tener un mundo libre de armas nucleares, porque no puede haber paz verdadera bajo la amenaza de las armas nucleares.
Responsables ante el peligro que suponen las armas nucleares para la seguridad humana y planetaria, proponemos la consecución de un Tratado Internacional que prohíba y destruya ecológicamente todo el arsenal nuclear.
También pedimos se ponga fin a la guerra que dura más de dos años entre las fuerzas armadas sudanesas (SAF) y las fuerzas paramilitares sudanesas conocidas como “ Fuerzas de apoyo rápido” (RSF) con apoyo regional e internacional, incluso con armas de origen de países occidentales, esta Guerra es otra prueba de que no se hacen esfuerzos sinceros para crear una cultura de paz porque se prefiere mandar armas y fomentar conflictos, aunque sea a costa de provocar otro genocidio.
De la misma manera denunciamos la ocupación de las regiones de Kivu del norte y del sur en la República democrática de Congo por los grupos M23/AFC y los acuerdos propuestos por EE.UU. entre la RDC y Ruanda que revelan cómo los países del occidente dan más importancia a robar recursos naturales en vez de hacer esfuerzos sinceros para crear la paz y la justicia en África.
Conscientes del difícil momento que vivimos, con este llamamiento se quiere dar continuidad práctica a las históricas tradiciones de lucha, unidad y movilización del Movimiento Internacional por la Paz y el Desarme, exigiendo el respeto a la Carta de las Naciones Unidas y al Derecho Internacional, y en consecuencia, la disolución de la OTAN, el cierre de las 800 bases militares que los EE. UU. tienen desplegadas por todo el mundo, el desarme total, el fin de las acciones de injerencia y agresión externa, con especial repulsa a la injusta e ilegal introducción de Cuba en una injusta e ilegal lista de países a los que de forma unilateral se acusa de apoyar el terrorismo.
Denunciamos las nuevas maniobras injerencistas del presidente estadounidense Donald Trump, desplegando una flota militar frente a las costas de Venezuela bajo el falso pretexto de la “lucha contra los cárteles de la droga”, con el que busca legitimar una intervención militar en América Latina y el Caribe, acción bélica, que se suma a otras medidas tomadas contra gobiernos que no se someten a sus intereses, como es el caso también de las medidas arancelarias adoptadas contra Brasil y los ataques del gobierno estadounidense a la Suprema Corte de ese país por los procesos judiciales contra el expresidente Jair Bolsonaro y su conspiración golpista.
Frente a esta realidad que esta poniendo en peligro el futuro de la humanidad, es necesario avanzar hacia un orden mundial basado en el desarme, y una coexistencia pacífica en la que prime la solidaridad y la cooperación internacional, un orden mundial sostenido sobre una arquitectura de seguridad común, basada en el respeto a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, con un carácter multilateral que prime la diplomacia, la justicia social, la igualdad y la sostenibilidad medioambiental y ponga todos los recursos materiales y humanos necesarios al servicio de la solución de los principales problemas de la humanidad: el hambre, la enfermedad, la pobreza, la desigualdad, el caos climático.
Esta Declaración es una defensa de la paz y una denuncia en contra el militarismo en todas sus expresiones, pretende ser una llamada a Gobiernos, Instituciones Internacionales y Organizaciones defensoras de la Paz para que redoblen los esfuerzos por frenar la actual espiral belicista y se sitúen en el lado correcto de la historia, el que defiende la paz, la solidaridad, la vida, frente a la barbarie de la guerra, el militarismo y el colonialismo En esta perspectiva, planteamos que detener la actual escalada bélica, es una responsabilidad de toda la comunidad internacional, por ello este 21 de septiembre formulamos una llamada a luchar por la paz, la democracia, los derechos humanos de todas y todos, y la sostenibilidad medioambiental.







