El pasado mes de abril se cumplieron 45 años del inicio de la huelga de mayor duración en la historia de España. Desde el 12 de abril de 1980 y durante 290 días, un centenar de trabajadores, sus familias y vecinos mantuvieron un paro en la empresa Crimidesa, que explotaba la mina situada en el pequeño pueblo burgalés de Cerezo de Río Tirón, de donde extraían la glauberita, el mineral fuente del sulfato sódico, sustancia empleada en la fabricación industrial de vidrio o detergentes en polvo, entre otras aplicaciones. Coincidiendo con la efeméride, el periodista Manuel González, burgalés de San Pantaleón del Páramo (1960), colaborador, entre otros medios, de Mundo Obrero, ha publicado en la editorial Atrapasueños el libro La huelga más larga, un reportaje extenso que narra, con rigor pero no equidistancia y con base en una amplia documentación, el origen, desarrollo y desenlace del conflicto.
Uno de los episodios más señeros que se vivió durante la huelga fue, tras siete meses de lucha, la marcha a pie de los mineros desde su localidad hasta Madrid, la primera marcha obrera de la democracia. Allí recibieron el cariño y la solidaridad de 80.000 madrileños, entre ellos Marcelino Camacho, quien definió la huelga de Crimidesa como “El Fuenteovejuna de la democracia”.
En el prólogo, Agustín Moreno, que en el momento del conflicto era secretario confederal de Acción Sindical de CC.OO., agradece a Manuel González el relato de esta lucha, “que hay que contar —escribe— porque si no parecerá que no existió”. “Las batallas —añade el dirigente sindical— se libran dos veces, la primera sobre el terreno y la segunda en el recuerdo”.

LA HUELGA MÁS LARGA. La lucha de los trabajadores de Crimidesa, sus familias y los vecinos de Cerezo de Río Tirón llevaron a cabo durante 290 días
Manuel González
Atrapasueños, 2025
MIKEL HERNÁNDEZ: ¿Hay un propósito de saldar una deuda moral y memorialista con la historia reciente del movimiento obrero y sindical en la elección para tu primer libro de este conflicto tan olvidado en apariencia, pese a su larga duración?
MANUEL GONZÁLEZ: El libro es fruto de varios empeños. El de los protagonistas, que han conservado la memoria de la huelga y su documentación como oro en paño; el de Comisiones Obreras, cuyo secretario de Burgos, Juan Núñez, le trasladó esta historia a Joaquín Recio, de la editorial Atrapasueños, con la que yo había colaborado en la edición, entre otros, de una biografía de Paul Robeson, los Apuntes sobre la Historia del Movimiento Obrero, de Marcelino Camacho o el libro con los discursos de Julio Anguita. Es un conflicto que permite ver y analizar el comportamiento de los distintos actores en juego (…empresa, trabajadores, sindicatos, CEOE, Gobierno, medios de comunicación —sólo Mundo Obrero publicó la crónica de los disparos de un guardia civil contra un miembro del comité de huelga—, fuerzas armadas, partidos políticos…)
M.H.: La huelga en Crimidesa surge por algo tan común como las discrepancias en torno a un convenio de mejora de las condiciones salariales y laborales. ¿Qué provocó que escalase a esas proporciones de duración en el tiempo y dureza en los enfrentamientos, con un herido de bala, incluso?
M.G.: Sí. Comenzó con la reivindicación de unas mejoras que apenas significaban un 2% de los beneficios de la empresa, pero la CEOE vio en este conflicto una ocasión propicia para escarmentar a Comisiones Obreras. Y esa es una de la lecciones que se pueden sacar de este conflicto que aparentemente podría considerarse local. Cualquier conflicto sindical está determinado por las fuerzas en juego al más alto nivel (Gobierno, judicatura, ministerios, fuerzas armadas, medios de comunicación).
M.H.: En algún momento señalas también que el carácter o la personalidad de los protagonistas puede determinar para peor el discurrir de los acontecimientos y citas algunos nombres: los hermanos García Gallardo, el director general Javier Plantalamor o Pedro Arriola, años más tarde asesor de José María Aznar y gurú del PP.
M.G.: Creo que la forma de ser fue determinante en el caso de Javier Plantalamor. Estaba acostumbrado a un tipo de relación paternalista con los trabajadores (negociaba los convenios a golpe de cubata en una discoteca) y no aceptaba que estos se hubiesen afiliado mayoritariamente a Comisiones Obreras. Los hermanos García Gallardo eran muy afines al director general. Juan Manuel era el abogado penalista de la empresa y Luis, el director técnico que calificó a los mineros de tener “cien mentes de mosquito”. En el caso de Arriola creo que fue determinante por su frialdad, por estar dispuesto a lo que fuese, incluido mandar disparar a la Guardia Civil, con tal de doblegar la resistencia de los mineros.
M.H.: En aquel momento no había internet, pero narras que los mineros desplegaron una abrumadora labor comunicativa, ¿crees que ganaron el relato, como se dice ahora?
M.G.: Totalmente. Primero, se esforzaron por explicar la huelga en la comarca de la mina y en los medios sindicales y políticos. Este trabajo se amplió a todo el Estado a raíz de la retención de varios directivos en las oficinas de la mina en el séptimo mes de huelga y de ser tachados de “terroristas”. Es impresionante el despliegue de comunicados y actos que desarrollaron el comité de huelga y la secretaría de información de CC.OO. de Burgos.
M.H.: La solidaridad con la que fueron acogidos en Madrid tras la larga marcha a pie hasta la capital, ¿forma parte del triunfo del relato? ¿crees que marcó escuela en futuros conflictos laborales?
M.G.: El director general había ido a la mina con varios camiones para llevarse el mineral que los mineros habían producido en trabajos de mantenimiento, obligados por el Ministerio de Industria a pesar de estar en huelga. Un grupo de trabajadores que lo vio reaccionó encerrándoles en las oficinas. La CEOE y sus medios intentaron presentar como terroristas a los trabajadores y estos respondieron organizando una marcha a pie hasta Madrid, que fue pionera y que les granjeó el cariño de la opinión pública. En Madrid fueron recibidos por ochenta mil personas, una de la manifestaciones más numerosas en esos años llamados del “descontento”.
M.H.: La huelga tuvo un final no del todo satisfactorio para las pretensiones de los trabajadores. ¿Aun así se puede considerar que el balance fue de avance para ellos y para el conjunto del movimiento obrero y sindical?
M.G.: A primer golpe de vista se podría pensar que los trabajadores fueron por lana y salieron trasquilados. Tras diez meses de sacrificios, no consiguieron las reivindicaciones salariales y sociales y tuvieron que aceptar cinco despidos. Sin embargo, hay otro balance con otras cuentas. En primer lugar, las pérdidas de la empresa, que en esos diez meses dejó de ganar 200 millones de pesetas, sin contar que los diez meses de huelga abrieron la puerta a la implantación de empresas de la competencia. En segundo lugar, el coste en imagen para la empresa y, sobre todo, para la CEOE. Resumiendo, la empresa salió tan malparada o más que los trabajadores.
La suerte de la huelga la decidió la intervención de la Guardia Civil protegiendo la salida del mineral y disparando contra un miembro del comité de huelga. Sacar a la venta el mineral significaba quitar a los trabajadores su principal arma de presión. Además, tenían la espada de Damocles de los acusados por la retención de los directivos. El acuerdo que puso fin a la huelga incluía sotto voce el compromiso de la empresa, que estaba personada como acusación particular, de no pedir penas superiores a las que solicitase la fiscalía, que llegó a pedir un total de 52 años de cárcel para los diez acusados.
La huelga tuvo más consecuencias. En octubre de 1982, el Tribunal Central de Trabajo sentenció que los trabajos de mantenimiento que habían provocado los despidos de treinta trabajadores eran ilegales. Esto significaba que la empresa no podía volver a recurrir a imponer trabajos de mantenimiento abusivos para desactivar una huelga. Además, en el juicio penal sobre las retenciones de los directivos, que se celebró en febrero de 1983, los acusados salieron sin penas de cárcel. En realidad, fueron la empresa y la Administración los que se sentaron en el banquillo. Resultado de todo ello fue que nada más concluir el juicio, la empresa y los trabajadores firmaron un convenio prácticamente idéntico al que había originado la huelga.
M.H.: ¿Qué enseñanza se puede extraer de aquel conflicto?
M.G.: Creo que la enseñanza fundamental es que con unidad, organización y solidaridad un centenar de trabajadores que habían sido elegidos como víctimas facilonas tuvieron en vilo durante diez meses a los principales poderes de este país. Y, al final, en unos años, consiguiendo uno de los convenios con mejores condiciones salariales y laborales de Burgos.







