“No. No dejan ver lo que escribo
porque escribo lo que veo”. Blas de Otero
El Club de Amigos de la Unesco de Madrid (CAUM), uno de los centros de resistencia cultural más importante de España, se apresta a cumplir 65 añitos. Fue el 15 de marzo de 1961 cuando se aprobaron los estatutos de la entidad y así quedó inscrita en el Registro de Asociaciones, aunque en realidad no empezó a realizar actividades regulares hasta 1963, siendo el primer acto una conferencia de Jorge Luis Borges. Desde su fundación el CAUM ha sufrido todo tipo de persecuciones, cierres, suspensiones y censuras, incluso ataques terroristas de la ultraderecha en plena dictadura. Ya desde la Transición hasta hoy tampoco ha sido un camino de rosas, pues ha tenido que enfrentarse al olvido de los poderes públicos y a los cambios de una sociedad alienada e insolidaria.
En esta nueva etapa que será inaugurada durante los meses venideros el CAUM afronta un nuevo ciclo vital, renovado de aliento y energía con un despliegue de actividades heredera de su ejemplar trayectoria, pero reforzada en cuanto a la intensidad y altura de sus charlas, debates, exposiciones, ciclos de cine y presentaciones como las ya anunciadas, entre las que anticipa un éxito seguro «El hombre que amaba a los perros», de Leonardo Padura; «La península de las casas vacías», de David Uclés o «Las malas», de Camila Sosa, es decir, podremos asistir a la puesta en escena del fenómeno literario del año. Y es tan solo un ejemplo. (Ver programación https://caum.es/)
Constituido para impulsar los valores de la UNESCO, organismo especializado de Naciones Unidad para contribuir a la paz y la solidaridad intelectual mediante la educación, la ciencia, la cultura, el CAUM inicialmente nucleó una organización heterogénea, con algunas personalidades próximas al régimen franquista y con una concepción elitista de la cultura, esa era la posición representada por gentes como Juan José López Ibor y Luis Rosales, pero también había otros socios más jóvenes y partidarios de una función más activa de la cultura. Se generó un debate interno entre estos dos sectores, finalmente resuelto con la dimisión del Comité Ejecutivo en diciembre de 1963 y la formación de uno nuevo que incorporaba perfiles más militantes, con la presidencia de Rafael Taibo. Muchos de los socios del CAUM en esta etapa eran miembros del Partido Comunista de España (PCE), así Antonio Ferres o Armando López Salinas, a pesar de lo cual la asociación debió guardar las apariencias y mostrar una cordialidad formal con el régimen. En 1964 estableció su sede a la calle Tirso de Molina. En septiembre de 2020 cambió a la que es su actual ubicación en la calle San Bernardo, Nº 20.
En los tiempos de la dictadura, el Club repartió más de dos millones de ejemplares de la Declaración Universal de los Derechos Humanos
El CAUM durante todos estos años no ha dejado de expresarse como una asociación dedicada a promover la cultura popular, la educación y el pensamiento crítico, a la defensa de las libertades, la justicia y la paz. La esencia de su lucha se fundamenta en la aplicación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, principal origen ideológico del Club. Pocas instituciones similares han alcanzado esta longevidad, pese a las muchas dificultades que ha tenido que atravesar, dificultades de todo tipo que hoy persisten en medio de la involución política y social que nos rodea.
Aclarado su rumbo en la etapa fundacional pronto acudieron a la entidad un auténtico aluvión de socios. Comenzó entonces una actividad enormemente dinámica, con actos, conferencias, cursillos y seminarios sobre los más diversos temas y con los más reconocidos especialistas del momento, películas, teatro, recitales y numerosas actividades culturales, además de publicaciones. En el campo de la edición el esfuerzo constante de la entidad ha hecho posible la publicación a través de los años de miles de folletos y libros, cabe mencionar que en los tiempos de la dictadura solo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Club llegó a repartir más de dos millones de ejemplares.
Parece mentira, pero hoy quizá no estemos tan lejos de aquellos tiempos oscuros, en las luchas actuales y en las que sin duda habrán de llegar, la trinchera representada históricamente por el CAUM se hace imprescindible. Fue un punto de encuentro para intelectuales, artistas, pensadores, pedagogos, científicos, etc., que encontraron en los ideales de los Derechos Humanos una manera de lucha contra la dictadura y por la libertad. Hoy, lo vemos en Gaza, la lucha continúa, nadie está a salvo. ¡Larga vida al CAUM!








