La masacre de la valla de Melilla

Detrás de cada migrante muerto hay una biografía. Hay infancia, hay amor, hay cultura, hay lucha. Los jóvenes africanos muertos venían en busca de un futuro mejor.
LOS NADIE Sergio Illescas, Mario-Paul Martínez, Shiroug Idris, Eusebio Nsue, Gabriel Castillo, Zainab Fasiki y Frank Xarate Dolmen ediciones, 2025
LOS NADIE
Sergio Illescas, Mario-Paul Martínez, Shiroug Idris,
Eusebio Nsue, Gabriel Castillo, Zainab Fasiki
y Frank Xarate
Dolmen ediciones, 2025

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
Eduardo Galeano

No se puede decir que el periodismo viva en la actualidad uno de sus momentos más gloriosos: demasiado presionado por los conglomerados económicos que dominan los medios convencionales, debilitado por la reducción continua de plantillas y víctima colateral de la irrupción masiva de las nuevas tecnologías en el modelo de producción. Sin embargo, en medio de un panorama tan desolador, todavía destaca más, por su rareza, un comportamiento personal rabiosamente anclado en la defensa de los valores deontológicos de la profesión.

Este es el caso de Sergio Illescas, un reportero de La Sexta Noticias al que la masacre en la valla de Melilla, acontecida el 24 de junio de 2022, le encontró trabajando en su redacción. Tan solo veinte días después, Illescas viajó a Melilla, en el contexto de una estancia de voluntariado, para dar comienzo a su proyecto de investigación sobre las personas que se encontraban detrás de los números. Desde España sabíamos que hubo al menos treinta muertos, que permanecían setenta desaparecidos, pero éramos incapaces de poner rostro a la tragedia.

A los migrantes que tratan de cruzar a España desde Marruecos, cuando mueren los entierran en el cementerio de Nador con una piedra y un número. Sin nombre

Después de una conversación mantenida en Melilla con el también periodista Javier Angosto, Illescas decidió enfocar su pesquisa en lo que hay detrás de esas tumbas anónimas ubicadas en territorio marroquí. Según sus propias palabras: «A los migrantes que tratan de cruzar a España desde Marruecos, tanto por mar como por la valla, cuando mueren los entierran en el cementerio de Nador con una piedra, un número y un símbolo según sean hombre o mujer. Pero sin nombre ni apellidos. Eso es muy grave: que ni siquiera se les dignifique cuando mueren, que ni siquiera tengan sus familiares un lugar donde llorarlos. Es muy grave que les tratemos como números, cuando detrás de los números hay personas con una historia, una personalidad».

A su vuelta a Madrid, el material recopilado por Illescas sirvió para dar cuerpo enLa Sexta al reportaje multimedia “Los nadie”. No obstante, el periodista alicantino consideró necesario llevar esta historia a otro nivel, por lo que, junto al artista gráfico y cineasta Mario-Paul Martínez, una vez descartada la idea de realizar un documental, decidió trasladarla al ámbito del cómic.

El libro se estructura en dos partes claramente diferenciadas: el relato del proceso de investigación periodística, ilustrado en blanco y negro por Martínez, y las historias de cinco de las personas asesinadas en la valla, dibujadas a todo color por parte de cinco artistas afrodescendientes. Como ha señalado Pablo D. Santonja, en un artículo publicado en Nueva Tribuna, esta elección tiene un claro propósito: «La obra tiene una estructura visual potente y profundamente simbólica. Mientras que los episodios relacionados con la tragedia se dibujan en blanco y negro, con un trazo duro, sombrío, a menudo opresivo, las partes que narran la vida anterior de los protagonistas se presentan a todo color, como una forma visual de devolverles la vitalidad, la riqueza, la individualidad y la dignidad que les fue arrebatada en la frontera. Este contraste gráfico no es un mero recurso estilístico, sino un manifiesto narrativo: detrás de cada migrante muerto hay una biografía. Hay infancia, hay amor, hay cultura, hay lucha».

Además, Juan Antonio Mejías, desde Cuántica Gráfica, ha señalado que: «El trabajo de Illescas y Martínez es también el de la escucha. No hay arrogancia en su enfoque. No hay un discurso paternalista ni esteticismo vacío. Lo que hay es humildad periodística, curiosidad ética y una necesidad urgente de justicia».

De esta manera, reviviremos los pasos de Mohamed desde su Chad natal hasta la frontera española, gracias a los dibujos del ecuatoguineano Eusebio Nsue. La historia del sudanés Hanin lleva la firma de la feminista marroquí Zainab Fasiki. También desde Sudán intentó el salto de la valla Bishara, cuya memoria es preservada por su compatriota Shiroug Idris. Desde otro continente, el dominicano Gabriel Castillo recupera el infortunado periplo del sudanés Myasar. Por último, el colombiano Frank Xarate se ocupa de Anwar, que vio cómo su sueño de ayudar a una madre enferma en Sudán se desvanecía a las puertas de la fortaleza europea.

«Los nadie se convierte en un acto de resistencia cultural. De reparación simbólica. De memoria colectiva», de nuevo en palabras de Santonja. Antonio Romero, unos días después de la masacre de Melilla, publicaba en las páginas de Mundo Obrero este encendido alegato: «Los jóvenes africanos muertos en la frontera no eran terroristas, ni portaban armas de fuego, venían en busca de un futuro mejor». Los nadie vienen a recordarnos esta verdad tan evidente, pero a la vez tan omitida, de manera que no podamos desviar la mirada ni caer en la tentación del olvido.

(*) Autor de «Víctor Mora. Con acento francés» (ACyT Ediciones, 2023);
ex coordinador general de Izquierda Unida de Aragón

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