La elección de Juanfran Pérez Llorca como candidato para sustituir a Carlos Mazón al frente de la Generalitat Valenciana ha evidenciado las tensiones internas en el Partido Popular y el peso que Vox mantiene en la política valenciana. El portavoz del PP en Les Corts y secretario general de la formación en la Comunitat era el nombre preferido por el partido de extrema derecha, que había urgido públicamente a los populares a “aclararse” antes de avanzar en las negociaciones.
Pérez Llorca, mano derecha de Mazón y alcalde de Finestrat, negó hasta el último momento haber recibido comunicación alguna sobre su candidatura. Sin embargo, su designación se produjo finalmente tras días de conversaciones entre la dirección autonómica y la nacional del PP, en los que Vox mantuvo la presión reclamando un interlocutor claro para continuar con los acuerdos.
Su figura está ligada al pacto exprés que permitió la investidura de Mazón en 2023 con el apoyo de Vox, un movimiento que la dirección nacional del PP consideró precipitado y que atribuye en parte al desgaste sufrido por el partido en las elecciones generales posteriores. Ese acuerdo generó recelos en la cúpula de Alberto Núñez Feijóo, que veía con preocupación el acercamiento de la dirección valenciana a la formación de Santiago Abascal.
La sucesión de Mazón, tras su dimisión, ha derivado así en una pugna entre distintas sensibilidades dentro del PP. Parte de la dirección nacional prefería a la alcaldesa de València, María José Catalá, que también gobierna con Vox pero mantiene una imagen más moderada. Mientras, otros sectores impulsaron a Vicente Mompó, presidente de la Diputación de Valencia, cuyo nombre llegó a filtrarse, provocando malestar en Madrid.
El retraso en anunciar al candidato se interpretaba como señal de discrepancias internas. La reunión de Pérez Llorca con los líderes provinciales, en la que se discutieron posibles alternativas, tensó aún más la relación entre Génova y la dirección autonómica. La incertidumbre se prolongó durante una semana, un periodo considerado excesivo para un relevo que debía presentarse como ordenado.
Finalmente, con la candidatura confirmada, el PP valenciano retomará las negociaciones con Vox. La formación ultra insiste en que “los nombres no importan”, pero ha dejado claro que solo avanzará si el futuro presidente se compromete a cumplir los acuerdos ya firmados. En paralelo, las encuestas reflejan que el apoyo de Vox continúa creciendo a costa del desgaste del PP.
Pérez Llorca afronta ahora el reto de recomponer la cohesión interna del partido y encarar una legislatura marcada por la dependencia parlamentaria de Vox y por una oposición que observa el proceso como reflejo de una dirección dividida.







