Presidenta de Movimiento Democrático de Mujeres de España

Cristina Simó: «Cuando los derechos de las mujeres retroceden, toda la humanidad camina hacia el abismo»

La FDIM tiene la responsabilidad histórica de ser la conciencia feminista-anticapitalista del mundo.
Cristina Simó en la pasada edición de la Fiesta PCE, septiembre 2025 | PCE
Cristina Simó en la pasada edición de la Fiesta PCE, septiembre 2025 | PCE

Con motivo de la celebración del Comité Mundial de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM) en La Habana (27 de noviembre – 1 diciembre), donde se conmemorará su 80 aniversario, conversamos con Cristina Simó, presidenta del Movimiento Democrático de Mujeres, organización que forma parte de la FDIM.

MARGA SANZ: La FDIM nació hace 80 años con carácter antifascista. ¿Cómo surgió y quién la conformaba?

CRISTINA SIMÓ: Sí, efectivamente. La FDIM se fundó en 1945 tras la Segunda Guerra Mundial por la unidad de mujeres que habían luchado en la resistencia antifascista. Su objetivo era convertir la victoria aliada en una paz duradera y luchar por los derechos de las mujeres. La conformaban heroínas de la resistencia europea, dirigentes de izquierdas y organizaciones femeninas de los nuevos países socialistas. Entre sus fundadoras destacaban la científica francesa Eugénie Cotton, primera presidenta; Marie-Claude Vaillant-Couturier, superviviente de Auschwitz; y la dirigente comunista española Dolores Ibárruri, “La Pasionaria”.

M.G.: Durante la Guerra Fría, el FBI acusó a la FDIM de ser una organización comunista. ¿Cómo ha evolucionado en estos 80 años?

C.S.: Sí, el FBI la clasificó como “organización de fachada comunista”, lo que generó persecución en varios países. Su historia tiene tres etapas clave: la fundación con carácter antifascista; el periodo de Guerra Fría con alineamiento socialista; y la reestructuración tras la caída del Muro de Berlín, trasladando su sede a Brasil y luego a El Salvador. Actualmente enfrenta dificultades por la persecución judicial contra nuestra presidenta, Lorena Peña, por el gobierno de Bukele, lo que la ha obligado a ejercer su liderazgo desde el exilio en Honduras.

Entre sus hitos destacan su estatus consultivo en la ONU desde 1967, su papel en luchas de liberación nacional y su labor como red de solidaridad para mujeres bajo dictaduras. Hoy mantiene una oposición frontal a la OTAN, denuncia el genocidio en Palestina y exige el fin de los bloqueos a Cuba y Venezuela».

M.G.: ¿Cómo valora el avance de la extrema derecha y la involución de los derechos de la mujer?

C.S.: Lo valoramos como una amenaza global. Su ideología misógina nos considera seres inferiores y su economía de guerra atenta contra la vida. Frente a esto, proponemos un mundo multilateral que priorice el bienestar de las personas sobre los intereses de mercado. La unidad de las mujeres es imprescindible, no somos un colectivo, somos la mitad de la población y tenemos la responsabilidad de defender nuestro futuro.

M.G.: El último Congreso fue en Venezuela. ¿Por qué allí?

C.S.: Fue una decisión política y simbólica en el contexto de bloqueo económico. Elegimos Venezuela porque nos ofrecía confianza y seguridad, contrario a la imagen distorsionada que difunden los medios. Su arquitectura jurídica feminista, desde la Constitución de 1999 hasta programas como CrediMujer —con 90.000 créditos a emprendedoras— y los 260.000 comités de mujeres organizadas, demuestran una democracia real liderada por mujeres. Convertimos el Congreso en altavoz para desmontar la mentira mediática.

M.G.: ¿Qué trabajo realizan con las mujeres palestinas?

C.S.: Estamos organizando un Tribunal Internacional de Conciencia para escuchar y visibilizar la verdad de las víctimas civiles. Contaremos con testimonios de afectadas, entidades jurídicas, movimientos sociales y profesionales. Reconocemos que supera nuestras posibilidades económicas, pero no desistiremos. Apelamos a la solidaridad internacional para hacer posible esta iniciativa crucial que desafía la impunidad del genocidio palestino.

M.G.: Como organismo asesor de la ONU, ¿cómo trabajan allí?

C.S.: Ejercemos vigilancia activa y llevamos la voz de las mujeres del mundo. Nuestro trabajo se centra en tres ejes: denuncia sistémica de violaciones de derechos humanos; incidencia en las causas estructurales de la opresión (imperialismo, neocolonialismo y patriarcado capitalista); y coordinación con movimientos sociales y países progresistas para desmontar la hipocresía occidental. Trabajamos en la ONU como terreno de lucha, no de consenso.

M.G.: ¿Cuáles son los objetivos prioritarios de la FDIM hoy?

C.S.: En el próximo Comité Mundial en La Habana evaluaremos y actualizaremos objetivos, pero las prioridades actuales incluyen: denunciar y exigir la retirada del bloqueo a Cuba; defender la soberanía de Venezuela; denunciar prácticas antidemocráticas de gobiernos como los de Bukele o Boluarte; exigir el fin del genocidio en Palestina; apoyar las luchas de liberación del Sáhara Occidental y Chipre; y combatir el fascismo como amenaza global.

Personalmente, creo que debemos concentrarnos en cinco objetivos estratégicos: primero, promover la unidad de las mujeres frente a la extrema derecha, por la paz y contra el militarismo; segundo, desmantelar la arquitectura de la desigualdad económica utilizando los recursos que financian el rearme; tercero, blindar el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y nuestra sexualidad; cuarto, tejer alianzas entre luchas locales y agenda global; quinto, ser altavoz de la verdad silenciada por el cerco mediático a Cuba, Venezuela, el Sáhara, hasta Palestina. La FDIM tiene la responsabilidad histórica de ser la conciencia feminista-anticapitalista del mundo».

La FDIM mantiene su compromiso con el internacionalismo y la solidaridad entre pueblos como camino hacia un mundo más justo, multilateral, recordando que cuando los derechos de las mujeres retroceden, toda la humanidad camina hacia el abismo.

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