El 7 de septiembre de 2000 se inauguró, en el corazón de Madrid, el Bar Asociación Cultural Yemayá, asumido de inmediato como punto de encuentro, cuartel general y refugio por la nostálgica y variopinta diáspora cultural cubana, bautizado como El mar en Madrid. Pero, ¿quién realizó la proeza geográfica y cultural de traer el mar a la meseta castellana? Pilar Zumel. También conocida como Pilar Yemayá”. Con estos apuntes y la música de Flor de Agua de Gema y Pavel, cantando a Yemayá, comienza el documental El mar en Madrid, dirigido por el actor y realizador cubano Vladimir Cruz.
La película cuenta la historia del ya mítico Yemayá, de quienes le llenaron de vida, y de su creadora, Pilar Zumel, la mujer que hizo una pequeña Cuba en un bar del corazón de Madrid.
La embajada de Cuba en España quiso reconocer su trabajo proyectando la película en su salón de actos el pasado viernes 6 de febrero. En la presentación, Vladimir Cruz habló largo de la labor de Pilar como artífice de toda aquella red hispano-cubana que tejió en Madrid; “impresionante”, resumió. Muchas voces, dentro y fuera del documental, la consideran la “embajadora cultural de Cuba” en Madrid, y su bar “la casa de los cubanos en Madrid”. Por un día, Pilar, la militante incombustible de base, la que nunca está —ni gusta estar— delante de los focos, se convirtió en la protagonista homenajeada por su gente.
Para acercarnos al origen de este documental hay que retroceder en el tiempo. Hasta 1994. Vladimir Cruz era un joven actor que interpretaba al estudiante David en la película Fresa y chocolate. el largometraje de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío que ganó el Goya a la mejor película extranjera de habla hispana en 1994. Cuando Vladimir llegó a España para recibir el premio le preguntaron: ¿Pero tú no conoces a Pilar Zumel? La conoció, y desde entonces no ha dejado de frecuentar su casa.
Aún no existía el Yemayá, pero el piso de Pilar ya era un trajín de amigos y artistas cubanos entrando y saliendo. “Los domingos mi casa era una fiesta”, sonríe Pilar. Siempre había comida para todos. Así que un día Vladimir le sugirió que en lugar de reunirse en su casa montara un bar y se juntaran allí. Y un 7 de septiembre —el día en que Cuba festeja a la diosa del mar, Yemayá—, hace 26 años, nació el primer Yemayá, en la calle Reina, al lado de Gran Vía. Cerró en 2005 pero sólo tardó dos años en volver a resurgir, esta vez en una antigua lechería de la calle Calatrava, en el barrio de La Latina.
Yemayá era una fiesta continua, un mestizaje de cubanas/os y madrileñas/os llegados de todas partes. Gema y Pavel, junto a Habana Abierta, fueron los primeros que empezaron a frecuentar el bar y a atraer a más gente. Ya había una relación de amistad antes de abrir el bar.
La musicógrafa Rosa Marquetti remarca la importancia de lo que supuso Yemayá para contar la historia de los artistas cubanos que emigraban y traían lo mejor que se estaba haciendo de la música cubana de autor. Pronto se convirtió en centro de referencia y visita de culto para los cubanos que aterrizaban en Madrid. Cuando Vicente Feliú vino a España también tocó en el Yemayá: “El único que faltaba era yo, porque tooodo Cuba había pasado por aquí ya”, dijo. Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Luis Eduardo Aute, Sara Gonzalez, Santiago Feliu, Orlis Pineda… muchos fueron los que tocaron allí. El Yemayá acogió más de 1.500 conciertos. Pero no sólo estaba abierto a la música. También hubo teatro: un centenar de obras. Y exposiciones: más de 150 artistas plásticos vistieron las paredes del Yemayá. Creó hasta un espacio de ajedrez, y lo llamó “Los amigos de Capablanca en Madrid”.
Pilar es “una fábrica de ilusión”, como se reconoce ella, “contagiosa” añaden quienes la conocen. Luis Eduardo Aute no pudo resistirse a participar en otra de sus iniciativas: el Certamen de Cantautores Rosas en el Mar. Zumel ampliaba el campo cultural con un festival de cortos inspirado en el Cine Pobre del Festival de Humberto Solás en Gibara. Lo llamó “A lo cortico” y celebró cinco ediciones, con más de 1.300 cortos presentados. Tenía un jurado de lujo al que Pilar pagaba con arroz con bogavante cocinado con mucho amor. Bromeaba alguien con que si la Seguridad Social funcionara igual que el Yemayá, no habría problemas de salud.
Cuentan que Yemayá, la diosa del mar y madre de todos los Orishas, se distingue por un carácter fuerte y decidido, a veces temperamental. Pero también es protectora, afectuosa, comprometida. Noble. Y esa es Pilar Yemayá: un mar inmenso de olas caribeñas, y una infinita sonrisa como horizonte. Ojos como soles, unos brazos siempre abiertos, y una playa refugio con la bandera de Cuba. Pilar es también parte del Rincón Cubano en la Fiesta del PCE, con Miguelón a la cabeza y toda la cuadrilla que le da candela, una Pilar que igual amasa tamales que solidaridad. Amasa la vida misma y, ya sin Yemayá, sigue tejiendo. Desde hace año y medio es la responsable de Los viernes culturales del Pasillo Verde Ferroviario, en la calle Martín de Vargas 46, sede del Partido Comunista de Madrid, con una agenda semanal que ya quisieran para sí muchos centros culturales gestionados con fondos públicos.
Pilar es, además, hija del miliciano que aparece en la película “Pasionaria”, estrenada el pasado año por Amparo Climent.
Perseverancia, unida a trabajo de hormiga… atómica, y un enorme corazón que comparte con Cuba. “Para mí Cuba es lo más importante de mi vida, con mis hijas”. Desde pequeña, tras ver un anuncio en el periódico que compraba su padre, se empezó a cartear con niñas y niños de su edad en Cuba. Tardó muchísimos años en visitar la isla: lo hizo en 2004, de la mano de Vladimir Cruz, para asistir a su boda. Temía dos cosas: o desilusionarse o quedarse allí a vivir. No pasó ninguna de las dos. Regresó encantada y reafirmada en un objetivo: “Yo quería que la gente conociera la cultura cubana”. Y lo hizo a conciencia en el Yemayá.
El documental de Vladimir es un abrazo de vuelta de toda la gente que habitaron aquel espacio. Julio Fowler cantó a la gran amiga de aquellos artistas: Un son para Pilar, lo llamó, escrito para “la más caribeña de España” la dueña de aquel bar que era “un pedazo de Cuba” donde la gente “encontró una mano tendida, un abrazo tendido, amor… una diosa orisha en Madrid, una enamorada de ti y de mí” …. “El Yemayá tiene cosas que no las tiene La Habana”.
Para el músico Orlís Pineda, el Yemayá “Es la casa de los artistas cubanos y no cubanos”. Roberto San Martín lo definía como “el único lugar en Madrid donde entras y estás en La Habana. No es un bar cubano, es Cuba dentro de Madrid”. Y Pedro Zerolo lo señaló como “un lugar de referencia de la diversidad de Madrid”.
El Yemayá dejó historia, muchas memorias que perviven en quienes lo habitaron y la añoran. Dejó un silencio y sobre todo el deseo de recuperar ese espacio de Cuba en Madrid. ¿Un tercer Yemayá?
Pero también ha dejado este documental, El mar en Madrid que se presentó en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. Lamenta Vladimir Cruz que no existieran smartphone en aquellos años para disponer de más material audiovisual, lo que hace que no estén todos los que fueron, pero permite que quienes no lo llegaron a conocer puedan acercarse a aquel bar de Pilar y vivir durante un ratico ese rincón de Cuba en Madrid.







