Armadores, ¡cuidado con Trump y sus dichos sobre el Estrecho de Ormuz!

Trump sabe que es absolutamente imposible que sus barcos de la Armada, que él asegura custodiarían a los tanqueros, puedan cumplir ese objetivo sin ser dañados o hundidos.
Misiles Irán
Fuente: @irna_es

Los armadores, agentes marítimos y transportadores usuarios del golfo Pérsico obligados a cruzar por el Estrecho de Ormuz, deben tomar con la máxima discreción y recelo los dichos del presidente Donald Trump de que «si es necesario, la Armada de EE.UU. comenzará lo antes posible a escoltar a los petroleros” a través de esa angostura marítima.

Pase lo que pase, garantizaré el libre flujo de energía al mundo», escribió en su cuenta de Truth Social.

En eso que dijo no confía ni el sursuncorda de la ingenuidad cuando se trata, ni más ni menos, de la garganta de unos pocos kilómetros de ancho por la que fluye el 25 por ciento del petróleo que el mundo consume, y por lo tanto el lugar más resguardado militarmente cotidianamente, y muy en especial cuando el país que lo domina es atacado por dos enemigos poderosos que ambicionan su control.

Significa que, si fuera cierto lo que ha dicho Trump, el fondo marino del golfo se podría tapizar de chatarra y de cadáveres, porque Estados Unidos e Israel lo convertirían en el epicentro de su agresión, y los iraníes en su frente principal en la defensa de su soberanía. La batalla de Leningrado sería un videojuego ante lo que pueda suceder allí.

Lo más aconsejable para los armadores y demás empresarios, es respetar la decisión iraní de cerrar el paso marítimo

De modo que lo más aconsejable para los armadores y demás empresarios, es respetar la decisión iraní de cerrar el paso marítimo porque, aun en el hipotético caso de que el campo de batalla no se traslade a esa cinta costera, estará cundida de drones, cohetes, obuses y metralla en general, y será imposible que algún buque, por mucha coraza de acero que tenga, salga del estrecho sin averías graves ni bajas en su tripulación.

Trump sabe, además, que es absolutamente imposible que sus barcos de la Armada que él asegura custodiarían a los tanqueros, puedan cumplir ese objetivo sin ser dañados o hundidos, pero es capaz de mentir con absoluta tranquilidad, como si los destinatarios de su mensaje se chuparan el dedo.

Pero es contradictorio, porque al mismo tiempo de lanzar su falso compromiso, admite que ordenó a la Corporación Financiera de Desarrollo de Estados Unidos (DFC) que «proporcione, a un precio muy razonable, seguros contra riesgos políticos y garantías para la seguridad financiera de todo el comercio marítimo, especialmente el energético, que transite por el golfo», el cual «estará disponible para todas las compañías navieras».

En otras palabras, ya adelanta lo que va a ocurrir. El armero que lo crea, por muy tonto o muy pro yanqui que sea, podría enviar sus tanqueros a cargar combustible —si es que queda todavía algún país del golfo refinando o extrayendo crudo—, seguramente pedirá un aseguramiento del triple del valor del barco y de la carga, y de la tripulación, si es que alguno de sus marineros esté tan desesperado para cambiar su vida por dinero.

El mundo bursátil, con su proverbial pragmatismo, es mucho más real, y ya mueve todas las fichas de su gran tablero para reajustar su terreno y adaptarlo a la descomunal alza de los precios del crudo, el gas y los combustibles fósiles, cuyas evidencias bajan del Oriente Medio como un alud que puede sepultar a muchas divisas, incluido el dólar estadounidense que ya no es ni petrodólar, ni omnipresente.

Podemos ver el asunto desde otro ángulo, el militar. Para Irán le es muy fácil reforzar al máximo el estrecho de Ormuz en sus dos riberas, y para ello contará con el apoyo militar de China y la India, y al menos la abstención de Japón y Corea del Sur de apoyar a los agresores, porque son los principales compradores del crudo en la región, la cual es teatro de sus principales maniobras militares.

Es muy difícil, o demasiado jactancioso, creer que la Armada estadounidense puede desafiar con éxito sin tener pérdidas y, además, no las pueda ocultar como están haciendo ahora con los probables cientos de bajas que el Pentágono ya ha tenido en menos de 72 horas

Es muy difícil, o demasiado jactancioso, creer que la Armada estadounidense puede desafiar con éxito sin tener pérdidas —que pudieran resultar definitivas— y, además, no las pueda ocultar como están haciendo ahora con los probables cientos de bajas que el Pentágono ya ha tenido en menos de 72 horas y cuyos familiares en Estados Unidos todavía no se han enterado porque han preferido mentir y seguir con el discurso para los idiotas de seis bajas en un conflicto bélico de tal envergadura, y con ataques efectivos a 27 bases militares, 12 de ellas ciento por ciento estadounidenses y el resto asociados con los ejércitos nacionales.

Se calcula que en ellas hay destacados más de 55 mil soldados, miles de ellos presentes en los momentos en que fueron atacadas con los poderosos cohetes iraníes porque no hubo tiempo ni capacidad de alojamiento en hoteles y otros lugares de evacuación previa.

Jamás Trump, Pete Hedge, su vasallo del Departamento de Estado, Marco Rubio, los más altos oficiales del Comando Central, los millonarios y los líderes neofascistas del congreso, van a admitir y revelar las bajas reales. Pero no las podrán ocultar cuando los familiares comiencen a extrañar la ausencia de cartas o de comunicación personal con sus hijos destacados en el Oriente Medio.

Desgraciadamente, ya deben de estar con los nervios disparados por las listas de soldados estadounidenses muertos que están apareciendo en las redes sociales, cuyas cifras van camino al millar y en ellas se incluyen ocho generales, derribo de más de 20 aviones de gran poder y costo como los F-35 y los F-22, 14 bases destruidas entre propias y mixtas, aniquilación de costosísimos radares, como el de Katar considerado el más valioso del mundo, y hasta el hundimiento o desaparición de portaviones Abraham Lincoln valorado en 12 mil millones de dólares, más daños a embajadas por mil 200 millones de dólares.

Pero beneficiemos con la duda a Trump y pensemos que en un arranque suicida mande a sus fragatas, acorazados, submarinos y miles de drones a tomar por asalto el estrecho, e incluso que lo logre.

¿Volverá a ser transitable? ¿sus usuarios enviarán barcos cargados de mercancías ante tremendo riesgo? ¿se restablecerá la confianza de los armadores de tanqueros? ¿China, la India e incluso Japón y Corea del Sur se quedarán de brazos cruzados? Bueno, las posibilidades son mínimas, por no decir nulas, de que eso suceda.

A Trump la aventura de Irán le ha salido mal. Sus estrategas dieron por sentado que la Operación Furia Épica sería en el peor de los escenarios de 48 horas

Lo que pasa es que a Trump la aventura de Irán le ha salido mal. Sus estrategas dieron por sentado que la Operación Furia Épica sería en el peor de los escenarios de 48 horas en las cuales se cumpliría el asesinato del ayatolá Khamenei y el descabezamiento de la revolución islámica con mínimo riesgos al igual que en Venezuela, y sobrevendría por sí sola la rendición.

Pensaron que la aventura iraní sería el salvavidas para impedir que las elecciones intermedias en Estados Unidos se realizaran, incluso hasta fracasando en su intento de aniquilar el liderato islámico, y que Trump no sería expulsado de la Casa Blanca y remitido a los tribunales penales civiles.

Pero la respuesta iraní, y el resultado inversamente proporcional a la reacción del pueblo persa que esperaba a su favor y en beneficio de Israel, los dejó fuera de situación, al extremo de que han tenido que desdecirse y confesar que la duración del conflicto se extenderá más allá de lo planeado, al igual que los cálculos de bajas que ahora admiten serán muchas, aunque todavía mantienen el falso discurso de que están ganando el conflicto, mientras su prensa acalla lo que sucede en Israel muy afectado por la respuets iraní, y no hablan de sus cuantiosas pérdidas.

Y la gran pregunta de los generales y hacia los generales yanquis: ¿le sucederá con Irán al imperialismo estadounidense lo mismo que al mongol, al romano, al británico, al otomano, y otros cuyos extremos de los territorios ocupados se ubicaron tan lejos de las metrópolis que les impidieron controlarlos, abastecerlos y protegerlos, al punto de que claudicaron y se desvanecieron como imperios?

Es mejor que los armadores tomen más en serio el anuncio este miércoles del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI), de que mantienen el control absoluto del Estrecho de Ormuz

Por lo pronto, ante la inesperada reacción y demostración de poder de fuego de los iraníes, subestimado en los planes de agresión del Pentágono y de los propios sionistas, ¿Estados Unidos tendrá capacidad real para reabastecer de cohetes y otras armas de intercepción de compleja y carísima producción, a miles de kilómetros de distancia de sus fábricas? ¿Sucederá lo mismo que en Vietnam en las Pascuas Sangrientas de Nixon en 1972 cuando en sus ataques aéreos masivos a Hanoi y Haiphong se quedaron literalmente sin la aviación estratégica porque perdieron el 80 por ciento de sus aviones B-52 y esa fue la antesala de la derrota del 30 de abril de 1975?

¿Ordenará a Israel como poseedor del arma nuclear —verdad “escondida” de mentiritas y la ONU lo sabe— usarla en este conflicto como ya ha mencionado el presidente de Francia, Enmanuel Macron? ¡Quién sabe que les está pasando por la cabeza! Pero ojalá que nunca suceda. Pero lo cierto es que el horno no está para galleticas, ni para Trump, ni para Netanyahu, y mucho menos para un presidente de tan pocos kilates como el de Francia.

Por las dudas, es mejor que los armadores tomen más en serio el anuncio este miércoles del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI), de que mantienen el control absoluto del Estrecho de Ormuz y que “Cualquiera que quiera pasar, nuestros abnegados héroes de la Armada y el Ejército del CGRI prenderán fuego a esos barcos», «No vengan a esta región. No permitiremos que salga ni una sola gota de petróleo», concluyó el comandante.

Y parece que los transportadores están tomándolo en cuenta, pues de 60 barcos que lo atraviesan diariamente, solamente dos lo hicieron después del anuncio y previa autorización. Según datos de MarineTraffic, en el contexto de escalada del conflicto, el tráfico de mercancías a través del estrecho de Ormuz ha caído un 90 % en comparación con las cifras de la semana pasada, lo cual puede ser un indicativo de que la reacción en cadena ya comenzó.

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