La OTAN: 77 años generando inseguridad internacional

La OTAN es una estructura obsoleta que perpetúa un modelo de militarismo destructivo. La alternativa se basa en la cooperación y no en la confrontación.

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OTAN, inseguridad internacional

Desde su creación en 1949, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se ha presentado como una alianza defensiva indispensable para preservar la estabilidad del bloque occidental. No obstante, un examen riguroso de su evolución histórica muestra un panorama muy diferente: una estructura que ha pasado de la confrontación propia de la Guerra Fría a una práctica de imperialismo militar, debilitando el derecho internacional, esquivando los mecanismos de control democrático y transformando en asuntos militares crisis globales como el clima o los movimientos migratorios. Lejos de resolver conflictos, la Alianza ha contribuido de forma recurrente a provocarlos o agravarlos.

El origen del conflicto y la oportunidad desaprovechada tras 1991

La OTAN surgió, bajo el liderazgo del presidente Truman de los EE. UU [1], con la finalidad explícita de frenar a la Unión Soviética, siendo los países occidentales quienes dieron el primer paso en la Guerra Fría al crear la Alianza antes incluso de que existiera el Pacto de Varsovia. Durante décadas, su poder descansó en la supremacía militar de Estados Unidos, el único país que ha empleado armas nucleares en un conflicto bélico. Las bombas atómicas lanzadas en 1945 respondieron más a una estrategia de intimidación frente a la URSS que a la necesidad de forzar la rendición japonesa. Este hecho desencadenó una carrera armamentística que llegó a acumular cerca de 60.000 cabezas nucleares en los años ochenta, con un enorme coste social al desviar recursos que podrían haberse destinado a servicios públicos esenciales. En 2025, el total de fuerzas nucleares mundiales era de 12.241.[2]

A partir de 1999 la Alianza Atlántica abandonó su perfil defensivo para intervenir en cualquier región del planeta donde considerara amenazados sus intereses políticos o económicos

La desaparición de la URSS entre 1989 y 1991 abrió una ventana histórica para redefinir la seguridad global, un Periodo de Oportunidad para la Paz. El acta final de Helsinki [3] y la Carta de París de 1990 [4] proponían un modelo basado en la cooperación y la seguridad compartida en Europa. Sin embargo, la OTAN optó por perpetuarse como alianza militar dominante, en lugar de disolverse. A partir de las cumbres de Washington (1999) y Lisboa (2010), abandonó definitivamente su perfil defensivo para atribuirse la capacidad de intervenir en cualquier región del planeta donde considerara amenazados sus intereses políticos o económicos.

La ampliación hacia Europa del Este constituye uno de los mayores errores estratégicos recientes, valorándolo así George Kennan, diplomático del Departamento de Estado estadounidense y actor en primera línea del periodo de la Guerra Fría [5]. Pese a las garantías verbales ofrecidas a Gorbachov de que la Alianza no avanzaría hacia el este, numerosos países del antiguo bloque soviético fueron integrados, alimentando el nacionalismo y la militarización en Rusia. Al mismo tiempo, esta expansión supuso un negocio millonario para la industria armamentística occidental, ya que los nuevos miembros debían adaptar sus fuerzas armadas a los estándares de la OTAN.

La erosión del derecho internacional y la falta de control democrático

Una de las críticas centrales a la OTAN es la progresiva flexibilización —o vulneración directa— del marco jurídico internacional que regula el uso de la fuerza. A través de sus Conceptos Estratégicos, la Alianza ha reinterpretado de manera muy laxa la Carta de las Naciones Unidas. Aunque el artículo 5 del Tratado limita la legítima defensa a ataques armados en Europa o América del Norte, los nuevos enfoques permiten intervenir frente a amenazas imprecisas como la inestabilidad regional, movimientos migratorios o los problemas de abastecimiento energético, incluso sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. (Cumbre Washington 1999 [6])

El cambio de estrategia militar de la OTAN no se ha sometido a debate en el Parlamento español; se ha alejado la política de defensa del control ciudadano

Todo ello se ha producido con un marcado déficit democrático. En Estados como España, estos cambios estratégicos no han sido sometidos a un debate parlamentario profundo, pese a que alteran sustancialmente el sentido original del Tratado. De este modo, la política de defensa se ha alejado del control ciudadano, facilitando que los gobiernos se integren en estrategias militares globales al margen de los principios básicos del parlamentarismo.

Riesgo nuclear y dependencia de Estados Unidos

Formar parte de la OTAN implica una fuerte subordinación a la estrategia geopolítica estadounidense, especialmente en materia nuclear. La Alianza sostiene que seguirá siendo nuclear mientras existan este tipo de armas. Actualmente, Estados Unidos es el único país que despliega armamento nuclear fuera de su territorio, en este caso, en países miembros de la UE. [7]

Localización de armas nucleares de EE.UU. en Europa

Además, la OTAN ha presionado a sus miembros para rechazar el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, ignorando una clara mayoría social favorable a su firma en países como España [8]. Esta dependencia convierte a los Estados europeos en posibles objetivos militares y aumenta el riesgo de un conflicto nuclear en el continente.

La militarización de los grandes desafíos globales

Para justificar su continuidad, la OTAN ha ampliado su campo de acción hacia problemas no militares, tratándolos como amenazas de seguridad:

  • Energía: La Alianza considera el acceso a los recursos energéticos como un asunto de seguridad, legitimando despliegues militares para proteger rutas de transporte de combustibles fósiles.
  • Crisis climática: Aunque adopta un discurso de “defensa verde”, esta postura resulta contradictoria, ya que el sector militar —con el Pentágono a la cabeza— es uno de los mayores emisores de CO2 del planeta. El cambio climático se interpreta como un factor de riesgo que requiere más control militar, sin abordar la justicia climática.
  • Migraciones: Las personas migrantes son tratadas como amenazas potenciales. La OTAN participa en operaciones de vigilancia fronteriza que facilitan devoluciones a países donde no se respetan plenamente los derechos humanos, configurando una política de contención militar de la migración.

Una mirada feminista centrada en la vida

Desde el feminismo antimilitarista se critica el uso instrumental del discurso de género por parte de la OTAN. La Alianza ha utilizado resoluciones como la 1325 de la ONU para legitimar intervenciones armadas bajo la promesa de “liberar” a las mujeres, como ocurrió en Afganistán [9], mientras las acciones militares vulneraban sus derechos fundamentales. Frente a ello, se defiende una noción de seguridad basada en la vida, los cuidados y la justicia social, que implique el desmantelamiento del complejo militar-industrial y de las alianzas que sostienen dinámicas patriarcales y coloniales.

Una Alianza Militar que admite la traición

El Tratado establece en sus artículos 5 y 6 que, si se produjera un ataque armado dirigido a cualquiera de los países miembros, será considerado como un ataque dirigido a todas las partes. Por primera vez en la historia de la OTAN, un país miembro, los Estados Unidos de América, amenaza a otro, Dinamarca, con anexionarse a una parte de su territorio. Estamos pues ante un caso claro de incumplimiento del Tratado que compromete colectivamente la seguridad de los países miembros, a su soberanía y sus fuerzas armadas. Un caso claro de traición que, en las leyes penales militares de la mayoría de los países, se castigan con la expulsión deshonrosa de las fuerzas armadas y con las máximas penas de cárcel o en algunos casos, con pena de muerte.

Lo coherente, desde el punto de vista ético y democrático, es que los países miembros que se consideren amenazados invoquen el artículo 13 del Tratado, que establece que “cualquiera de las Partes podrá dejar de serlo, un año después de haber notificado su denuncia ante el Gobiernos de los Estados Unidos de América, el cual informará a los Gobiernos de las otras Partes del depósito de cada notificación de denuncia”.

Hay que avanzar hacia el desarme nuclear, reducir de forma radical el gasto militar y sustituir las alianzas armadas por mecanismos inclusivos de paz

Lo contrario, formar parte de una alianza militar con un Estado que amenaza por la fuerza a otro Estado miembro, en la práctica convierte a esa alianza en inoperativa. En ese sentido, el grupo parlamentario Sumar presentó a través del diputado Enrique Santiago una Proposición no de Ley instando a la retirada de España de la Alianza Atlántica [10].

Conclusión: hacia un modelo de seguridad compartida

Numerosas organizaciones sociales, políticas, culturales y confesionales, coinciden en señalar que la OTAN es una estructura obsoleta que perpetúa un modelo de militarismo destructivo. La alternativa pasa por recuperar la idea de Seguridad Compartida Humana y Desmilitarizada, basada en la cooperación y no en la confrontación. Esto exige avanzar hacia el desarme nuclear, reducir de forma radical el gasto militar y sustituir las alianzas armadas por mecanismos inclusivos de paz. En este sentido, el lema histórico del pacifismo —“No a la guerra, no a la OTAN”— no es una consigna retórica, sino una condición necesaria para garantizar la supervivencia del planeta.

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INTERVENCIONES ILEGALES Y CREACIÓN DE ESTADOS FALLIDOS

El historial de actuaciones militares de la OTAN evidencia su deriva ofensiva:

  • Yugoslavia (1999): La Alianza bombardeó el país sin autorización de la ONU, incurriendo en un acto de agresión ilegal. El uso de munición con uranio empobrecido provocó graves consecuencias sanitarias tanto en la población civil como entre los propios soldados.
  • Afganistán (2001-2021): Considerada la gran guerra neocolonial de la OTAN, se inició sobre justificaciones falsas y concluyó tras veinte años con una retirada caótica, dejando decenas de miles de víctimas civiles y millones de personas desplazadas.
  • Iraq y Libia: En Iraq, la OTAN respaldó una ocupación basada en falsedades sobre armas de destrucción masiva. En Libia, una operación supuestamente humanitaria derivó en un cambio de régimen que sumió al país en el colapso institucional y la violencia permanente. En todos los casos, las intervenciones provocaron un aumento drástico de los desplazamientos forzados y la inestabilidad regional.

Notas:

[1] Fernando Delage Revista Política exterior, nº 56,1997 https://www.politicaexterior.com/articulo/cincuenta-anos-de-la-doctrina- truman/

[2] https://www.sipri.org/sites/default/files/WNF%202025%20PR%20ESP.pdf

[3] https://www.osce.org/files/f/documents/7/b/39506.pdf

[4] Carta de París 1990, https://www.osce.org/files/f/documents/9/d/39521.pdf

[5] Kennan George, The New York Times, 2 de mayo de 1998

[6] https://www.ieee.es/Galerias/fichero/OtrasPublicaciones/Internacional/Concepto_Estrategico_de_la_OTAN_1999.pdf

[7] http://www.nrdc.org/nuclear/euro/euro_pt1.pdf

[8] https://wilpf.es/wp-content/uploads/2022/03/informe-armas-nucleares.pdf

[9] https://research-portal.uea.ac.uk/en/publications/critically-examining-unscr-1325-on-women-peace-and-security/?utm_source=chatgpt.com

[10] https://www.publico.es/politica/gobierno/iu-presenta-iniciativa-congreso-salir-otan-podemos-vasallos-trump.html

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