En Valencia, en 1937, en el Segundo Congreso de Escritores en Defensa de la Cultura, el intelectual cubano Juan Marinello dijo algo que hoy tiene plena vigencia: “no se puede combatir el fascismo sin atacar a su hermano gemelo, el imperialismo”.
La Revolución Cubana, desde su triunfo en enero de 1959, ha estado acosada todo el tiempo por esos gemelos satánicos.
Sesenta años antes, en 1898, con la intervención de los EE.UU. en la guerra de los mambises contra el dominio colonial español y con la imposición en 1902 de una falsa “República” subordinada al vecino del Norte, quedó frustrado el sueño martiano de fundar una nación libre, justa, que construyera una relación fraterna con los demás pueblos latinoamericanos y sirviera de barrera de contención ante el empuje de “la Roma americana”.
En ese ámbito floreció una burguesía que no llegó a ser nunca una genuina burguesía nacional. Su dependencia absoluta del Imperio no le permitía conectarse con las raíces culturales del país. Despreciaba tanto la herencia africana (sin la cual Cuba no puede entenderse) como a la familia espiritual a la que pertenece la Isla: Nuestra América. Vivía mirando obsesivamente hacia el Norte, consumiendo con avidez la producción de la industria seudocultural yanqui e imitando todo lo posible a sus amos rubios y todopoderosos.
No fuimos absorbidos culturalmente gracias a tres factores: nuestra cultura popular, mestiza, vigorosa; la obra de minorías intelectuales antiimperialistas, anticoloniales, defensoras de la cubanía, donde se destacan figuras como Fernando Ortiz, Lezama, Cintio, Eliseo, todo el grupo Orígenes y el que se nucleó en torno a la Revista de Avance; y los admirables maestros de la escuela pública cubana, que difundieron calladamente la ética y el pensamiento martianos entre varias generaciones de niños y adolescentes.
La Revolución no solo disolvió las fuerzas armadas de la dictadura para crear un ejército popular —“el pueblo uniformado”—, no solo eliminó el latifundismo y llevó adelante la Reforma Agraria y otras muchas transformaciones en beneficio de los humildes, no solo nacionalizó las empresas norteamericanas y dedicó muchos recursos a la gestación de un sólido sistema de salud. También hizo algo más, de enorme trascendencia: una revolución cultural.
La política cultural de Fidel
En 1961, en el año de la invasión de Girón, en el año en que la CIA financió con saña particular actos terroristas y bandas contrarrevolucionarias, cuando el fascismo miamense, rabioso por la derrota de la Brigada 2506, redobló sus ataques contra Cuba, Fidel se reunió en varias sesiones con escritores y artistas, pronunció sus Palabras a los intelectuales y diseñó una política cultural única en la historia de los procesos revolucionarios: antidogmática, inclusiva, ajena a esquemas propagandísticos y presuntamente didácticos y a fenómenos como el “realismo socialista”, abierta a los experimentos de la vanguardia y enraizada en las tradiciones nacionales y en lo mejor de la cultura universal.
En ese año tan intenso, el Gobierno revolucionario logró erradicar el analfabetismo a través de una verdadera hazaña: la Campaña de Alfabetización. Luego convirtió los cuarteles en escuelas; dio la mayor prioridad a la formación de maestros; ofreció becas y abrió las puertas de las universidades a los hijos de campesinos y obreros; estableció centros de enseñanza artística especializada para educar, de manera absolutamente gratuita, a todo aquel que tuviera vocación.
Ya desde 1959 habían nacido el Instituto de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y la Casa de las Américas. En 1960, la Imprenta Nacional de Cuba, cuyo primer título fue El Quijote. Rápidamente se multiplicaron museos, casas de cultura, bibliotecas, grupos de aficionados a la danza y a la música coral, talleres literarios. En 1962 surgió la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), presidida por el poeta Nicolás Guillén.
Hubo una gran explosión creativa en todas las manifestaciones artísticas y literarias. El pueblo fue receptor y protagonista activo de la cultura. Alejo Carpentier dijo: “Se acabaron para el escritor cubano los tiempos de la soledad; comienzan los tiempos de la solidaridad”.
Para Fidel la cultura no fue jamás algo ornamental. La vio como una energía transformadora de gran alcance, asociada a los valores, a la conducta, a la ética, a la calidad de vida; capaz de contribuir decisivamente al “mejoramiento humano” en que tanta fe tenía José Martí. Fidel la vio, sobre todo, como el único instrumento imaginable para lograr la plena emancipación. Hizo suya la sentencia de Martí, “ser culto es el único modo de ser libre”, y, parafraseándola, la repitió muchas veces “Sin cultura no hay libertad posible”.
“Una Revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas” argumentó Fidel. Por eso no pueda limitarse a cambiar las condiciones de la vida material de la gente; Implica una revolución educacional y cultural
En febrero de 1999, en Caracas, en la Universidad Central de Venezuela, Fidel subrayó que “una Revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas”.
De ahí que un proceso revolucionario no pueda limitarse a cambiar las condiciones de la vida material de la gente. Aunque haga transformaciones radicales, aunque entregue tierras a los campesinos, aunque construya viviendas para los que habitan en barrios insalubres, aunque la salud pública esté al servicio de todos, aunque nacionalice los recursos del país y defienda su soberanía, no estaría nunca completo ni sería duradero si no implica una revolución educacional y cultural.
Sin duda, hay que cambiar las condiciones de vida del ser humano y hay que cambiar al propio tiempo al ser humano. Hay que cambiar la conciencia de la gente, la cultura de la gente.
En 1993, en medio de la crisis provocada por el derrumbe del socialismo en Europa y el reforzamiento del cerco de los EE.UU., en los días más amargos de aquel Período Especial, en el V Congreso de la UNEAC, Fidel lanzó aquella frase sorprendente: “La cultura es lo primero que hay que salvar”.
Las grandes corporaciones del imperialismo gastan millones en publicidad para crear reflejos condicionados. “La mentira afecta el conocimiento”; pero “el reflejo condicionado afecta la capacidad de pensar”
En un momento de tantas privaciones, cuando nos faltaban tantas cosas esenciales para la supervivencia, el líder de la Revolución ponía en primer lugar a la cultura. Por supuesto, no hablaba exclusivamente de las artes y las letras. Se refería a una noción más amplia, más honda, que tiene que ver con aquello en que pensaba Fernando Ortiz cuando decía que “la cultura es la patria”.
Fidel hablaba del vínculo entre la cultura y la nación y de la suma de conocimientos imprescindibles para que el ser humano pueda proteger su libertad, su memoria, y deshacer la vasta telaraña de manipulaciones que le cierran el paso día a día.
En su estremecedor discurso del 17 de noviembre de 2005, en la Universidad de La Habana, Fidel nos advirtió sobre cómo la maquinaria de dominación cultural ejercida por las grandes corporaciones y por el imperialismo hace gastos millonarios en publicidad para crear “reflejos condicionados”. Y concluyó: “La mentira afecta el conocimiento”; pero “el reflejo condicionado afecta la capacidad de pensar”.
“La suma de la ignorancia y la manipulación engendra una criatura patética: el pobre de derechas, ese infeliz que opina y vota y apoya a sus explotadores”
Se adelantó así a los debates que hay en la actualidad sobre los efectos de las redes, que te empujan a la reacción inmediata, abrupta, irracional. Y señaló en aquel propio discurso: “Dicen que ‘el socialismo es malo’, y, por reflejo, “todos los ignorantes y todos los pobres y todos los explotados repiten: El socialismo es malo. El comunismo es malo…” Expuso así, de modo inmejorable, cómo la suma de la ignorancia y la manipulación engendra una criatura patética: el pobre de derechas, ese infeliz que opina y vota y apoya a sus explotadores, a millonarios demagogos, a fascistas, a quienes lo desprecian y lo utilizan vilmente.
“¿Quiénes rigen la vida de las personas?”, se preguntó Fidel en su mensaje al VII Congreso de la UNEAC, el 1º de abril de 2008. Ya estaba retirado de sus cargos en el partido y el gobierno, aunque seguía activo como «soldado de las ideas».
Recalcó en su mensaje cómo los ciudadanos del presente están sometidos a un “diluvio de publicidad, imágenes e influencias” nunca vistos con anterioridad y, ante los avances tecnológicos, dijo que “el peor error que puede cometer un revolucionario es no pensar”.
La crisis cultural y ética
Hoy los retrocesos intelectuales que advierten los pedagogos en todas partes, las dificultades de adolescentes y jóvenes para concentrarse y para explicar qué han leído (la llamada “comprensión lectora”), la adicción a los móviles y a las redes sociales como una nueva droga, todos estos fenómenos facilitan la labor de la maquinaria de manipulación al servicio del Imperio y del fascismo. Es la ultraderecha quien ha sacado partido de la idiotización a escala masiva que se promueve cotidianamente.
La crisis cultural es evidente. Y, con ella, acompañándola paso a paso, se ha hecho también muy evidente la crisis ética. El horror, el sadismo, la crueldad, se nos presentan todos los días y a todas horas en nuestros móviles. Es una época en que aquella frase del personaje de Dostoievski, Iván Karamazov, tiene una vigencia que da escalofríos: “Si Dios no existe, todo está permitido”, eso dijo cínicamente Iván Karamazov, eso repiten cínicamente los poderosos de este mundo.
Para Israel, para Estados Unidos, para Trump, para quienes apoyan el genocidio contra el pueblo palestino y las agresiones contra Venezuela, contra Cuba, contra Nuestra América, todo está permitido. Para quienes desde el Norte se empeñan en castigar con crueldad a los pueblos que han decidido gobernarse soberanamente; para quienes (en el colmo de la soberbia imperial) se erigen en jueces universales y reparten desde su Olimpo condenas y escarmientos; para quienes utilizan todos los juegos sucios posibles, al servicio de los intereses de Washington, no hay Dios, todo está permitido.
Con la Orden Ejecutiva firmada por Trump el 29 de enero, Cuba está una vez más ante el dilema de defender sus ideales y sus principios, su modelo socialista, su soberanía, su identidad, su cultura, o de regresar al vergonzoso estatus de colonia yanqui. Se trata de un esfuerzo muy cruel por asfixiarnos y forzar el siempre soñado “cambio de régimen”. Amenazan con sancionar a cualquier país que pueda vendernos petróleo y así paralizar la economía, la producción, los servicios a la población, paralizarlo todo, y promover una crisis política.
La dirección del gobierno ha tomado medidas para dar prioridad a las necesidades básicas de la población, la salud pública, la educación, la atención a los sectores vulnerables. Por ejemplo, hubo que posponer el evento Universidad 2026 (un importante encuentro de autoridades universitarias y personalidades académicas, con muchos participantes ya confirmados) y algo tan esperado por nuestro pueblo como la Feria Internacional del Libro. La cultura, no obstante, va a continuar más presente que nunca en las comunidades en este momento tan difícil.
Por otra parte, se está trabajando por acelerar las inversiones que se han venido haciendo para instalar parques solares y usar fuentes renovables de energía. El año pasado, que fue sin duda muy complicado, logramos instalar alrededor de 50 parques fotovoltaicos en todas las provincias. Estas inversiones se seguirán priorizando. Se han venido instalando módulos fotovoltaicos en hogares maternos, policlínicos, casas de abuelos. También se están protegiendo desde el punto de vista energético los centros productivos asociados a la exportación, riegos eléctricos, el cultivo del tabaco, entre otros. El país tiene trazada una estrategia para defenderse ante todas las trampas de nuestros enemigos.
Hace pocos días escuchamos a nuestro presidente Díaz-Canel referirse, en un encuentro con la prensa, a esta situación y a la necesidad de enfrentar, unidos, “un desabastecimiento agudo de combustible”. Ratificó que “la opción de la rendición no es la opción de Cuba” y explicó en detalle las medidas que se están tomando para mantener la “resistencia creativa”. Habló de la solidaridad internacional hacia nuestro país que se ha manifestado con esta medida de Trump y aseguró que “Cuba no está sola”.
El propio Díaz-Canel ha estado al frente de los ejercicios militares que se organizan para prepararnos ante una eventual agresión directa del imperialismo. La doctrina creada por Fidel, “la guerra de todo el pueblo”, se ha revitalizado ahora a la luz del golpe bárbaro contra Venezuela.
Guerra psicológica y resistencia
Junto a la pretensión de asfixiarnos, se multiplican todos los días las operaciones de guerra psicológica a través de medios digitales financiados por los yanquis y de las redes sociales. El Observatorio de Medios de Cubadebate hizo un análisis muy riguroso de la avalancha de memes lanzados desde la Florida contra Cuba durante las horas que siguieron a la firma de la “orden ejecutiva” de Trump. Se trata de mensajes que promueven de manera impúdica el anexionismo, que atacan directamente a los líderes cubanos y exaltan el papel de Trump como “salvador mesiánico” de nuestro país.
Por eso estamos trabajando intensamente en preparar a nuestra gente para que den la batalla en las redes sin dejarse manipular. Esa es otra de nuestras prioridades. No lo olvidemos: “el peor error de un revolucionario es no pensar”.
A pesar de las enormes carencias y dificultades que hoy tenemos ante nosotros, estoy convencido de que no hay ni habrá una crisis política en Cuba. Nuestro pueblo ha pasado por experiencias muy duras a lo largo de todos estos años, la invasión de Girón, la Crisis de Octubre, guerra biológica, ciclones devastadores, el derrumbe del socialismo en Europa, las leyes Torricelli y Helms Burton, la pandemia de la Covid-19, y hemos aprendido desde las comunidades hasta el equipo de gobierno a preservar lo esencial.
Hay que recordar, además, que el pueblo cubano ha estado movilizándose masivamente, en días recientes, en apoyo a su Partido y a su gobierno. Los días 15 y 16 de enero, cuando rendimos homenaje a los 32 combatientes caídos el 3 de enero en Caracas, cientos de miles de cubanos desfilaron, bajo la lluvia, por el vestíbulo del MINFAR, donde se expusieron los féretros, y otros tantos se movilizaron más tarde, en todo el país, cuando los restos fueron sepultados. Luego, el 27 de enero, la juventud convocó a la tradicional Marcha de las Antorchas, en tributo a Martí y a Fidel, y la respuesta fue extraordinaria, en La Habana y en toda la Isla.
Los “tanques de pensamiento” al servicio del Imperio tienen que haber descifrado los mensajes del pueblo cubano, de Raúl, de Díaz-Canel, de todos nuestros líderes, a propósito de estas memorables jornadas.
La Orden Ejecutiva de Trump nos está haciendo mucho daño; pero ha unido más a nuestra gente. Ahora somos más antiimperialistas y más antifascistas.







