Recordar el pasado, sólo con él aprenderemos y evitaremos repetir errores. En tiempos de desmemoria, es clave recordar la labor que llevaron a cabo las mujeres de la generación republicana. Nunca está de más, y abril es un mes que llama a ello, recordar de dónde vienen los derechos obtenidos, cómo se ha alcanzado este o aquel logro, o lo que es peor, qué supuso para las mujeres españolas el triunfo de la dictadura franquista y la pérdida de todos los derechos alcanzados en la II República.
Fue en 1931, con la llegada de la Segunda República cuando comienzan a fraguarse todas las reivindicaciones de las mujeres: igualdad ante la ley, reconocimiento de la paternidad, legislación sobre la prostitución, ley del divorcio, planificación familiar, derecho a la educación y sufragio femenino y, de manera importante la incorporación de las mujeres al ámbito laboral en igualdad de condiciones con los hombres. Y es la incorporación de las mujeres al mundo del trabajo la que abre las puertas a su participación en la política de manera activa.
Durante la guerra 1936-1939 provocada por el golpe de Estado franquista, se produjo un cambio en el trato y la importante participación de las mujeres que provocó la creación de un discurso propio para, por y las mujeres. Dolores Ibárruri, Lucia Sánchez Saornil, Federica Monsteny, Matilde de la Torre, Juana Doña o Aurora Arnáiz, plantean claramente la incorporación de las mujeres a una guerra en la que se juegan las libertades del pueblo. Aquellas que nunca tuvieron nada y la II República abre una puerta de derechos y libertades no estaban dispuestas a renunciar a ninguno. La dignidad y el coraje con el que las mujeres defendieron la II república deberá figurar en todos los anales de la historia y de manera sustancial en la Ley de Memoria Democrática de nuestra país, que de manera tímida, enuncia la recuperación de la Memoria Democrática de las mujeres.
En contraposición a los logros de la II República, el bando de los sublevados intenta atraer a las mujeres con voces como Pilar Primo de Rivera, Concha Espina, que abogan por la restitución del papel que habían tenido las mujeres desde siempre, de madre y esposa y sin implicaciones políticas y con escaso contenido intelectual. Maria Zambrano dio las claves sobre el discurso hacia las mujeres del franquismo, el discurso diario del NO discurso: “Resulta imposible encontrar juntos creación intelectual y fascismo, hemos vuelto al principio de partida en el examen del fascismo; una enemistad con la vida, una impotencia de recibir la realidad que hace imposible la creación intelectual”.
La victoria del franquismo redujo o eliminó la participación de las mujeres, de forma condicionada claro, en todos los ámbitos de la sociedad en los que había participado de pleno, relegándola al ámbito del hogar. Un texto clarificador de la autora de la Sección Femenina de Falange, Marichu de la Mora, lo sentenció claramente “Una cosa queda clara en nuestro espíritu femenino: que en resumidas cuentas, ¡por fin!, hay un Estado que se ocupa de realizar el sueño de tantas mujeres españolas: ser amas de casa”.
Las mujeres del Servicio Social y de la Falange serán durante la dictadura franquista quienes, con la ley del terror en la mano, detendrán los adelantos contenidos, hasta invalidar todo lo logrado en la II República.
La II República Española compartió la transformación de las mujeres en nuevos sujetos de ciudadanía. Las reformas legislativas introducidas por el nuevo gobierno y por las Cortes Constituyentes que conllevaron avances igualitarios, convirtiéndola en una “República de las ciudadanas”. El papel marcó el rumbo, el primer paso para resolver las evidentes continuidades, contradicciones y límites en las relaciones de género y en las prácticas en la vida cotidiana.
La dictadura franquista frustró todos los anhelos de libertad y democracia de la II República. Hoy la memoria es un “arma cargada de futuro”, la memoria permite analizar cómo los derechos que exigen las mujeres con la llegada de la democracia a nuestro país, fueron las conquistas logradas por la II República, el derecho al divorcio, al aborto, al empleo, se convirtieron en las demandas feministas de la democracia.
El “abril republicano”, que con cientos de actos en nuestro país recuerda la lucha de hombres y mujeres que dieron su vida por defender la II República, lo hace no desde la perspectiva de la nostalgia, sino desde el reconocimiento y con la mirada puesta en la conquista de la III República.
La memoria democrática, “verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición” en su idea de dignificar la vida de quienes dieron su vida por la libertad y los derechos, sufrieron cárcel, torturas y exilio, tiene claro que sin garantías de no repetición los avances conseguidos pueden reducirse a cenizas.
Con el recuerdo puesto en las mujeres de la II república, nuestro horizonte es no renunciar a ningún derecho conquistado por la lucha, por ello la memoria democrática es antifascistas y feminista.
La III República será feminista o no será.






