El violador eres tú

Trump es el ejemplo fatídico y perfecto de un macho blanco, rico y poderoso que ejerce todo el tiempo como tal, sin ningún tipo de filtro.
Retrato oficial de Trump | Daniel Torok /Dominio público
Retrato oficial de Trump | Daniel Torok /Dominio público

“Será un gran honor tomar Cuba. Puedo hacer con ella lo que quiera”. Si en esta frase de Trump, Cuba fuera un nombre de mujer, el resultado es el anuncio de una violación inminente. El lenguaje agresivo y amenazante que usa el presidente de los Estados Unidos es el de un hombre absoluto, que está acostumbrado a hacer lo que quiera porque puede. Es el lenguaje de un ser que no empatiza, con rasgos de personalidad megalómana y psicopática, que piensa que todo lo que tiene a su alrededor, sean personas o países —en este caso—, son objetos que puede “tomar” a su antojo. Trump es el ejemplo fatídico y perfecto de un macho blanco, rico y poderoso que ejerce todo el tiempo como tal, sin ningún tipo de filtro. Su gestualidad corporal, su tono agresivo, sus palabras autoritarias, todo en él ejemplifica el machismo puro, rebosante de testosterona. Es tan exagerado que parece uno de esos malvados recalcitrantes de las películas de superhéroes o simplemente un meme de los que corren por las redes. Nos cuesta creer que es real. Pero lo es. Infringe dolor al cuerpo social del mundo con solo abrir la boca. Sus declaraciones públicas son anuncios de violaciones flagrantes en cualquier ámbito. Igual que es (“presunto”) violador de mujeres (hasta el momento, ha conseguido tapar las denuncias por violación con amenazas y toneladas de dinero y sus implicaciones en el caso Epstein son más turbias que los detritus que corren por las alcantarillas de Manhattan), viola países como ha hecho ya con Venezuela, Irán o Líbano (estos últimos con la ayuda de su gran amigo Netanyahu, otro depredador sin careta) o anuncia que los va a violar, como ahora sucede con Cuba.

Por resumir, Trump es un violador múltiple, reincidente y de variado repertorio: ha violado personas, la legislación de su propio país y el derecho internacional en todas sus facetas, con las terribles repercusiones que ello está conllevando sobre la estabilidad y bienestar de la humanidad, especialmente a los pueblos de los países arrasados y a los más vulnerables de cualquier lugar del mundo. Sus terribles acciones anuncian una crisis económica de difícil pronóstico, que hace subir los precios de la energía y de los alimentos de forma exponencial. El sufrimiento de millones de seres está asegurado, solo hay que ver el resultado de anteriores “aventuras” de este tipo.

Ahora quiere “tomar” Cuba. Quiere verter hollín en las sábanas blancas de las cubanas, y echar basura en los verdes jardines de los cubanos, como ya alertara Silvio Rodríguez en unos versos inolvidables que hoy vuelven a tomar cuerpo. Un cantor irreductible, que no se calla y que ha anunciado que está dispuesto a levantarse a luchar de nuevo. Silvio sabe que tal como advirtió Horacio Guarany “si se calla el cantor, calla la vida, la esperanza, la luz y la alegría”.

Cuba es una isla “bonita” con “buen clima” y “buenas vistas” ha dicho Trump, y en su mente de demente megalómano, machista y violador, de agresor compulsivo que “toma” lo que “quiere”, ambiciona los contornos del “lagarto verde”, sus valles y montañas, sus vergeles y sus playas como si fueran los contornos del cuerpo de una mujer a la que esclavizar y explotar hasta sacarle el máximo rendimiento posible. Quiere llenar la Isla de resort, de hoteles que lleven su nombre. Sus costas están mucho más cerca de Estados Unidos que Gaza. Piensa que tiene la infraestructura hecha y cuenta con la ambición y la terrible usura de venganza de la gusanera de Miami, que le empuja —tal como lo ha hecho Netanyahu y su cohorte sionista en Oriente Próximo— al delirio de un nuevo delito contra el derecho internacional y el derecho del pueblo cubano a su propia soberanía para resolver sus asuntos. Trump piensa que puede ser un negocio fácil y lucrativo.

Y, ¿qué piensa el pueblo cubano? Un pueblo machacado por el bloqueo, agotado y rehén, inmerso en un asedio medieval, que en el momento actual pasa por durísimas penalidades debido a un bloqueo absoluto del petróleo, que azota la isla con oscuridades de grandes apagones, que se suman al ya “tradicional” bloqueo comercial de mercancías mantenido en el tiempo que impone el enemigo americano. 

Me pregunto si tendrán fuerzas suficientes. Me pregunto si tendrán memoria, y si esa memoria ayudará para que puedan levantar nuevos muros de esperanza para resistir. Cuba necesita toda la solidaridad internacional posible, que se alcen las voces de denuncia, que se llenen los cestos de ayuda humanitaria y medicinas y que el planeta clame para romper todos los cercos y todos los bloqueos.

Hace ya casi setenta años desde que un grupo de rebeldes trabajó una revolución para liberar su isla del yugo imperialista de Estados Unidos, país que a través de sus empresas y de las mafias que conlleva el capitalismo depredador sin normas que allí se instaló, había convertido Cuba en un burdel a cielo abierto en el que saciaban sus anhelos más turbios los yanquis con dinero. Ahora se pretende rememorar aquello en un revival que anuncia el peor de los mundos.

Los “galos” de esa pequeña isla no se han doblegado, han “resistido siempre al invasor” del norte y son un ejemplo para el mundo de dignidad, de resiliencia y de imaginación popular para afrontar la supervivencia colectiva, la propia y la ajena. Y han resistido con un mérito que es sobrehumano, porque lo han hecho ayudando ellos a otros pueblos en peores condiciones, exportando médicos y maestros allá donde la solidaridad internacionalista los ha llevado.

Considero que es imperativo condenar este nuevo bloqueo medieval, este nuevo asedio al “largo lagarto verde, con ojos de piedra y agua”. Solo espero que los gobiernos sanos y democráticos acompañados de los pueblos dignos que queremos la paz seamos capaces de sacar “las uñas del mapa”, para ayudar a Cuba, para solidarizarnos de manera firme con este pequeño país ejemplo de dignidad humana.

¡Basta ya! Es imperativo amplificar las voces y enseñar los dientes en contra del tecnocapitalismo fascista depredador, que quiere imponer su ley del más fuerte, disponiéndose, como Trump vocifera, a violar Cuba de forma inminente. Hay que frenarlo, nos va la vida en ello, los violadores compulsivos no saben parar, y Trump y su cohorte de depredadores lo son. Los violadores son ellos, y no van a parar a menos que los frenemos nosotras, todas las personas que entendemos el valor inviolable de la vida humana en paz.

(*) Escritora y fotoperiodista.

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