Paz y feminismo

Cuando se cuestionan los derechos universales, los derechos de las mujeres son cuestionados doblemente, por esa querencia del patriarcado que nos ha asignado un lugar entre las cuatro paredes históricas y le encantaría que no nos moviéramos de ahí.
Feminismo para transformar el mundo
Foto: José Camó

Tiene razón Simone de Beauvoir cuando dice que basta una crisis social, política o religiosa para que los derechos de las mujeres sean cuestionados… Los derechos de las mujeres, que conquistamos —y seguimos conquistando— con esfuerzo, lucha y perseverancia, traducido todo esto en una forma de organizarnos y en una estrategia de transformación social, cuyo objetivo no es otro que la igualdad y la libertad para todos los seres humanos. Y ahora mismo estamos en tiempos de crisis, porque una parte importante del capital ha decidido que su expresión política ya no tiene que ser la democracia —recordemos que durante décadas se ha tratado de identificar democracia y capitalismo—, y ha entrado como un elefante en una cacharrería cuestionando los consensos de años, el derecho internacional y las instituciones, para llevar la democracia al mínimo, un mínimo que al capital le basta y que a la ciudadanía le impide ejercer sus derechos y conquistar otros nuevos: se llama neofascismo y trata de socavar las bases del sistema democrático y de imponer la ley del más fuerte.

Y, si se cuestionan derechos universales, los derechos de las mujeres son cuestionados doblemente, por esa querencia del patriarcado que nos ha asignado un lugar entre las cuatro paredes históricas y le encantaría que no nos moviéramos de ahí. Bien es verdad que, como dice también Simone de Beauvoir, el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos, pero es lo que tiene la ideología dominante, que seduce, coloniza e impone un pensamiento y una acción que favorece siempre los intereses del poder. Pero también es verdad que las mujeres venimos de lejos y, a pesar de las derrotas históricas, hemos desarrollado una estrategia de resistencia basada en la palabra y en la ternura: en la palabra, porque encontramos cualquier espacio —público o privado— para comunicarnos, para entendernos y para convencernos; en la ternura, porque creamos lazos para acompañarnos y apoyarnos, porque celebramos las conquistas de todas nosotras y nos solidarizamos en el dolor de las compañeras en cualquier lugar del mundo. ¿Cómo, si no, con todo el poder del patriarcado, las mujeres hemos podido derribar muros, construido puentes y saltado cercas? Yo pienso que es por esa forma, lenta pero firme, de luchar y de soñar. Y esa forma se manifiesta en todas nuestras batallas con nuestra presencia y nuestras palabras; hemos levantado la voz y enarbolado banderas por el pan y la paz, por el pan y la rosas, por el trabajo con derechos, por la reivindicación de los cuidados, por unas ciudades y barrios habitables, por unos servicios públicos y accesibles… Y, cuando nos juntamos, como en todos los actos que se celebran para conmemorar el 8 de Marzo, celebramos de dónde venimos y expresamos nuestro compromiso para avanzar en el largo camino de la igualdad. En la alternativa del mundo que tenemos diseñada no cabe ese modelo neofascista que condena a millones de personas en todo el mundo a vivir en la pobreza y sin derechos con un doble impacto, por razón de clase y de género, en las mujeres. Por lo tanto, las mujeres no vamos a dar ni un paso atrás y seguiremos hablando en todos los espacios públicos y privados donde tomemos la palabra, para hacer llegar a todos los rincones nuestras propuestas y nuestras protestas. Contra el neofascismo, por la paz y el feminismo.

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