La importancia de la inclusión del Sáhara Occidental en las políticas públicas de memoria democrática

Resulta evidente el intento de transformar una ocupación militar nunca reconocida internacionalmente, en una situación aceptada por las grandes potencias internacionales.
DNI español de una ciudadana saharaui, expedido en 1972.

El Sáhara Occidental, bajo dominio español entre 1884 y 1976, fue considerado provincia española desde 1958. Durante el franquismo y los años posteriores, esta población sufrió persecución política, represión y abandono institucional. La “deuda histórica pendiente” del Estado español con la población saharaui, especialmente en lo relativo al reconocimiento de las víctimas y la investigación la violación de los derechos humanos cometidas durante el periodo colonial y la descolonización inconclusa, es no solamente un acto de justicia social sino una necesidad de verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición, principios bajo los que se rige la Ley de Memoria Democrática de nuestro país.

La retirada española dejó a la población expuesta a graves violaciones de derechos humanos, desplazamientos masivos, desapariciones y situaciones prolongadas de apatridia

Los acuerdos tripartitos de 1975 firmados entre España, Marruecos y Mauritania, no reconocieron el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui ni transfirieron legítimamente la soberanía al territorio. Como consecuencia, la retirada española dejó a la población expuesta a graves violaciones de derechos humanos, incluyendo desplazamientos masivos, desapariciones y situaciones prolongadas de apatridia.

La Ley de Memoria Democrática de nuestro país no recoge explícitamente a las víctimas saharauis, la inclusión a través de la Comisión de la Verdad, de las y los saharauis como víctimas de la dictadura franquista es un acto de reconocimiento y de justicia que no puede quedar en el olvido. Y es un acto de memoria quién tiene derecho a decidir el destino del Sáhara Occidental.

El Sáhara Occidental es un territorio pendiente de descolonización, reconocido como tal por la ONU. El referéndum prometido durante décadas parece eliminado del tablero político actual. El pueblo saharaui continúa reclamando decidir su futuro. Mientras, Estados Unidos y Emiratos Árabes Unidos endurecen su discurso; la declaración de Estados Unidas tras Smara, AFRICAN LION, en Dajla, y la rapidez dada por Francia y distintos aliados internacionales a la propuesta marroquí de autonomía forma parte del nuevo escenario internacional que pretende borrar de la historia y de la memoria al pueblo saharaui y su derecho a decidir.

El Sáhara Occidental se sitúa en el tablero internacional más allá del referéndum pendiente desde 1991. La situación internacional hace que la cuestión saharaui se mezcle de manera interesada con control de recursos, seguridad atlántica y competencia geopolítica entre potencias internacionales en el norte de África y el Sahel.

La presión diplomática sobre el Frente Polisario, el intento de declararlo organización terrorista, forma parte de la estrategia estadounidente y potencias europeas, con intereses específicos de situar la propuesta marroquí sobre la “autonomía del Sáhara” como solución final.

Resulta evidente el intento de transformar una ocupación militar nunca reconocida internacionalmente, en una situación aceptada por las grandes potencias internacionales.

Los conflictos coloniales no desaparecen porque las potencias decidan normalizar diplomáticamente una ocupación

La responsabilidad española y europea

Lo que se esconde tras el término de autonomía marroquí es un proyecto de control directo por parte de Rabat y de la monarquía sobre cuestiones centrales como la defensa, las relaciones exteriores, la seguridad o los recursos estratégicos. Un escenario donde de manera nítida el Sáhara Occidental está siendo saqueado mediante la extracción ilegal de recursos del subsuelo y de sus aguas. El ocupante Marruecos explota y se apropia ilegalmente de estos recursos, de sus energías renovables, aprovechando su condición de pendiente de descolonización. Y es en ese escenario donde la Unión Europea y España son complacientes y permisivos con la ocupación ilegal. Tanto por lo que dicen como por lo que no hacen. Ya no es sólo una deuda política pendiente, es una responsabilidad activa.

Sabemos que no será fácil el camino, pero la resistencia como trinchera será garantía de un horizonte de independencia del pueblo saharaui

La situación de los presos saharauis en las cárceles marroquíes, el deterioro humanitario en los campamentos de refugiadas y refugiados agravados por los recortes internacionales a la ayuda humanitaria, agravan una vida difícil de ser vivida. Pero los 50 años de la República Árabe Saharaui Democrática, los más de 50 años del Frente Polisario, evidencian que todos los intentos de cerrar desde fuera del Sáhara y en falso sin abordar el derecho de autodeterminación no resolverán el conflicto. La historia demuestra que los conflictos coloniales no desaparecen porque las potencias decidan normalizar diplomáticamente una ocupación. Cuando la mayoría de un pueblo rechaza esa solución, el conflicto se agrava, enquista y se radicaliza.

Sabemos que no será fácil el camino, pero la resistencia como trinchera será garantía de un horizonte de independencia del pueblo saharaui que sigue esperando justicia, esperando regresar, esperando que no se olvide.

(*) Responsable de Memoria Democrática del PCE