La ceremonia de posesión de Abelardo de la Espriella no decepcionó absolutamente para nada. Por el contrario, reconfirma el carácter elitista, confesional, militarista y ultra neoliberal que mostró en la campaña y sus permanentes contradicciones, improvisaciones y su carnavalesco y estrambótico estilo personal. Nada nuevo.
Las calles de la ciudad de Cali estuvieron totalmente vacías y llenas de policías, militares y tanques. Una ciudad sombría, como bajo estado de sitio y ocupación militar. Solamente en Puerto Resistencia había multitudes, colores, cantos y vida. Los de la oposición y la desobediencia civil.
El salón escogido para juramentarse fue un sombrío auditorio en el que en primera fila estaba lo más desagradable de las élites corruptas del país y en los puestos de atrás algunos y algunas congresistas, incluso de oposición, que pensaban que por respeto institucional ahí deberían estar. Dos o tres no se aguantaron toda la ceremonia y salieron pitados sintiendo que estaban en el lugar equivocado. El auditorio era el de una universidad privada que además de acoger la ilegítima posesión le escupió la cara a sus estudiantes, profesorado y egresados al otorgarle un honoris causa al impresentable de Milei.
Juramentado como presidente en forma poco protocolaria abandonó el recinto y se fue para un batallón militar a pronunciar allí su discurso de posesión ante un centenar de aturdidos militares. Los encopetados invitados del auditorio de la hoy desacreditada universidad se quedaron oyendo los sermones de un rabino sionista y de un obispo acusado de pederastia.
El discurso de posesión fue “largo, lleno de altisonancias, de inexactitudes y de acusaciones. Un discurso anunciando que se decreta la guerra. El discurso de un mal actor, con mal decorado, y con poca mística. Minúsculo e ilegítimo”, diría el ex ministro de cultura Juan David Correa. Las palabras «patria», «dios» y «seguridad» las repitió cada dos por tres.
Paz y derechos humanos fueron vocablos inexistentes.
Los congresistas, las delegaciones internacionales presentes, pocas, y demás élite invitada, tuvieron que escuchar el discurso de posesión por televisión. Luego de su mediocre discurso recibió los honores del mando militar que el nuevo “presidente” recibió con ridículos pasos marciales mientras los generales le miraban con cara de extrañeza y curiosidad.
Para los próximos días se esperan los primeros cuatro decretos anunciados. Uno será sobre la reestructuración del servicio exterior para acoplarlo al molde trumpista y los otros sobre la guerra total contra todas las formas de delincuencia y de violencia, mundillos que debe conocer muy bien pues su fama y su fortuna las hizo defendiendo a connotados cabecillas de esta gente. Busca reeditar las políticas de mano dura de los tiempos del laureanismo, el turbayismo y el uribismo. Alguien dijo que la historia se repite como comedia o como tragedia. Muchos tememos que podrían ser ambas a la vez. Mister Abelardo sabe que ganó a la mala y que la mayoría del país lo rechaza. Esto lo hace más peligroso, lo mismo que su absoluta falta de talla de estadista que lo convierte en marioneta fácil de las órdenes de Trump y de Marco Rubio y de la caverna criolla nacida del falangismo y del Opus Dei.
Puerto Resistencia, corazón de la dignidad nacional, y la ciudad de Barranquilla mostraron el camino.
Unidad para resistir, para avanzar y para vencer.
Fuente: cedano85.wordpress.com







