La ultraderecha al servicio de los poderosos

La nueva tecno-oligarquía, estrechamente conectada con el complejo industrial-militar de los Estados Unidos, considera que la democracia es un obstáculo.
Protestas contra Trump y su policía antiinmigración (ICE) en Minneapolis, enero 2026 | Myotus / CC BY 4.0
Protestas contra Trump y su policía antiinmigración (ICE) en Minneapolis, enero 2026 | Myotus / CC BY 4.0

La última conquista de la extrema derecha en nuestro país ha tenido como escenario la Junta de Andalucía. Para el Partido Popular, no hay cordón sanitario para los enemigos del pueblo y la democracia, al contrario, se les puede poner al frente de la política sobre violencia de género de Andalucía, incluyendo la gestión de las Unidades de Valoración Integral de Violencia de Género. La realidad supera a la ficción y, al más puro estilo de las distopías literarias, tenemos a quienes atacan al feminismo y niegan la existencia de la violencia de género gestionando las políticas de igualdad. No es un caso aislado, la historia se repite en los gobiernos de Aragón, Castilla y León y Extremadura, cuyas políticas están teniendo nefastas consecuencias materiales para la población de esas comunidades, pérdida de derechos y recortes en servicios públicos.

El problema de la normalización de los pactos con la ultraderecha no acaba ahí. Detrás de su batalla cultural y su defensa de los valores tradicionales no se esconde otra cosa que la aplicación de un programa neoliberal clásico. Su retórica antisistema se acaba cuando se trata de defender los intereses de los poderosos a costa de las conquistas que la clase trabajadora ha conseguido a lo largo de la historia de nuestro país. No hay más que ver la propuesta estrella de impulsar “Consejerías de Desregulación” en Extremadura o Andalucía, claro ejemplo de su hoja de ruta: reducir los requisitos y controles a los empresarios y desmantelar los límites para que servicios básicos como la salud o la educación se conviertan en un negocio, o para que haya límites para la explotación indiscriminada de la naturaleza.

Es urgente redoblar los esfuerzos para desmontar sus informaciones falsas, desnudar su batalla cultural y mostrar así su verdadero rostro

Su falta de escrúpulos va pareja a su falta de originalidad. El impulso a oficinas de desregulación es una exportación de la Argentina de Milei, que en 2024 creó el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, o de la administración Trump, que el mismo año impulso el Departamento de Eficiencia Gubernamental en el que puso al frente al tecno-oligarca Elon Musk. La articulación entre los dueños de las grandes corporaciones tecnológicas y la extrema derecha global funciona a la perfección. Peter Thiel, cofundador de Paypal y presidente de Palantir, la empresa que ha diseñado el software predictivo que utiliza el ICE en sus redadas contra inmigrantes, se ha instalado en Argentina para hacer negocios. La internacional reaccionaria está bien engrasada y no duda en promover guerras o en intervenir políticamente en procesos electorales de terceros países para imponer su agenda antidemocrática. La nueva tecno-oligarquía, estrechamente conectada con el complejo industrial-militar de los Estados Unidos, considera que la democracia es un obstáculo, que el poder público no ha sido capaz de imponer la ley y el orden, y que ya es hora de garantizar la supremacía del modelo estadounidense frente a posibles alternativas como las que pone sobre la mesa el multilateralismo impulsado por países como China y su alianza con los BRICS.

Esa falta de originalidad de la extrema derecha española se repite con el resto de su programa, que está repleto de posiciones negacionistas. Mencionábamos antes el negacionismo de la violencia de género, pero también niegan el cambio climático cuando aprueban medidas que derogan la regulación e impuestos medioambientales en línea con los intereses de las grandes energéticas. Negacionismo histórico con su blanqueamiento de los crímenes de la dictadura y su equiparación con golpistas y demócratas. Negacionismo científico, cuando lanzan su discurso antivacunas poniendo en peligro la vida de decenas de miles de personas. E incluso negacionismo laboral, cuando tratan de disfrazar la enfermedad o la incapacidad temporal como fraude para acabar con los derechos conquistados por la clase trabajadora.

Que gobierne la extrema derecha significa beneficiar a unos pocos a costa de la mayoría, que sufre los recortes mientras se le presenta una retórica sin fundamento en la que los migrantes, las feministas o los militantes de izquierda son los culpables de sus problemas. Frente a esto, es urgente redoblar los esfuerzos, también desde los medios alternativos, para desmontar sus informaciones falsas, desnudar su batalla cultural y mostrar así su verdadero rostro, el de los que bailan el agua a los poderosos en defensa de sus privilegios.

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