La próxima Cumbre del Clima se celebrará en Antalya (Turquía) entre el 9 y el 20 de noviembre. Hace la número 31, y este hecho suscita ya la sospecha de su escasa utilidad: la ausencia de los grandes países emisores, la falta de acuerdos vinculantes y el escaso tratamiento de los combustibles fósiles rebajan sus expectativas. El deseable límite de 1,5ºC, acordado en la Cumbre de París, se ha visto superado en los últimos años, aceptándose ya un incremento de 1,7-1,8ºC. La ausencia de medidas ambiciosas está permitiendo que el entorno se vuelva más hostil, con una clara incidencia en la vida de las personas y de las especies.
Según el Informe Lancet Countdown (2025), medio millón de hombres y mujeres en el mundo mueren cada año cono consecuencia del calor. A ello habría que añadir las bajas por otros fenómenos extremos, que golpean severamente la salud y la economía, de ahí la frustración que producen los escasos avances en la toma de decisiones. Mas, aun así, es bueno que 180 representantes gubernamentales se reúnan anualmente, pues, aunque pequeñas, toda iniciativa suma, desde la disposición de fondos de ayuda hasta propuestas de mitigación, adaptación y transición justa. Se espera que las acciones de muchos actores impidan que la crisis climática se desboque, aunque todavía estemos lejos de contenerla.
Tratándose de un hecho respaldado por la comunidad científica y las agencias de meteorología, hay que cuestionar seriamente a quien lo discute (como si sobre los hechos comprobados se pudiera opinar) por motivos económicos, ideológicos o ambos., en la medida que se defienden los intereses privados de las compañías fósiles -con la complicidad de los bancos, cuyos préstamos a este sector aumentaron en un 29%- o de quien no comprende que en un planeta limitado no puede crecerse indefinidamente.
Dada la pereza operativa de Cumbres y gobiernos, a la sociedad civil le corresponde un importante papel de presión, sensibilización y denuncia. En el ámbito electoral rechazando a quienes ponen en duda la crisis climática y se niegan a adoptar medidas, porque están jugando con la vida de miles de personas; y en el ciudadano, recordando que se necesita la colaboración de todos, con viviendas eficientes, movilidad sostenible, comunidades energéticas, reducción en el consumo de carne y, como usuarios de bienes y servicios, un consumo responsable.
Dentro de una serie de justas reivindicaciones motivadas por el momento electoral en el que estamos (derecho a la vivienda, sanidad pública, pensiones…), lo ambiental debe tener también su espacio, pues si se daña aquello que nos protege, como la biodiversidad o el clima, nada tendrá sentido. Aún es tiempo de actuar, personal y colectivamente, sabiendo que solo con la aportación y compromiso de todos (administración, empresa, ciudadanía) puede mantenerse la esperanza en el futuro.







