El discurso medioambiental de los poderes públicos y la realidad están provocando algunas paradojas.
Para empezar, mientras nuestros gobernantes —europeos y nacionales— alardean de desvelos ecológicos, aprueban una aceleración del gasto militar. Después de un aumento del 1,9% al 2,15% del PIB entre 2024 y 2025, el gasto se espera que suba en unos 80.000 millones de euros y alcance el 2,5% del PIB” este año.
Además, no cesan de insistirnos a las clases populares en nuestra responsabilidad en el deterioro del planeta, pero nadie prestó atención al detalle de que cerca de 200 aviones privados de ejecutivos pasaron por el aeropuerto de Madrid-Barajas durante los días de septiembre de la Formula l en Madrid.
Como ya ocurrió en la final de la Champions de Fútbol en 2019, fue necesario habilitar en el aeropuerto zonas especiales para estacionar los jets privados que llegaban.
Un estudio de la ONG Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT, en inglés) mostró que cada jet privado genera de media al año tantos gases de efecto invernadero (GEI) como 177 coches u ocho camiones pesados (moviendo a mucha menos gente o mercancías, claro).
Y por si los aviones de los ricos no contaminaban bastante, añadieron los aviones “de los pobres”, o sea, los que pagamos todos. En el Madring, tras la interpretación del himno español, hubo la tradicional pasada de una formación de aviones militares en todos los circuitos. Se encargó al Ala 14 de la base aérea de Los Llanos (Albacete) con sus Eurofighter.
Vamos a otro detallito. Uno de los elementos troncales del discurso gubernamental para enfrentar el cambio climático es la transición a los coches eléctricos. De todos es sabido que, más allá de algunos otros inconvenientes, uno de los obstáculos para que gran parte de la población se cambie a esos coches, es su coste. También sabemos que el gran productor de vehículos eléctricos, y sin competencia en precio, es China. Pues bien, uno de los eléctricos más baratos en China es el Wuling Hongguang Mini EV 2026, es un coche pequeño de 4 plazas, 30 kW y 205 km de autonomía, cuya versión básica de 2026 los chinos están comprando por unos 5.781 euros.
Seguro que sería magnífico tener un coche similar en Europa y por ese precio, mucha más gente no se lo pensaría a la hora de abandonar el de gasolina o gasoil. Según los cálculos que he hecho, para que ese coche se vendiera en España, habría que sumarle el arancel estándar del 10%, más otro impuesto por la UE por ser chino del 35,3 %. Más, claro está, el IVA del 21%. En total el coche ya estaría en 10.165, casi el doble solo por recargos e incrementos por decisión política.
Por su parte, los gobiernos europeos siguen subvencionando los coches eléctricos de mayor precio para los que se lo pueden permitir. Es evidente que, si tanto les preocupase el medioambiente, podrían favorecer la importación de coches similares al Wuling Hongguang sin tanto sobreprecio, que estarían en el mercado por menos de 7.000 euros. Pero aquí castigar a China es más prioritario que el planeta.
Mientras tanto, las brillantes medidas para salvar el planeta que se van poniendo en marcha son del tipo de la prohibición de comercialización de salsas en bolsas individuales, la prohibición de pajitas de plástico o la obligación de mantener los tapones unidos a las botellas.
Eso sin olvidar algunos talleres en centros sociales públicos para que las mujeres se fabriquen sus compresas de tela y las reutilicen.
Pues eso, paradojas que creo no necesitan comentario.








