“Nos detuvimos en la busca de monstruos debajo de la cama cuando nos dimos cuenta de que estaban dentro de nosotros”
(Charles Darwin)
Los folletos turísticos dicen que no existe ningún lugar en el mundo como las islas Galápagos, ese fue el “pequeño” detalle en el que se fijó un naturalista novato llamado Charles Darwin cuando llegó en 1835 a bordo del bergantín HMS Beagle. Su obra El origen de las especies, de 1859, le debe mucho a estas islas volcánicas aisladas en medio del Pacífico. El archipiélago de las Galápagos está situado a 1.000 km de la costa continental americana. Esta distancia y la confluencia de tres grandes corrientes oceánicas (Humboldt, Panamá y Cromwell), que tienden a alejar de la costa cualquier cosa que flote, hizo que durante millones de años el archipiélago evolucionara al margen del resto del mundo. Pero aquellas condiciones tan especiales de las Galápagos, las que maravillaron al hombre del Beagle, hoy han cambiado: un turismo masivo y la presencia de una nueva base militar USA son las principales razones de la mutación.
El gobierno de ese empresario/presidente bananero, Daniel Noboa, ha dispuesto que las islas Galápagos se convirtieran en base militar de Estados Unidos, según los tratados de cooperación militar de Estados Unidos con Ecuador firmados por Noboa. Así, mediante el Decreto del 15 de febrero de 2024, Quito ratificó el Acuerdo con Washington relativo al Estatuto de las fuerzas. En realidad se trata de una patente de corso: se otorga al personal militar y civil del Departamento de Defensa y sus contratistas, privilegios, exenciones, e inmunidad equivalentes a lo recibido por el personal administrativo y técnico de las misiones diplomáticas. Por la fuerza de los hechos y la presencia en el acuerdo de otro empresario/presidente, como es Donald Trump, de nada sirve que ese archipiélago fuera declarado Patrimonio Natural de la Humanidad, por la Unesco, en 1978. El nuevo orden mundial toma al asalto, ¡en las Galápagos!, el emblema de su deriva hacia la total involución.
El excandidato correista a la Presidencia de Ecuador asegura que el objetivo real no es combatir el narcotráfico sino tener una base para la Tercera Guerra Mundial contra China, como parte de su estrategia del control del Pacífico
El emplazamiento de la base militar estadounidense, lejos de la argucia expresada: combatir el narcotráfico, obedece a los intereses de Washington en lo que supone “tener una base para la Tercera Guerra Mundial contra China, como parte de su estrategia del control del Pacífico. EE.UU. ya tuvo su base militar en Baltra, Galápagos durante la Segunda Guerra Mundial, precisamente por las mismas razones”, según recuerda Andrés Arauz, excandidato a presidente por el correismo. Cabe recordar que la Constitución ecuatoriana, vigente desde 2008, prohíbe explícitamente la instalación de bases militares extranjeras en territorio nacional. Este principio se redactó durante el proceso constituyente impulsado durante el gobierno de Rafael Correa. Ante la prohibición expresada en el texto constitucional, Noboa envió una propuesta a la Asamblea Nacional para eliminar el artículo que restringe la presencia militar extranjera. El Parlamento se negó a discutirlo; pero la instalación de la Base prosiguió igual tras haber logrado el aval de la Justicia Constitucional.
En su libro Base Nation, el antropólogo David Vine muestra cuán extensa es realmente esta red de bases militares en el extranjero, con alrededor de 800 instalaciones que albergan a alrededor de medio millón de estadounidenses en el exterior. Las bases de “nenúfares”, pequeños lugares desde donde se pueden lanzar aviones y que a menudo operan en secreto, han proliferado especialmente desde el inicio de la Guerra contra el Terrorismo, comenzada en setiembre de 2001.
Según el Plan de Operaciones Empresariales de la Defensa Nacional de Estados Unidos (2018-2022), el ejército estadounidense gestiona una cartera global que consiste en más de 568.000 activos (edificios e infraestructura) ubicados en 4.800 lugares en todo el mundo. El presupuesto de Defensa ronda los 700 mil millones de dólares anuales, además de algunos recursos extras de acuerdo a las contingencias, muy por encima de lo que destinan sus rivales como China o Rusia.
En 2009, el expresidente ecuatoriano Rafael Correa justificó su negativa a renovar un arrendamiento militar estadounidense de la base en Galápagos con una broma: “Si está bien tener soldados en suelo de otro país, seguramente nos dejarán tener una base ecuatoriana en los Estados Unidos”. Al margen de la chanza, recordemos otras palabras de Darwin: «En algún momento de un futuro no muy lejano, las razas civilizadas del hombre se exterminarán casi por seguro, y las reemplazarán las razas salvajes en todo el mundo».








