A propósito del 25N, Día Internacional Contra la Violencia contra las Mujeres, cabe preguntarse ¿por qué la mayor parte de las personas destinadas al mercado de la prostitución son mujeres? Lo que se responde con la ideología de la prostitución, que sostiene por un lado, que los hombres tienen derecho a satisfacer sus necesidades sexuales y por otro, que la sociedad tiene que proporcionársela, sea como sea, creando un mercado de venta de cuerpos de mujeres.
La gran contribución argumental actual favorable a la ideología de la prostitución es la libre elección o el consentimiento. Bajo el pretexto de la “libertad” triunfa la vorágine capitalista. “No hace daño a nadie, se basa en el libre consentimiento de las partes” alegan… . Pero el argumento del consentimiento y de la libertad contrasta con la realidad porque la mayor parte de las mujeres que se encuentran en situación de prostitución proceden de los países empobrecidos. Si la prostitución se nutre de la misera y de las clases sociales, no podemos hablar de un contrato sexual desde la equipotencia.
En nuestro país ningún gobierno ha aprobado una ley abolicionista del sistema prostitucional. Y no fue de recibo la proposición de ley del PSOE que se limitaba a sancionar al proxenetismo y a consumidores, en vez de erradicar el sistema prostitucional por completo y otorgar una alternativa y recuperación integral de las supervivientes. Tampoco fue de recibo la ley que prometió el Ministerio de Igualdad de Irene Montero, una ley incoherente que pretendía penalizar la trata, ¿cómo? intentando disociar lo indisociable “prostitución y trata”.Entendemos que sin prostitución no habría trata. De esta forma la exminisrtra estaba aceptando el eufemismo de la libre prostitución, asociado a la libre elección con tal de contentar a sus fieles votantes del lobby del trabajo sexual. La prostitución no se ejerce, se padece. El minúsculo lobby del trabajo del sexo no puede desviarnos la atención al no hacer crítica de la desigualdad sexual y económica como causa de la prostitución.
Lo urgente e imprescindible es una ley abolicionista integral que además de incorporar en el Código Penal la sanción a puteros y prisión de proxenetas, transforme las instituciones de la sociedad para una reparación integral de las supervivientes, debiendo conllevar medidas económicas importantes para su implantación.
Alexandra Kollontai consideraba que la unión sexual debía ser entre seres completamente libres y eso es algo imposible en la prostitución. Engels afirmó que “la prostitución no sólo degrada a las mujeres prostituidas, sino que también envilece a todo el sexo masculino.” Asimismo, consideró que “la prostitución no es un trabajo sino una actividad degradante que sufren las mujeres como causa de la explotación capitalista”. Marx sostuvo que “Las mujeres prostituidas son un colectivo social que no puede constituirse como clase proletaria en tanto que no vende su fuerza de trabajo porque ni siquiera la posee.” De todos los “trabajos humanos” de los que habla Marx, la actividad prostitucional es la única actividad en la que se vende lo que no se vende en ningún trabajo. En el Libro I El Capital, la prostitución es sistemáticamente incluida en lo que Marx llama “lumpemproletariado”:un contingente que no compone una clase social por constituirse por personas desposeídas de la base de su humanidad. Pero Marx no las condena, sino que lo que condena son las condiciones perjudiciales que atraviesan.
Para desactivar el proxenetismo necesitamos un gobierno que se moje y plante cara al mercado. Actualmente, los programas que se están desarrollando para auxiliar a las mujeres prostituidas provienen de proyectos muy improvisados. Y si se dan es gracias a pocas organizaciones voluntarias con escasos recursos humanos y económicos. Desde el feminismo y el comunismo se reivindica desde hace más de un siglo que la erradicación de la esclavitud de las mujeres debe ser abordada desde el corazón de las políticas sociales. ¿A qué están esperando? El capitalismo es garante de este crimen organizado, que intensifica la operación de colonialismo sexual, por la que mujeres de muchas partes del mundo son expulsadas de sus países y traídas a los países centrales para que toneladas de hombres accedan a sus cuerpos. Nos duele que no duela.







