Pedro Sánchez lo ha vuelto a hacer. No solo logra situarse como un referente internacional, también cambia el paso de la política nacional situando a PP y Vox a la defensiva reapropiándose del marco del patriotismo que la derecha consideraba suyo.
Trump invadió Irán sin más complicidad que la de Israel, o más bien al revés. El caso es que las cancillerías europeas se enteraron prácticamente por las noticias y tal era la sumisión mostrada y la arrogancia de Trump, que este simplemente consideró que todos sus “socios” se implicarían acríticamente en mayor o menor medida en su guerra pese a no ser informados.
Ahí es donde a Sánchez hay que reconocerle el valor de marcar la diferencia, pero viendo a Merz, Macron o Starmer tampoco era muy difícil. Desde la entrada de Trump en la Casa Blanca por segunda vez, la deriva servil de la UE y demás miembros de la OTAN con respecto a EE.UU. es vergonzante con capítulos que serán recordados como la foto de Ursula von der Leyen en el campo de golf de Escocia o las declaraciones de Rutte sobre Trump llamándole “daddy”.
En esta deriva marcar la diferencia era sencillo para Sánchez, conocedor que en España hay un enorme sentimiento pacifista y también porque no decirlo un enorme sentimiento contrario a la injerencia estadounidense, mucho más que en otros países. Recordar que hace justo 40 años, un 12 de marzo de 1986, 7 millones de personas votaron no a la permanencia en la OTAN. Sánchez se tiró a la piscina sabiendo que había agua al menos en el lado de la piscina español, en el internacional la imprevisibilidad de Trump lo dirá, y ahí es donde a Sánchez hay que reconocerle el valor.
Ante la amenaza de Trump de bloquear económicamente a España, Sánchez decidió frenar la escalada y prefirió construir relato apelando a la guerra de Iraq. Su principal objetivo era cambiar el marco en España. Aznar, las Azores, 11M y victoria de Zapatero hay quien en Ferraz pensará hasta en adelantar las generales si este asunto sigue funcionando. Como seguir haciéndolo funcionar ante un impredecible Trump es lo único que les frena. Zapatero no se levantó ante la bandera de EE.UU. en el desfile nacional de 2003, pero Bush con todo lo que era Bush, no es Donald Trump. Por eso Sánchez prefirió frenar la escalada de tensión con EE.UU., ya tenía suficiente para construir relato reapropiándose del “No a la Guerra” de Iraq.
Pero después de la guerra de Iraq, vino Libia y el mismo Zapatero y en el entonces JEMAD Julio Rodríguez mandaron cientos de soldados, aviones F18, una fragata F100 y hasta un submarino. Hoy gracias a eso Libia es un Estado fallido 15 años después. Pero no solo Libia, también Siria, Líbano, la “piratería somalí” y Afganistán donde se multiplicó por 5 el contingente español gobernando el PSOE.
Cuando la guerra de Iraq que hoy recordaba Sánchez, algunos nos tirábamos de los pelos por cómo el PSOE pudo capitalizar el sentimiento pacifista. Recordábamos cómo apenas 4 años antes, un mes de marzo también como este, pero de 1999, el socialista Javier Solana entonces secretario general de la OTAN, firmó el inicio de los bombardeos sobre Yugoslavia. En aquella ocasión ni autorización explicita hubo de la ONU. No a la guerra, sin la OTAN. Ese es el verdadero lema del PSOE.
Lo vemos hoy también en Ucrania, a la que se le reconoce el legitimo derecho a la defensa que no se le reconoce a Irán y donde mandamos millones en armamento. La única diferencia entre Ucrania e Irán es el consenso de la OTAN, también cuando Sánchez negó el uso de Rota recordó que solo para las guerras en el marco de la OTAN pueden usarse.
En el bloque occidental de la OTAN tenemos un EE.UU. que ya no está dispuesto a tener aliados, ni a avisarles cuando emprenda guerras a las que deberán seguirle. Francia, Alemania y Reino Unido estaban dispuestos a esta nueva relación de mayor vasallaje y ya habían anunciado su participación pese a enterarse por la prensa de la invasión de Irán. Pedro Sánchez ha dicho que no y eso hay que reconocérselo pues también abre un marco donde la izquierda real tenemos nuevas posibilidades si sabemos aprovecharlas.
No es el sentimiento pacifista lo que mueve a Pedro Sánchez, es la resistencia al nuevo modelo de vasallaje que Trump quiere imponer a los mal llamados socios del bloque de la OTAN. Sánchez añora esas guerras donde no te sentías un pagafantas y los recursos y las áreas de influencia se repartían de manera muy desigual, pero algo te caía aunque fuera muy indirectamente. Guerras de las que no te enterabas por la tele, donde tenías tiempo para ganarte a la opinión pública de tu país convenciéndoles de ir a defender la democracia y la libertad contra un tirano. Guerras donde hasta tenías cierto protagonismo y uno del PSOE era secretario general de la OTAN y las firmaba como Solana en Yugoslavia. Pero ese modelo de bloque está en decadencia y EE.UU. considera que la manera de salir de esa decadencia es practicar un mayor vasallaje sobre sus “socios” en un contexto de escalada bélica como mecanismo para seguir siendo el hegemon del mundo.
Bush no era Trump, Irán no es Iraq, y aquella guerra a pesar de lo cruenta tenía unos margenes temporales y geográficos. Hoy no es así y nos adentramos en una escalada bélica ya no como herramienta para la apropiación de recursos en un mundo unipolar, sino como herramienta para frenar el mundo multipolar y eso a la guerra hoy le da un carácter mundial y sistémico. Eso hace que el no a la guerra de Sánchez, aunque sea un no a la guerra interesado, un no a la guerra sin la OTAN, tiene un enorme valor pues nos sitúa en el lado correcto, o al menos no en el equivocado que encamina a la humanidad a una crisis que hace peligrar su propia supervivencia.
Para situarnos en el lado correcto y no solo en el no equivocado deberemos circunscribir las declaraciones de hoy de Pedro Sánchez dentro de la contradicción del bloque imperialista occidental. No contribuyamos en exceso a situar a Pedro Sánchez como un referente pacifista, pues él y su gobierno han duplicado en los últimos 10 años su gasto militar, fundamentalmente los últimos años ha realizado el mayor aumento de gasto militar de su historia. También es cierto que la posición de España dentro de la UE y la OTAN, tiene capacidad de influencia en el bloque y hoy Macron y Starmer recogen cable.
Ni se puede aceptar el nuevo vasallaje de Trump, ni pretender volver al modelo del bloque imperialista anterior y sus guerras de consenso. El mundo multipolar se abre paso imparable y España debe tomar decisiones en el sentido de facilitar y colaborar en la construcción de ese mundo multipolar. La salida de la OTAN y el desmantelamiento de las bases de EE.UU. en España es sin duda el primer paso para ello.
La semana que viene se cumplen 40 años del referéndum sobre la permanencia en la OTAN, entonces 7 millones de personas optaron por salir de la OTAN y los otros 9 decidieron permanecer con 3 condiciones que no se han cumplido. El contexto era distinto, había un enorme sentimiento pacifista en aquellos últimos años de la guerra fría por el miedo a lo que se denominó la Destrucción Mutua Asegurada (DMA) con la proliferación de armas nucleares.
Pero España era y es un país pacifista, Sánchez lo sabe y hoy lo ha demostrado. Igual que Feijoo sabe que en España hay un sentimiento soberanista y más frente a EE.UU., por lo que está en una encrucijada moderando su discurso entre la crítica a Sánchez y su aislamiento, y por otro lado la crítica a la injerencia estadounidense. Todo ello pesó hace 40 años, pero hoy sigue ahí como condición de posibilidad para construir otro encaje de España en el mundo, más aún cuando a cada acontecimiento dramático, a cada declaración de Rutte o Von der Leyen se caen las caretas de nuestro viejo papel en el mundo.







