Desde mucho antes del 28 de febrero el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se la ha pasado diciendo mentiras sobre Irán y lo sigue haciendo; desde que era un objetivo muy fácil, hasta que quieren negociar, pero ahora es su gobierno el que quiere luchar, y conmina a los iraníes a deponer las armas o morir.
Esto último, según él, porque en seis días les aniquilaron el 60 por ciento de sus misiles y el 64 de sus rampas de lanzamiento. Es como decir: “ya ganamos” y, por tanto, ni siquiera les deja la alternativa del diálogo porque “llegaron un poco tarde”, o sea, están condenados a ser sacrificados. Irán será “israelizado”. Pero, al mismo tiempo, se contradice y confiesa que los iraníes «son duros y quieren luchar”.
Frente a esa declaración, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Seyed Abbas Araghchi, aseguró que Teherán no quiere alto el fuego, ni cualquier negociación, ni la ha solicitado. Por el contrario, aseguró que están preparados para enfrentar una eventual escalada militar, incluso una incursión terrestre estadounidense, y por largo tiempo.
Al mismo tiempo, Trump se comprometió a mantener abierto el Estrecho de Ormuz (aunque está cerrado) y que escoltará a los tanqueros para que Europa y el mundo no se queden sin el petróleo que cruza por allí. La respuesta iraní fue una advertencia muy escueta: “pruebe a hacerlo”.
Pero hay cosas que seguramente Trump valorará primero. Por ejemplo, una información del Wall Street Journal aún no desmentida de que los drones y misiles iraníes desafían a las fuerzas estadounidenses al límite de sus capacidades y el Pentágono enfrenta riesgos cada vez mayores para sus fuerzas militares en Medio Oriente.
Mientras el presidente habla de poder, Irán está lanzando oleadas de ataques con misiles y drones en toda la región que están poniendo a prueba su capacidad para defender una franja de territorio, dice el periódico en contrario a la proclama presidencial.
El desafío para las fuerzas estadounidenses, advierte, es gestionar los ataques iraníes, pero la carga es pesada porque tienen que proteger a decenas de miles de sus soldados estacionados en la región, y a docenas de embajadas y otras instalaciones gubernamentales.
Hay una cuestión importante, explica el Wall Street: las reservas iraníes de misiles de corto y mediano alcance, así como los enjambres de drones Shahed explosivos y las capacidades de guerra cibernética y electrónica, plantean una amenaza formidable a las bases militares estadounidenses en la región, y eso lo admitió Ravi Chaudhary, ex secretario adjunto de la Fuerza Aérea, a cargo de las instalaciones.
Este oficial dijo algo más preocupante que Trump no ha desmentido: “Nuestros adversarios han demostrado la intención y la capacidad de atacar nuestra infraestructura crítica para interrumpir la capacidad de Estados Unidos de proyectar poder aéreo”. A su vez, el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, advirtió a la Casa Blanca que podrían agotar las municiones necesarias para futuros conflictos con adversarios como China. Trump parece desconocerlo y asegura que, por el contrario, hay cantidades industriales para un montón de tiempo de guerra.
Otro personaje muy importante, Daniel Byman, director del Programa de Guerra, Amenazas Irregulares y Terrorismo del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, dice también todo lo contrario de Trump: “Disponemos de un número muy limitado de ciertas municiones”. “Además, hay mucho (terreno) que defender”.
Algunos expertos dicen que la guerra a Irán es un error de cálculo de Trump y que sus asesores de la CIA y del Mosad sionista o le informaron mal, o no supieron manejar la Inteligencia Artificial cuando concluyeron que Irán era un objetivo más fácil de derrotar, que el secuestro del presidente de Venezuela
Tomando en cuenta estas contradicciones, algunos expertos dicen que la guerra a Irán es un error de cálculo de Trump y que sus asesores de la CIA y del Mosad sionista o le informaron mal, o no supieron manejar la Inteligencia Artificial cuando concluyeron que Irán era un objetivo más fácil de derrotar, que el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Es difícil de verificar esto, pues tendría que hacerlo el propio mandatario.
Esto lleva a dudar si Trump conocía la capacidad misilística iraní real y los 18 tipos distintos exhibidos hasta ahora, con diferente potencial, capacidad de carga, distancia y velocidad de vuelo, y una producción amplia y sostenida que data de 2003 precisamente en preparación de una esperada agresión conjunta de EE.UU. e Israel, incluso de mayor proporción a la actual.
También parece que se equivocaron en el juicio de valor del pueblo iraní y mucho menos de que la agresión uniera en un solo espacio patriótico a todos los religiosos de distinto credo; y también en que el asesinato del ayatolá Khamenei derrumbaría el orden estructural de la nación y las instituciones revolucionarias islámicas creadas por el líder supremo como, las Asambleas de Discernimiento, de Convivencia del Estado y de Sabios, el Consejo de Guardianes. Gran frustración.
Esto hace que las mentiras de Trump se multipliquen y sean cada vez más grandes en la medida en que se le agoten sus recursos militares convencionales, y se vea obligado a buscar alguna justificación para detener el conflicto y no hacer un gran ridículo.
Como el gasto ha sido mucho mayor que el estimado debido a la fortísima respuesta iraní, dudan mucho de lo que afirma su comandante jefe de que tiene reservas en el escenario de guerra para un tiempo indefinido
Hay un tema que aqueja al presidente republicano, y es la enorme preocupación de los generales de EE.UU. de quedarse sin los millones de municiones de lo que alardea, principalmente cohetes de intercepción, calculados para un máximo de cuatro semanas. Como el gasto ha sido mucho mayor que el estimado debido a la fortísima respuesta iraní, dudan mucho de lo que afirma su comandante jefe de que tiene reservas en el escenario de guerra para un tiempo indefinido.
Eso se va a ver más claramente muy rápido si Trump se decide a dar la batalla por Ormuz, que seguramente pasaría a ser el frente principal de la guerra. Lo que sí parece cierto es que ni su industria militar, ni la de Israel, van a poder soportar el ritmo de la demanda de material bélico y buscarán más apoyo en los países de la OTAN como están haciendo con Francia, Reino Unido, Alemania y otros más que ya le dieron acceso a sus bases militares.
El riesgo es que la Unión Europea quedaría involucrada en el conflicto, al igual que los 12 países de Oriente Medio con presencia militar estadounidense.
Si es como se observa, y según declaraciones de sus líderes, Irán sí resistirá, no tanto por una correlación de fuerza a su favor en capacidad militar, sino porque el teatro de batalla es su territorio y no tiene que salir o depender del exterior, para obtener las armas para su defensa.
Por eso, un alto jefe naval persa conminó a Trump a que cumpla su declaración sobre Ormuz y le advirtió que, a sus bases de reabastecimiento en el golfo les pasará lo mismo que a la de la V Flota en Bahréin, destruida o severamente dañada. En redes sociales se especula de ataques también a la base de Diego García, territorio usurpado por Reino Unido perteneciente a Mauricio, la más cercana para abastecer a EE.UU. en el golfo de Omán y el mar Arábigo, a seis días de navegación ida y vuelta.
Hasta ahora, esta es una guerra aeromarina, y aunque Trump e Israel han anunciado incursiones terrestres, seguramente no lo harán de forma masiva porque la situación no pinta nada bueno en favor de una ocupación y las bajas serán considerables para todas las partes.
Es poco creíble la reciente afirmación del secretario de Guerra, Pete Hegseth, de que: “En menos de una semana, Estados Unidos e Israel tendrán el control total del espacio aéreo iraní”, porque la capacidad de respuesta de Irán basada en drones y otras armas antiaéreas es muy importante y sofisticada.
Lo intranquilizante para los generales del Pentágono y de los sionistas, es que todo hace indicar que la producción de misiles y drones iraníes no se ha paralizado
Lo intranquilizante para los generales del Pentágono y de los sionistas, es que todo hace indicar que la producción de misiles y drones iraníes no se ha paralizado, y se demuestra con la cantidad que han empleado en seis días sin dar signos de una disminución.
En este panorama no hay porqué cuestionar a los especialistas que vaticinan una derrota militar y política de Trump. Se basan en que las proyecciones de una guerra rápida no se están cumpliendo y que muy rápidamente está pasando a una más prolongada y de desgaste y que, a pesar del apoyo que pueda recibir de la OTAN, Estados Unidos seguirá dependiendo en lo básico de sus fábricas a 10 mil kilómetros del escenario de batalla.
Con solo una semana de guerra, y dos contra uno, Irán mantiene un alto volumen de fuego, muy significativo en términos de equilibrio militar en la región.
Otra preocupación de los agresores es que el asesinato del ayatolá Khamenei no produjo los resultados esperados de que el descabezamiento del poder sería suficiente para provocar un cambio político. La estructura militar y política de la nación persa está concebida de tal manera que, pase lo que pase, la cadena de mando nunca se romperá ni siquiera un minuto.
En resumen, el tiempo está actuando muy duramente contra Trump, no solamente en el golfo, sino en los propios Estados Unidos, y como es una persona obsesiva e impredecible, hay que estar preparados para esperar cualquier barbaridad cuando se vea acorralado y las mentiras no le funcionen.







