Este lunes 30, iniciando ya el segundo mes de una guerra prevista para tres días, Donald Trump lanzó el enésimo ultimátum a Irán si insiste en no abrir «inmediatamente» el estrecho de Ormuz. Parece que quiere destripar a la nación persa, dejarla a oscuras, matarla de hambre, causarle millones de muertos, y ocuparla comenzado por alguna de sus islas.
Es el mensaje cruel de hace unas horas, matizado con otra afirmación nunca probada por él ni confirmada por su adversario: estamos negociado y ya hemos vencido. Irán está destruido. Entonces, ¿por qué esa ansiedad de acabarlo de hacer leña como dijo en su sitio si ya no existe?
«Estados Unidos de América está en conversaciones serias con un régimen nuevo y más razonable para poner fin a nuestras operaciones militares en Irán. Se han logrado grandes avances, pero si por alguna razón no se llega pronto a un acuerdo, lo cual es probable, y si el estrecho de Ormuz no se abre inmediatamente al tráfico marítimo, concluiremos nuestra estancia en Irán destruyendo por completo todas sus centrales eléctricas, pozos petrolíferos y la isla de Jarg (¡y posiblemente todas las plantas desalinizadoras!), que deliberadamente aún no hemos tocado. Ese es el texto del mensaje.
Tratando de ser realistas, la realidad no parece encajar con la que describe Trump, y más bien parece que está frente a la encrucijada de mantener o terminar la guerra —no por voluntad de él, sino de los iraníes—, algo que, de ser así, nunca estuvo en sus planes al iniciar conjuntamente con Israel una guerra que rápidamente cambió sus propósitos anunciados de detener un presunto desarrollo del arma nuclear por parte de Irán, a una estrategia de conquista y cambio de régimen que tuvo como centro el asesinato de su dirigencia religiosa, política y militar.
A esa conclusión llegan analistas europeos después de analizar que el conflicto está ocasionando un desgaste notorio de los arsenales de ambos atacantes y complicando el mercado petrolero mundial con graves consecuencias en el comercio exterior, ya cumplió un mes sin que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) dé señales de que se le ha agotado su parque defensivo.
Observadores británicos no le confieren muchas alternativas a Trump y su equipo, las cuales incluso pueden entrar en contradicciones con Israel: cerrar un acuerdo potencialmente defectuoso y retirarse, o intensificar la acción militar y arriesgarse a un conflicto prolongado que podría consumir su presidencia.
Trump mantiene su narrativa de un triunfo, sin mostrar hechos que lo confirmen, mientras concluye otra semana más luchando por contener la creciente crisis en Oriente Medio frente a un Irán desafiante que mantiene el control sobre los envíos de petróleo y gas del Golfo, y continúa los ataques con misiles y drones en toda la región, explica el análisis de la agencia.
Una pregunta compartida también por otros medios, incluidos The New York Times y The Washington Post, es si Trump está dispuesto a reevaluar la guerra en Irán en favor de un freno a la crisis energética y por tanto económica, que tiene patas arriba el comercio mundial y las finanzas.
Trump ha dicho a sus asesores que quiere evitar una “guerra interminable” y encontrar una salida negociada, instándolos a enfatizar la duración de las hostilidades de cuatro a seis semanas que ha anunciado públicamente, según un alto funcionario de la Casa Blanca, quien añadió que dicho plazo parece “poco fiable”, indica Reuter.
Pero, al mismo tiempo, EE.UU. intensifica los ataques, amenaza con bombardear los centros energéticos iraníes, como elementos de presión para que Teherán acepte su propuesta de paz de 15 puntos, que no es tal, sino condiciones de rendición para cesar la guerra, considera la agencia británica.
Jonathan Panikoff, ex subdirector de inteligencia nacional de Estados Unidos para Oriente Medio, expresa por su parte que el problema radica en la falta de claridad sobre cuál sería un resultado satisfactorio de las intenciones controvertidas de Trump, pues todo hace pensar en una falsa pretensión de negociar, a juzgar por un funcionario de la Casa Blanca no identificado, quien insistió en que la campaña contra Irán “concluirá cuando el comandante en jefe determine que se han cumplido nuestros objetivos” y que Trump había establecido metas explícitas.
Esa afirmación parece congruente con informaciones no desmentidas por el Pentágono de que Trump está desplegando miles de soldados estadounidenses más en la región y advirtiendo a Irán de una ofensiva intensificada, que posiblemente incluya el uso de hasta 10.000 infantes de marina, si no cede a sus demandas.
Reuter estima que una demostración de fuerza así, conlleva el riesgo de involucrar a Estados Unidos en un conflicto más prolongado, ya que cualquier despliegue de tropas en territorio iraní probablemente enfurecería a muchos votantes estadounidenses.
Las consecuencias internas para Trump si decide lanzar un último gran ataque aéreo para intentar debilitar las capacidades militares y las instalaciones nucleares de Irán, podría agravar el rechazo a la guerra —ya superior al 50 por ciento—, que está encontrando en el electorado, al igual que rebasar el 64 por ciento en su contra en los niveles de aceptación de su presidencia.
Según una encuesta de Ipsos realizada esta semana, la guerra es sumamente impopular entre los estadounidenses, y mientras que la iniciativa MAGA de Trump lo ha apoyado mayoritariamente, su influencia sobre su base política podría debilitarse si persiste el impacto económico, incluyendo los altos precios de la gasolina. El índice de aprobación general de Trump ha caído al 36%, el más bajo desde su regreso a la Casa Blanca.
Como muestra de la creciente inquietud republicana, el representante Mike Rogers, presidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, criticó el jueves a la administración por no proporcionar suficiente información sobre el alcance de la campaña contra Irán.
Los analistas señalan que un punto clave para una presunta inflexión en la guerra más beneficiosa para Trump sería la reapertura, no solamente completa, sino de forma segura ciento por ciento, del Estrecho de Ormuz, algo que Irán se niega a permitir hasta el momento. Eso ha hecho que el mandatario haya manifestado su frustración por la negativa de los aliados europeos a enviar buques de guerra a esa vía marítima.
No escapa al análisis de los expertos que las evaluaciones triunfalistas de Trump no son creíbles, y que se han orientado cada vez más a un mensaje para tranquilizar los nerviosos mercados financieros, presionando a sus principales asesores para que enfaticen que la guerra terminará pronto, según un alto funcionario de la Casa Blanca que habló bajo condición de anonimato para comentar sobre deliberaciones internas.
Hay un factor muy negativo para Trump, y es que el gobierno iraní apuesta a que puede soportar más dificultades durante más tiempo que sus adversarios, y puede que tenga razón, según Jon Alterman, del centro de estudios estratégicos e internacionales Center for Strategic and International Studies, con sede en Washington.
El resultado lo resumió Laura Blumenfeld, de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados Johns Hopkins en Washington, al advertir que “Trump envía señales contradictorias. Es una máquina de mensajes engañosos y desorientadora, capaz de mantener a sus oponentes en vilo.”
Para mayor complicación de Trump y Netanyahu, los hutíes ya entraron en la guerra, a fin de ejercer la máxima presión sobre los aliados de los estadounidenses y sionistas en el golfo y en general en Asia Occidental, porque es muy probable que complementen la medida de Teherán de controlar el estrecho de Ormuz con iguales medidas en el de Bab el Mandeb, lo cual obligará a Washington y las capitales del golfo a desplazar cada vez más su atención hacia Yemen.
Los rebeldes hutíes hicieron su primer lanzamiento de misiles balísticos contra Israel, y prometieron continuar su ofensiva hasta que «cese la agresión contra todos los frentes de resistencia», como ya había informado Alma Plus.
Bab el Mandeb es una ruta estratégica cuyo bloqueo asfixiaría al golfo Pérsico y dispararía el precio del petróleo. The Wall Street Journal recuerda que los hutíes ya «paralizaron» el tráfico por el mar Rojo durante una buena parte de dos años, obligando a muchas navieras a evitar el canal de Suez y a desviar sus rutas alrededor del cabo de Buena Esperanza. Este viernes, el grupo elevó el tono, asegurando que sus «manos están en el gatillo para una intervención militar directa».
Adam Baron, especialista en Yemen y el Golfo, señaló que la entrada de los hutíes en la guerra «eleva realmente las apuestas», pues «arrastra al canal de Suez y a los egipcios, e implica más a Arabia Saudita».
Atlantic Council dibuja tres posibles escenarios de intervención de los hutíes en la guerra contra Irán, cada uno con niveles de riesgo distintos, tanto para el movimiento yemení como para la estabilidad regional:
1) Reanudar ataques contra los sionistas, con misiles y drones, ya demostrado cuando la guerra de Gaza, que pueden penetrar el espacio aéreo israelí causando decenas de víctimas y daños, incluidos impactos en el aeropuerto Ben Gurión. 2) Volver a golpear la navegación en el mar Rojo, palanca económica de mucho riesgo para Arabia Saudita. Esta opción pondría en peligro la actual distensión con Riad. 3) Desde su posición a lo largo del estrecho de Bab el Mandeb —un cuello de botella marítimo clave—, a los hutíes les resulta mucho más fácil perturbar el tráfico que alcanzar Israel.
Todo esto descrito hasta aquí atormenta bastante a Netanyahu porque, si se diera el hipotético caso de que Trump en realidad esté necesitado de un fin de la guerra en la cual no tenga que poner en peligro la vida de los casi 50 mil infantes de marina destacados en el área para una supuesta invasión territorial de Irán, y se aparta del conflicto, ¿podrá el ejército sionista mantener y no ser derrotado, todos los frentes militares que ha abierto? ¿Le alcanzarán sus municiones? Tanto Irán, como Israel, no tienen de otra que esperar por el King sin corona de la Casa Blanca. Pero, se vaya o se quede, nadie cree que la aventura iraní le haya salido como esperaba.







