Hay casualidades dignas de celebrar, como el de esta catedrática de Física y Química que durante la pandemia descubre los cuadernos escolares escritos por su madre y una tía en la escuela de niñas de Escarabajosa, pueblo abulense al que el franquismo cambió el nombre por el de Santa María del Tiétar. Estos trabajos, que llevaban cuatro décadas durmiendo en cajas de madera que los conservaron, tenían la singularidad de abarcar el quehacer escolar de estas niñas durante la República, la guerra y la España fascista, lo que nos permite ir viendo cómo cambia la educación en esta escuela unitaria de 45 niñas que refleja lo que sucedió en el resto del país. Escarabajosa fue uno de los pocos pueblos de la provincia de Ávila donde no triunfó el golpe de julio de 1936. Escarabajosa y su escuela estuvieron bajo el mando republicano hasta el 9 de octubre de 1936.
Como buena profesora, María Jesús Martín-Díaz ha sabido realizar una selección de trabajos que nos van guiando por los aspectos más importantes de esa terrible transformación que llevó desde la escuela de la República, comprometida con los niños, de la escuela laica del conocimiento, la reflexión y el espíritu crítico, a la escuela del catecismo, de “ese librito que aunque parece de poco valor no lo supera ninguna ciencia”, a la escuela del culto a Franco, a la escuela del adoctrinamiento. Si la primera intentaba defender la conciencia del niño dejando fuera de las aulas los dogmatismos, la segunda intentó convertir a los menores en instrumento de reproducción de los dogmatismos católicos y fascistas.
Uno de los últimos trabajos escolares que realizan las niñas de Escarabajosa con la República versa sobre los Derechos del Niño, que la Constitución republicana había recogido de forma pionera. Apenas un mes después, esas mismas niñas son instruidas en el odio a “esos desgraciados rojos”, en las batallas triunfantes de Franco o en ser madrinas de guerra. La autora dedica un merecido apartado a la regresión que se produjo en la enseñanza de la mujer. La ventana de derechos abierta por la República quedaría cerrada a cal y canto durante décadas. La carta que las niñas de Escarabajosa escriben a Franco el 22 de octubre de 1937 agradeciéndole la creación del Servicio Social Femenino habla por sí sola tanto de la educación impuesta que recibían como de la España que se les venía encima. Unos días después de la entrada de los golpistas en Escarabajosa, la redacción de Aurora, una niña de nueve años, tiene el siguiente título: “La reconquista de la Iglesia y la reposición de los Crucifijos en las escuelas”. La tarea termina con la siguiente frase: “Después hubo desfile de los Falangistas por todo el pueblo cantando el Himno Fascista”. Las mayúsculas son del original.
El libro está editado con esmero y reproduce con calidad más de cien de las tareas de Aurora Díaz y Purificación Díaz, que así se llaman la madre y la tía de la autora del libro. Los comentarios sobre las tareas seleccionadas, trabajos que enseguida vemos reproducidos, nos hacen ir conociendo de una forma muy pedagógica la etapa de la República y cómo se fue asentando el monstruo desatado el 17 de julio de 1936 y la pérdida de humanidad que acarreó.
Al igual que el documental “UDEEM, los chicos del San Isidro”, este libro es una buena herramienta para enseñar lo que significó el triunfo fascista a las generaciones que tuvieron la suerte de no conocerlo.







