Para mejorar de manera significativa la lucha contra el fuego, con los menores costes económicos y la máxima eficiencia, la prevención debe ser la prioridad, en su sentido estricto y literal: evitar los incendios de causa humana. Actualmente no es así, ya que las actuaciones que absorben más del 90% de las inversiones de la totalidad de los planes de prevención (PPIF) de las 11 demarcaciones en que se divide el territorio valenciano a efectos de lucha contra el fuego, no evitan nunca ningún incendio.
La alternativa pasa por reorganizar los presupuestos de manera que no quede desatendida la auténtica prevención y dedicar los recursos prioritariamente al objetivo esencial: evitar todas las causas humanas. Ello implicaría revisar las actuaciones como “cortafuegos” o las mal denominadas “limpiezas”, que no son realmente preventivas, sino medidas pretendidamente de “barrera” o “contención” de un fuego ya en marcha y que no ha podido evitarse. En todo caso, estas medidas han de situarse en las partidas donde deberían estar, de apoyo a la extinción, exigiendo al mismo tiempo una justificación más clara, objetivos más concretos, minimización de sus impactos, y evaluación de los resultados, cosas que actualmente no se hacen.
En segundo lugar, el cambio climático hará que los fuegos sean mucho más difíciles de apagar y que muchas de las infraestructuras de contención fallen en más ocasiones y sean cada vez más inútiles. Por ello, debe actuarse con contundencia contra el fuego y erradicarlo del bosque. En todas las áreas forestales y su entorno legal de protección, y durante todo el año, debe establecerse la prohibición absoluta de encender fuegos y las instalaciones y actividades que puedan generar riesgo de incendio, bien sea por provocar chispas, sobrecalentamiento de máquinas, cortocircuitos, etc. Esta debe ser la norma general. Ha de quedar claro para toda la sociedad, que cualquier humareda que se vislumbre ha de considerar-se un incendio y se debe actuar de manera inmediata a su extinción. Sobre esta norma general pueden establecerse excepciones, bien justificadas y determinadas, para actividades diversas, tanto de gestión, de conservación o de tipo económico que se desarrollen de manera legal en el bosque. En estos casos debe existir un registro previo de los días y lugares exactos donde se realice la actividad, su autorización municipal (o por otra entidad) e implicará que va a ser conocida con antelación por las autoridades responsables, que deberán ubicar en el lugar establecido las medidas que se requieran para su control, desde un vigilante, a un equipo de primera intervención o un aviso localizado y temporal de prealerta, dependiendo de la magnitud y tipo de la actividad. En todo caso, si la situación llega a desbordarse, se tendrá perfecta información de esa actividad, sus responsables y las causas de los fallos en el dispositivo preventivo, que deberán ser subsanadas cuanto antes, para evitar su repetición (independientemente de las responsabilidades penales, caso de tener lugar).
En tercer lugar, deben aumentar las dotaciones tanto humanas como materiales y tecnológicas de vigilancia, detección inmediata, disuasión y control, para cubrir todo el territorio forestal y todo el año. Considerando distintas responsabilidades, desde la global a la municipal; y generando, siempre que se pueda, empleo local bien pagado y con adecuada formación técnica. Se deben considerar avances tecnológicos, como drones, cámaras térmicas y otros sistemas que complementen los puestos fijos y móviles de observación y control. Finalmente, en un nivel de detalle mayor y más descentralizado, cada PPIF de demarcación debe establecer estrategias concretas para cada tipo de causa humana, a partir de los datos históricos de incendios, ya registrados en los planes existentes, que deberían ampliarse al máximo periodo temporal y la máxima precisión de tipologías y localizaciones. En base a la información existente, ya se conocen, para cada demarcación las 13-15 causas más habituales de incendios (especialmente en el apartado de negligencias y accidentes). En los documentos de demarcación se deberán establecer las estrategias o líneas generales de actuación sobre cada una de estas causas. Posteriormente, en los casi 500 planes locales que deben desarrollar estas estrategias, se debe proceder, con más detalle espacial, a establecer planes aún más específicos para cada causa, detallando los medios materiales y humanos para combatirlas. En estos planes municipales deben constar todas las medidas, presupuestadas y temporizadas. El objetivo general, para cada causa, ha de ser llevarla a cero incendios en el plazo más corto de tiempo. En todo caso, los objetivos para cada causa deben de ser perfectamente detallados, concretos y cuantificados, con mecanismos de control y evaluación anual, de manera qué, si no se han alcanzado los objetivos previstos, estos han de ser revisados, así como los medios destinados para proceder a su mejora inmediata hasta logar el objetivo final. Proponemos que para proceder a esta regulación y planificación “fina” a escala municipal se creen (con el respaldo autonómico) órganos de participación municipal (o en su caso, mancomunal) en el que se cuente, con participación científica, técnica-administrativa y la de todos los sectores implicados. Buscando siempre el consenso, pero con los objetivos bien marcados previamente por el PPIF, de llevar a cero todas las causas humanas. Lo que se ha de discutir y detallar es como lograrlo.
La quema de restos de podas agrícolas es, por negligencias y accidentes, una de las causas más habituales de incendios. Es fácil de evitar triturando esos restos a costo cero para agricultores y pequeños ayuntamientos
No podemos llegar mucho más allá en la concreción de estas estrategias, pero a modo de ejemplo, hemos concretado con más detalle una de las causas más habituales; la quema de restos de podas agrícolas. Por dos motivos. En primer lugar, son la causa humana más frecuente entre todas las negligencias y accidentes, en 9 de las 11 demarcaciones, y la segunda en el resto. Además, es la causa humana, del tipo que sea, más frecuente en el conjunto de todo el territorio. En ciertas demarcaciones supera, ella sola, a todo el resto de causas humanas e incluso, en algunas, es la causa individual absoluta más importante, superando ella sola a los incendios por rayos, la única causa natural.
El segundo motivo es que esta causa es de las más fáciles de evitar, puesto que tiene ya una alternativa realista, experimentada, que ya usan muchos particulares y algunos municipios, como es la trituración de los restos para obtener, bien sea abono o mejorantes estructurales del suelo, o para obtener briquetas térmicas para calefacción. En el informe (*) ofrecemos muchos más detalles sobre el sistema. En resumen: es fácil, de muy bajo coste, y los agricultores y los pequeños ayuntamientos no deberían pagar nunca nada. No solo evitaría una gran fracción de incendios, sino también accidentes humanos y pesadas y peligrosas tareas de campo. No tiene ningún impacto adverso ni de tipo social, económico o ambiental.
En definitiva, evitar todos o la gran mayoría de incendios es posible. Requiere inversiones y recursos muchísimo menores que cualquier cortafuegos o limpieza y, a diferencia de las actuaciones de falsa prevención actuales, como las acabadas de mencionar, puede controlarse y evaluarse de manera clara, y mejorar su aplicación fácilmente. La prevención por sí sola no evitará todos los incendios, pero sí la gran mayoría; provocará un gran avance en la lucha contra los mismos, ahorrando dinero, evitando impactos innecesarios y graves y salvaría parajes de gran valor ecológico, bienes humanos y vidas de personas. Si se quiere, se puede. Cualquier otra opción es peor.
(*) Informe sobre la Prevención de los Incendios Forestales en el País Valenciá elaborado por Acció Ecologista-Agró, la asociación ecologista más veterana y de mayor implantación en el País Valencià







