Prevenir significa evitar incendios

Los “cortafuegos” y “limpiezas”, “mosaicos”, etc., se nos presentan como la solución al problema de los incendios y no lo son. Nunca lo han sido y cada vez van a ser más ineficientes en detenerlos.
Incendio forestal | Fuente: LLs / CC BY-SA 4.0
Fuente: LLs / CC BY-SA 4.0

Acció Ecologista-Agró es la asociación ecologista más veterana y de mayor implantación en el País Valencià. Recientemente AE-Agró ha dado a conocer un extenso informe sobre los incendios forestales en nuestro territorio, poniendo el foco en su prevención. Para elloha revisado cientos de obras científicas, legislación, normativa, planes y proyectos, además de la experiencia sobre el terreno en relación con este tema, que se remonta a unos 50 años, y ha considerado datos estadísticos con la máxima extensión temporal posible, siempre de fuentes oficiales, públicas y contrastables.

El informe efectúa un análisis crítico de la prevención de los incendios, analizando su eficacia, con el objetivo de mejorarla. No es un análisis ideológico ni político, ni ataca a personas ni instituciones concretas. Es constructivo y propositivo. Ofrece medidas realistas, viables, económicas y, sobre todo, claras, concretas, cuantificables y evaluables. Desgraciadamente muchas de las actuaciones en este campo, efectuadas por la administración y que son propuestas y elaboradas por colectivos técnicos solventes, rara vez tienen objetivos bien especificados y concretos, menos aún cuantificados y verificables, y resultan de difícil comprobación. Aún menos se evalúan y tampoco se estima la relación entre costes y beneficios de manera clara y objetiva. Se invierte mucho dinero… ¿para qué?, ¿con que resultados?

La prevención es, junto a la extinción, una de las dos fases de la lucha contra los incendios, y resulta fundamental. Menos incendios implica padecer menos daños, menos gastos en extinción y restauración y disminuir la probabilidad de sufrir grandes fuegos catastróficos. La prevención, en el sentido estricto de evitar incendios, debe ser prioritaria. No lo es para la administración. El estudio muestra que desde que tenemos estadísticas sobre incendios (1968) el número anual promedio es de aproximadamente 400 (en el País Valencià) y no ha variado substancialmente. Son demasiados e intolerables, puesto que ni son naturales ni inevitables. La administración y algunos técnicos, opinan lo contrario; pero, aquí y ahora, no pueden considerarse así, cuando el 80% de ellos tienen causas humanas. Los incendios debidos a rayos, son únicamente el 20%. Éstos son los únicos naturales e inevitables (puede ser diferente en otras comunidades, pero a nivel estatal, las cifras son similares). El 80%, puesto que responden a actuaciones humanas sobre las cuales podemos actuar, son indiscutiblemente evitables. No se evitan porque las administraciones (y sectores técnicos) jamás se toman en serio el eliminarlas. El hecho es que la prevención fracasa y viene fracasando más de 50 años. La extinción, sin embargo, ha mejorado claramente y, en general, se admite que se debe a los crecientes medios destinados a este fin. No ocurre esto con la prevención. En la actualidad (últimos 20 años) seguimos teniendo aproximadamente la misma cantidad, de media, que en los años 70-80 del siglo pasado. El mejor indicador de la prevención es el número de incendios evitables que padecemos. No hemos mejorado de manera apreciable en 50 años.

El 80% de los incendios tienen causas humanas. Serían evitables si la Administración se tomara en serio eliminarlas. El hecho es que la prevención fracasa y viene fracasando más de 50 años

Aparte de la falacia de que los incendios son inevitables y de la obcecación en no querer considerar las causas humanas de los fuegos y no atacarlas con todos los medios posibles, los resultados se entienden mirando las inversiones públicas para la prevención. Los PPIF, Planes de Prevención de Incendios Forestales de Demarcación, nos ofrecen una respuesta. Estos documentos organizan, cuantifican y dotan presupuestariamente las estrategias de prevención en las 11 demarcaciones en que se divide el territorio valenciano. En ellos se puede constatar que a las actuaciones estrictamente preventivas (evitar fuegos de causa humana) sólo se dedica el 10% de las inversiones. Además, la mayoría de medidas son vagas, sin objetivos precisos, ni cuantificados, ni evaluables; sin regulaciones ni ordenaciones, ni planificaciones definidas y medibles. Básicamente consisten en recomendaciones de “buenas prácticas” y “esperar a tener suerte”. La parte del león de las inversiones, la inmensa mayoría de los recursos económicos, se dedican a actuaciones de eliminación de vegetación natural, muchas veces con maquinaria pesada. Los “cortafuegos, las “limpiezas” y otras actuaciones similares, que tienen costes elevadísimos y que tienen graves impactos ambientales sobre la vegetación, la fauna, los suelos, el paisaje… Es decir, sobre un ecosistema valioso que, en teoría, deberíamos proteger. Los estudios de impacto no son rigurosos. De entrada, consideran beneficiosas las actuaciones “per sé”. La “fe” en los resultados (que habría que demostrar) hace que se desprecien los efectos negativos. ¿Y si no sirven? ¿Y si no están bien ubicados? ¿Y si los daños superan a los imaginarios beneficios? Da igual. En cualquier caso, estas actuaciones jamás deberían considerarse en los programas y planes de prevención, ya que ninguna de ellas evita ningún incendio. De tener algún efecto positivo no sería en evitar incendios, sino (en el mejor de los casos) en ayudar a la extinción, o en dificultar la propagación, o en proteger bienes humanos; pero todo ello sería en relación a un fuego que no se ha podido evitar, un incendio que avanza sin control, que ya ha generado daños y generará aún más, y que implicará enormes gastos en extinción y regeneración. En cualquier caso, deberían considerarse dentro de los presupuestos de extinción; que interviene cuando ha fracasado la primera fase, la prevención. Es decir, cuando ya es tarde.

La equivocada consideración de estas medidas dentro del apartado de prevención, no sólo es un error, es una decisión que ofrece beneficios a algunos y que perjudica a la mayoría. En todo caso, esta apuesta por las medidas de “contención” o de “barrera” frente a incendios que no se han podido o querido evitar, generan la falsa sensación de que estamos protegidos; de que la administración ya invierte mucho dinero y efectúa muchas intervenciones en prevención. Y eso es peligrosamente falso. Al descuidar la lucha contra las causas de los incendios, en el futuro inmediato vamos a pasar por importantes situaciones críticas, como ha pasado en los últimos años en Galicia, Castilla-León, Cantabria, Asturias… En lugares donde no debería haber más incendios que en el Mediterráneo… pero claro, si no se actúa contra las causas, el problema nos perseguirá, incluso en lugares inesperados y menos inflamables.

En la actualidad, las medidas de contención y las barreras contra el fuego ya vienen fallando. No siempre son capaces de detener el fuego donde y cuando se necesita. Con el cambio climático, cualquier fuego banal, que en otras condiciones pudiera parecer inocuo e insignificante, puede transformarse, en poco tiempo, en un gran incendio, muy difícil de controlar. En situaciones climáticas desfavorables, que van a ser cada vez más frecuentes e intensas, según todas las previsiones, el fuego podrá saltar discontinuidades y barreras tan grandes como se quiera. Las contenciones del fuego como “cortafuegos” y “limpiezas”, “mosaicos”, etc., no sólo no servirán para evitar el fuego (nunca han servido para ello) sino que van a ser cada vez más ineficientes en detenerlos. Se nos presentan como la solución al problema de los incendios y no lo son. Ofrecen una falsa seguridad muy engañosa, que nos pillará muy desprevenidos. No son ninguna garantía. No nos pueden ofrecer seguridad absoluta. La prevención, en el sentido estricto, con el cambio climático, es más necesaria que nunca. Es la única vía que puede ayudar de manera seria a evitar los desastres. Ha de ser la prioridad absoluta.

(*) Doctor en Biología y portavoz de la Comisión Forestal de AE-Agró

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