Cuando este artículo vea la luz, gran parte de las noticias las ocupará el Tour de France, uno de los acontecimientos deportivos del año, y, sin duda, el principal del mes de julio. Es muy popular porque las bicicletas tienen la capacidad de simbolizar la felicidad, la libertad, el gozo, recordándonos los sueños y placeres de la infancia. El Tour, aunque mantiene ese hilo poético que nos cautiva, también se ha contagiado de los valores del dinero y es regido por criterios del mercado, del triunfo a cualquier precio, en los que se diluyen y pierden los valores del deporte: la solidaridad, la hermandad, la superación propia y sin trampas. Pero hubo un tiempo, cuando se acariciaba un cambio total de la sociedad, en el que estuvo a punto de refundarse el Tour sobre unas premisas comunistas.
Antes de la II Guerra Mundial, Jacques Goddet dirigía el diario deportivo “L´Auto”, que había sido el inventor del Tour de France; y era, desde 1936, el director de la carrera. “L´Auto”, durante la contienda, fue vendido a un grupo empresarial alemán y mantuvo, a pesar de ser un diario deportivo, una línea editorial cercana al régimen de Vichy y a los ocupantes nazis. Por eso, al finalizar la guerra fue prohibido. El propio Goddet, del que se decía que tuvo en sus manos las llaves del Velódromo de Invierno de París cuando, en julio de 1942, se encerró allí a miles de judíos franceses, fue juzgado en Argel por colaboracionismo con los nazis. Pese a la evidencia de la línea editorial mantenida por su diario durante la ocupación, de simpatía abierta hacia el nazismo alemán, Goddet se salvó; gracias a varios testigos, resistentes muy cercanos a De Gaulle, que dijeron que la imprenta también publicó panfletos clandestinos de la Resistencia. Salvó su libertad pero no la del diario, que fue obligado a cambiar de nombre y pasó a llamarse “L´Equipe”.
En este nuevo periodo se recrudeció su pulso con los comunistas, que pretendían hacerse con las maquinas de “L´Auto”, conseguir los derechos del Tour de France; y que no le perdonaban su servicio a los alemanes. En su afán por ganar los derechos de la histórica carrera, un grupo de tres diarios comunistas se lanzó a la aventura de organizar una prueba por etapas que les permitiera heredar el Tour, incautado por el Estado. En la primavera de 1946 fue levantada la prohibición de organizar pruebas ciclistas por etapas, pero limitándolas a cinco días debido a las necesidades económicas de la reconstrucción posbélica, y el grupo de periódicos comunistas anunció la organización de la “Ronde de France”, el Tour comunista que debía convertirse más adelante en el Tour de France. Se disputó entre el 10 y el 14 de julio de 1946 y se hizo coincidir su final con la celebración de la fiesta nacional francesa. El recorrido enlazaba Burdeos y Grenoble e implicaba el paso por los Pirineos y los Alpes con ascensiones legendarias como las del Aubisque, Tourmalet, Galibier y Croix de Fer. La “Ronde de France” fue un auténtico éxito de público, las carreteras francesas volvieron a llenarse de una afición ávida de revivir la experiencia del Tour. Como se estaban jugando los derechos del Tour de France oficial, sus rivales de “L’Équipe” y de “Le Parisien Libéré”, con Goddet y Amaury al frente, organizaron su Tour gaullista apenas diez días después, entre el 23 y el 28 de julio. Lo llamaron la “Course du Tour de France”, y enlazaba Mónaco con París.
En 1947, el ciclista Albert Boulon, escapado de un campo de prisioneros de guerra alemán, firma la escapada más larga de la historia, con 253 kilómetros en el corazón de los Pirineos. No volvió a correr nunca más el Tour. Era comunista y ninguna selección lo quiso enrolar
1947 parecía el año decisivo para dirimir cuál sería la heredera del Tour, y así, tanto la “Ronde de France” como la “Course du Tour de France”, para dejar clara cuál era la carrera dominante, pretendían coincidir en el tiempo para obligar al público francés a elegir entre el Tour comunista o el gaullista. Sin embargo, esta situación no llegó a producirse, ya que en diciembre de 1946 el congreso de la UCI, la Unión Ciclista Internacional, se mostró partidario de conceder los derechos del Tour de Francia oficial a “L’Équipe” y a “Le Parisien Libéré”, una decisión que posteriormente ratificó el gobierno francés, en junio de 1947, justo un mes después de que los ministros comunistas fueran expulsados del gobierno de Francia.
En ese Tour, ya oficial, de 1947, un ciclista comunista, Albert Boulon, tras más de ocho horas pedaleando, atravesando puertos, el Portet d’Aspet y el col de Port, firma la escapada más larga de la historia, con 253 kilómetros, y cruza victorioso la meta de Luchon, en el corazón de los Pirineos. Pese a su gesta, Bourlon no volvió a correr nunca más el Tour. Ninguna selección —se corría por selecciones nacionales y regionales francesas— lo quiso enrolar. “Me vetan porque soy miembro del Partido Comunista”, se quejaba, y añadía que le vetaban porque su militancia molestaba a Goddet. Quizá porque Boulon, que había sido internado por los alemanes en el stalag de Sagan, en Polonia, y luego en el campo de prisioneros de guerra de Fürstenberg, del que logró huir en 1943, recordaba a Goddet su pasado al frente de “L´Auto” colaboracionista.








