Las protestas de octubre de 2019 marcan el punto de inflexión en la política chilena, cuyo resultado fue la convocatoria a regañadientes del referéndum para la derogación de la constitución dictatorial. El optimismo por los resultados de la elección de los/as delegados/as constituyentes, con menos de un tercio de representantes de la derecha, abrió la puerta a pensar en una redacción democrática alejada de las pautas neoliberales. Pero la ilusión se ha ido al traste. Las alianzas entre los partidos del orden al interior de la convención hacen pensar en una redacción descafeinada. Ha desaparecido la Lista del Pueblo (suma de independientes) que tenía 24 representantes. Añádanse las contradicciones en la lista Apruebo Dignidad que reúne al Partido Comunista con la Convergencia Democrática de Gabriel Boric.
Lo impensable se hizo realidad. Los pactos firmados en noviembre de 2019 “por la paz y una nueva Constitución”, conocidos como pactos de la traición, se refrendaron con la aprobación del reglamento interno de los convencionales. La decisión de mantener el quorum de los 2/3 para aprobar cada artículo dificultan las propuestas que vayan más allá de los límites impuestos por los firmantes del pacto. Basta un 1/3 de los votos para rechazarlas. De esta forma, la derecha, la ex concertación, el Frente Amplio y los independientes de derecha logran mantener el espíritu neoliberal de la Constitución pinochetista. Se podrán hacer concesiones menores, reconocer derechos, pero no ejercer. La economía de mercado, las trabas a la inversión pública en sanidad, vivienda o educación y no cuestionar los tratados internacionales de libre comercio con las trasnacionales marcarán la dirección de la nueva Carta Magna.
Sebastián Piñera es un presidente deslegitimado. Su nombre aparece en los Papeles de Pandora como parte de la venta de la mina Dominga mediante sociedades opacas. Si eso es poco, debemos sumar la acusación por crímenes de lesa humanidad y la posibilidad de ser inhabilitado. La represión, la existencia de cientos de presos políticos acusados de terrorismo tras la rebelión popular, el mantenimiento del estado de excepción, la militarización del Wallmapu, el acoso de las empresas madereras al pueblo Mapuche, los escándalos de corrupción de los directores generales de Carabineros y las actuaciones de las Fuerzas Armadas reprimiendo manifestaciones nos hablan de una crisis política en toda regla. Las protestas se generalizan. No es solo Santiago o las grandes capitales, en toda la geografía se desarrollan manifestaciones, huelgas y paros de sanitarios, profesores, estudiantes, estibadores, pescadores, movimiento feminista y pueblos originarios. En ellas se reconoce la movilización de más de tres millones de personas.
LA EXTREMA DERECHA CRECE
Liderada por el neofascista José Antonio Kast, la extrema derecha chilena propone la construcción de una zanja contra los inmigrantes a lo que se suma su negacionismo del cambio climático y de la violencia de género. Rechaza las leyes del divorcio y del aborto, el matrimonio igualitario y la educación sexual, señalando la existencia de un complot mundial de la izquierda, China y Naciones Unidas para acabar con la libertad en Occidente. Defensor de Pinochet y de su Constitución, Kast considera que la derecha renuncia a sus valores tradiciones y se vende a la izquierda. Su principal aliado internacional es Vox. El resultado inmediato ha sido el aumento de la xenofobia y del racismo. En Iquique, ciudad ubicada al norte del país, se convocó una marcha en contra de los inmigrantes, pidiendo su expulsión, cuyo final fue la quema de decenas de tiendas de campaña.
En este puzzle sumemos el paripé y la perversión de las elecciones primarias para candidatos presidenciales, donde un ciudadano sin partido político, al margen de sus convicciones ideológicas, puede depositar su voto y decantar la elección de un candidato en sus antípodas políticas. Así sucedió en la candidatura de Apruebo Dignidad. Independientes de derecha votaron para elegir al candidato de la izquierda. Así fue posible que Gabriel Boric superase con esos votos espurios al candidato del Partido Comunista Daniel Jadue, alcalde de Recoleta. Por el contrario, en las primarias de la coalición gobernante Chile Vamos se decantaron por el candidato del presidente Sebastián Piñera que desbancó a Joaquín Lavín, dirigente de la pinochetista UDI. El elegido fue Sebastián Sichel, hoy independiente pero ex militante de la Democracia Cristiana. Poco le duró la alegría. Tras su nominación, las acusaciones de corrupción por la financiación ilegal en su campaña de 2009 para diputado le han lastrado y pierde fuelle. La extrema derecha recibe sus votos. José Antonio Kast se ubica en segundo lugar en las encuestas con un 16%, desplazando a Sichel a la tercera plaza con un 12%. En cabeza se mantiene Gabriel Boric con un 25% de intención de voto. En la cuarta posición se encuentra Yasna Provoste, de la Democracia Cristiana, que se impuso en las primarias de Unidad Constituyente contra la militante socialista Paula Narváez. Las encuestas le otorgan un 11,5%.
EL DESENLACE DE LA SEGUNDA VUELTA
El 21 de noviembre no habrá presidente. Chile se aboca a una segunda vuelta. Ninguno de los candidatos mejor situados conseguirá, salvo sorpresa, la mayoría absoluta. Todo parece indicar que pasará a la segunda vuelta Gabriel Boric, el candidato del Frente Amplio en la alianza con el Partido Comunista. Lo que se cuestiona es quien le disputará la presidencia. La derecha, dividida entre Sichel y el nazifascista Kast, podría concentrar el voto en el candidato de la extrema derecha como muestran las encuestas. Pero una parte de sus votantes, provenientes de los sectores moderados y con vínculos históricos con la Democracia Cristiana, serían más partidarios de entregar el voto a Provoste que cuenta con apoyos entre las clases medias y los sectores empresariales. También puede sumar votos de la izquierda entre los que se resisten a votar a Boric. En esta disyuntiva, Yasna Provoste es la opción más deseable para la derecha moderada que busca romper ataduras con el discurso pinochetista de Antonio Kast. Si los pronósticos son acertados, Provoste acompañara a Boric en la segunda vuelta.
La mediocridad de los debates, muy al estilo estadounidense, se ha caracterizado por las continuas descalificaciones y el cruce de insultos, lo que no ayuda a pensar en una votación masiva. La desafección política por la falta de un proyecto de izquierda coadyuva al abstencionismo. La gran incógnita será su porcentaje. No olvidemos que los niveles actuales de abstención superan el 50%.
En conclusión, pareciera que ni unos ni otros de los candidatos con opciones buscan romper el modelo neoliberal. La derecha se debate entre volver al pasado pinochetista o refundarse tras el gobierno de Sebastián Piñera y la izquierda sigue declamando abrir las alamedas pero continúa en la senda del neoliberalismo con rostro humano.
El neoliberalismo sirvió para aumentar la desigualdad, el hambre, la pobreza y la corrupción y vender el país a las trasnacionales. Gane quien gane, Chile seguirá regido por las leyes del mercado gracias a una nueva Constitución que avalará su argumentario, llámese como se llame el futuro presidente.
(*) Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Autor de TIEMPOS DE OSCURIDAD / Historia de los golpes de Estado en América Latina







