El campo y, por extensión, el mundo entero están en la cuerda floja. Se ha creado la tormenta perfecta y no se puede prever hasta dónde llegarán sus efectos.
No podemos andar con paños calientes. Tenemos que reaccionar y actuar.
Me centraré en tres de las causas que considero fundamentales.
1.-Dependencia de combustibles fósiles finitos.
El modelo agrario de nuestro país cambió radicalmente en la década de los 50 con la Revolución Verde tras la II Guerra Mundial. Los excedentes químicos se derivaron para la síntesis de fertilizantes y pesticidas y la industria bélica dirigió su producción hacia la maquinaria agrícola.
Esto, unido a la expansión del regadío y la globalización, llevaron a la simplificación de la agricultura y a desligarla de la ganadería. Se disparó la presencia de tractores, cosechadoras, sembradoras y demás maquinaria y desaparecieron del mapa los animales de tiro. Se desarrollaron los monocultivos de alta rentabilidad económica para exportación y se redujo al mínimo la superficie, entre otras, de leguminosas, fundamentales para la alimentación animal.
La trashumancia y la ganadería extensiva fueron desplazadas por una intensificación ganadera que tiene su máxima expresión en las macrogranjas actuales.
Hemos llegado al punto de que, aparte de las 17,3 millones de hectáreas cultivadas en España en 2008, tenemos que cultivar 10,2 millones de hectáreas en otros países para abastecer nuestra demanda de materias primas para alimentación animal.
En 2020 alcanzamos el récord de producción de carne con 7,6 millones de toneladas (2,3 millones para consumo interno y 3,07 millones para exportación). Destaca China como principal importador de carne de porcino española con 1,3 millones de toneladas.
Esta absoluta barbaridad se ha podido mantener mientras hemos tenido petróleo barato. Pero esa época ya pasó. La pandemia del Covid-19 y el conflicto bélico en Ucrania sólo ha agudizado un problema que se viene arrastrando desde el año 2018: cada vez hay menos petróleo (Producción mundial de petróleo desglosada por países 1990-2020. Fuente: Enerdata: https://bit.ly/3r3lpeX).
El petróleo barato de buena calidad se agota; cada vez es peor y está a más profundidad, por lo que hay que gastar cada vez más petróleo en extraer y refinar el propio petróleo. El precio sube y no dejará de subir mientras se mantenga la demanda y se reduzca la oferta. El caso del gas es muy similar.
Países como Argentina ya están racionando el diésel. Más cerca tenemos a Alemania, donde las autoridades aconsejan a las empresas hacer aprovisionamiento de gas y diésel por la posibilidad de racionamiento. También Francia ha alertado del posible desabastecimiento de diésel.
Y es que la falta de combustibles amenaza a toda Europa, como anunciaba la prensa internacional hace unos días.
La base sobre la que se sustenta el modelo agroalimentario actual se tambalea disparando los costes de producción.
La guerra en Ucrania lo complica aún más al ser Rusia nuestro principal proveedor de gas y fertilizantes químicos, pero no olviden la gráfica anterior. Esto viene desde 2018.
¿Por qué las organizaciones agrarias y los gobiernos regionales y estatal no explican esto a las miles de familias que viven de la agricultura y ganadería?
2º factor. Sequía.
A primeros de abril no sólo tenemos los embalses por debajo de la mitad de su capacidad, sino que hay un 30% menos agua embalsada que la media de los últimos diez años.
Esto va a llevar -está llevando ya- a una reducción drástica de la superficie cultivada en España (recuerden la superficie utilizada para cubrir nuestra demanda).
Son innumerables los casos de racionamiento de agua para riego en las comunidades de regantes en nuestro país. En algunos territorios se están priorizando unos cultivos en detrimento de otros. En el caso de los regantes del Canal de Orellana (Extremadura) darán agua a los viveros e invernaderos, leñosos y hortícolas. Quedan fuera el maíz y el arroz y se limita a 3.500 has el tomate de industria.
La situación, con mayor gravedad en el sur, es muy difícil en prácticamente todo el territorio nacional. Algunas noticias dicen que este año se podría reducir al 50% la producción agraria en España.
La sequía no sólo compromete la producción agraria, sino también la ganadera e incluso el agua para consumo humano. De hecho, se están dando ya cortes de suministro en pleno invierno.
Y adivinen qué hacen nuestros gobiernos en esta situación.
La Junta de Castilla La Mancha ha solicitado aumentar su superficie regable, la Junta de Extremadura está construyendo nuevos regadíos, la de Andalucía legaliza los pozos ilegales de Doñana y en Región de Murcia las desaladoras y pozos ilegales, entre otros, están acabando con el Mar Menor mientras se mira para otro lado.
A esto sumamos cómo las eléctricas utilizan el agua embalsada para su propio beneficio. Es el caso de Iberdrola en los embalses de Ricobayo (Zamora) y Valdecañas (Cáceres) para producir energía barata con la factura de la luz por las nubes.
Estos abusos no pararán hasta que no se acaben las obscenas entradas y salidas de los políticos en los consejos de administración de las grandes empresas energéticas. Ni el PSOE ni el PP se van a enfrentar a sus compañeros/as de partido.
Y así llegamos al tercer factor de esta tormenta perfecta.
3er factor. Los gobiernos regionales y estatal.
Desde el mismo momento en que pasamos de la tracción animal a los combustibles fósiles y del abono orgánico a los fertilizantes químicos, se sabía que no se puede mantener ese modelo de forma indefinida basándonos en materiales finitos.
Y todas las personas que han pasado por los gobiernos de nuestro país eran conscientes de ello.
Cientos de organizaciones lo han dicho claramente, tanto en la calle como en el Congreso, en el Senado, en libros, etc.
Llevamos décadas con gobiernos legislando desde el más absoluto negacionismo climático y en lugar de haber tomado medidas progresivas para adaptarnos han preferido ignorarlo. Pero ya no hay tiempo.
Las medidas tienen que ser contundentes.
La ONU ya ha avisado de una hambruna sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, agravada por la guerra en Ucrania. El primer ministro canadiense acaba de anunciar una previsible escasez de alimentos y el gobierno belga plantea acabar con la superficie cultivada para biocombustibles y dedicarla a cubrir la demanda interna de alimentos. Por su parte, en Reino Unido se están tomando medidas para incentivar la producción de leguminosas y el uso de fertilizantes orgánicos para reducir la dependencia del mercado internacional.
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URGE CAMBIAR RADICALMENTE LA POLÍTICA AGRARIA
¿Y qué estamos haciendo en España?
Poner ayudas al gasoil, gas y luz que son anuladas por las subidas constantes de precios y la progresiva reducción de la producción.
Y echarle la culpa de todo a Putin.
Esto, señores y señoras, es engañar al personal y se les volverá en su contra.
Hay que decir alto y claro que el actual modelo agroalimentario es insostenible porque no hay petróleo ni agua para mantenerlo.
Y una vez dicho, tomar decisiones que mitiguen sus efectos:
-Reducir la cabaña ganadera empezando por las macrogranjas que son un pozo sin fondo de cereales y leguminosas que no podemos dedicar a otros usos. En diferentes textos he analizado cómo afectan a la producción y demanda de girasol, trigo y maíz.
-Priorizar la demanda interna de alimentos para, en segundo nivel, atender a la exportación.
-Fomentar el cultivo de variedades mediterráneas de cereales y leguminosas para reducir la dependencia de las importaciones. Multiplicar iniciativas como el Grupo Operativo GoInpulse impulsado por la COAG.
-Apostar por la ganadería extensiva y razas autóctonas más adaptadas a nuestro territorio. Desde Ganaderas en Red o la Plataforma por la ganadería extensiva y el pastoralismo están haciendo un trabajo excelente en este sentido.
-Adaptarnos a la escasez progresiva de combustible y fertilizantes químicos a través de formas más sostenibles de cultivar la tierra y criar animales. Rescatar conocimientos tradicionales y aprovechar lo que hemos aprendido en las últimas décadas.
-Utilizar cultivos y variedades más adaptadas a las nuevas condiciones hídricas que nos impone el cambio climático.
-Democratizar el acceso a la tierra para el autoabastecimiento familiar.
-Desarrollar programas de extensión rural agroecológica entre las familias dedicadas a la agricultura y ganadería facilitando toda la información necesaria para producir alimentos en las condiciones actuales.
-Modificar las ayudas de la PAC hacia criterios de sostenibilidad social y ambiental. La plataforma Por Otra PAC lleva tiempo elaborando informes muy interesantes en esta línea.
Estas y otras propuestas están recogidas en el Decálogo que la Asociación 25 de marzo -a la que pertenezco-, elaboró tras el I Congreso Extremeño Reforma Agraria celebrado hace dos años, en el que ya se hablaba del colapso que se nos avecinaba.
Se demuestra así, una vez más, que la población organizada siempre va por delante de los gobiernos. Es el caso de todas las plataformas que han surgido para defender el territorio contra la especulación agroalimentaria, energética, etc.
Y es que sólo el pueblo salva al pueblo. E irán imponiéndose formas más solidarias de producir alimentos, de desplazarnos y relacionarnos.
A pesar de la tormenta, los pequeños productores y productoras, que llevamos toda una vida en resistencia, seguiremos alimentando al mundo.
Nos va la vida en ello.







