Los republicanos agitan el fantasma del comunismo para frenar el avance de la izquierda demócrata en EEUU

La resolución, que habla de 100 millones de muertos y totalitarismo, sale adelante con el respaldo de ocho demócratas, representantes del ala derechista del partido
El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani (a la izquierda), y el presidente Donald Trump durante su encuentro en la Casa Blanca. Fuente: White House (CC)

La Cámara de Representantes de Estados Unidos ha convertido el ascenso de la izquierda dentro del Partido Demócrata en una cuestión de seguridad ideológica. Con 220 votos a favor y 192 en contra, los congresistas aprobaron este martes una resolución que condena el «socialismo en todas sus formas» y lo presenta como una amenaza directa a los valores estadounidenses y a la Constitución. Ocho demócratas se sumaron a los republicanos en la votación.

El texto no se limita a rechazar determinadas políticas económicas. Su argumentación construye una genealogía que lleva desde el socialismo hasta «regímenes comunistas», dictaduras y grandes tragedias del siglo XX. Según la resolución, la «ideología socialista» conduce inevitablemente a una «concentración de poder» que, «una y otra vez», habría terminado en «regímenes comunistas, gobiernos totalitarios y dictaduras represivas».

En otro de sus apartados, el documento atribuye al socialismo la responsabilidad de «hambrunas y asesinatos masivos» y cifra en «más de 100.000.000» las personas asesinadas en todo el mundo.

El DSA, en el punto de mira

El objetivo político de la resolución queda más claro cuando abandona la discusión histórica y señala directamente al Democratic Socialists of America (DSA), la organización de izquierda a la que pertenecen figuras como Alexandria Ocasio-Cortez y que mantiene vínculos con Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York. Aunque el DSA es presentado en el debate estadounidense bajo la etiqueta de «socialista democrático», esa identificación resulta deliberadamente amplia y no equivale necesariamente a considerar al DSA una organización socialista en sentido estricto. Precisamente esa equiparación es una de las herramientas políticas empleadas por los republicanos.

La resolución sostiene que, desde la elección de Mamdani como alcalde de Nueva York en noviembre de 2025, candidatos vinculados al DSA han concurrido «en más de cien elecciones en al menos la mitad de los estados». El crecimiento electoral de esta izquierda es presentado como una amenaza nacional, no como una disputa interna dentro del Partido Demócrata.

El texto llega incluso a vincular algunas de las propuestas del DSA con una supuesta erosión de la democracia estadounidense. Acusa a su principio denominado «Democracy for All» de defender que «los no ciudadanos y los criminales encarcelados» puedan votar en las elecciones estadounidenses. También afirma que su propuesta de «A Democratic Congress» pretende abolir el Senado, implantar el voto preferencial y acabar con el sistema bipartidista. La resolución recoge además una declaración del DSA según la cual «Estados Unidos nunca ha sido una democracia» y concluye que «la ideología del DSA y el socialismo, en cualquiera de sus formas, son incompatibles con los valores estadounidenses y la Constitución de Estados Unidos».

El procedimiento legislativo ha abierto, además, una nueva grieta dentro de las filas demócratas. Jared Golden, de Maine, y Marie Gluesenkamp Pérez, de Washington, dos de los representantes más moderados del partido, permitieron con su apoyo que la resolución comenzara su tramitación. Posteriormente, otros ocho demócratas votaron a favor del texto definitivo.

Espaldarazo simbólico a la agenda trumpista

El conflicto no gira únicamente en torno a la utilización del término socialismo. La resolución incorpora también un respaldo explícito a la agenda electoral de Donald Trump y reclama la aprobación del SAVE America Act, que obligaría a introducir nuevas comprobaciones de ciudadanía y otros requisitos para votar.

El asunto resulta especialmente significativo porque la cuestión del voto lleva meses formando parte de la ofensiva republicana. La resolución sostiene que «solo los estadounidenses deben decidir las elecciones estadounidenses» y reclama medidas para impedir que los no ciudadanos puedan votar. Los republicanos utilizan para justificarlo casos de personas que supuestamente se habrían registrado ilegalmente, presentándolos como prueba de un problema de alcance nacional. Los demócratas, en cambio, denuncian que estas iniciativas pueden terminar dificultando el acceso a las urnas de ciudadanos que sí tienen derecho a votar.

Reacción contra el ascenso del ala izquierda de los demócratas

La ofensiva llega en un momento delicado para el Partido Demócrata. A menos de dos meses de las elecciones legislativas, la izquierda ha comenzado a disputar candidaturas que durante décadas parecían reservadas al aparato tradicional. En Michigan, Abdul El-Sayed derrotó a la congresista Haley Stevens en las primarias para el Senado con un programa que incluye sanidad universal, una reforma profunda de la financiación electoral y el fin de la ayuda militar incondicional a Israel. También han ganado terreno candidatos progresistas en otros estados.

El fenómeno tiene un precedente evidente en Nueva York. Mamdani logró derrotar al establishment demócrata y, desde entonces, su victoria ha servido como referencia para una nueva generación de candidatos que centra su discurso en el coste de la vida, la vivienda, la influencia del dinero empresarial y la política exterior estadounidense.

La resolución de la Cámara puede interpretarse así como algo más que una declaración contra una doctrina política. Es también una respuesta preventiva al desplazamiento de la discusión dentro del Partido Demócrata. Frente a candidatos que hablan de alquileres, salarios, sanidad o poder corporativo, los republicanos han decidido colocar en el centro del debate una palabra con una enorme carga histórica en Estados Unidos: «socialismo».

La disputa, sin embargo, no termina con la votación. La pugna por definir qué significa «socialismo» y quién puede apropiarse de esa etiqueta promete convertirse en uno de los campos de batalla de las próximas elecciones. Mientras los republicanos intentan convertirla en un arma contra Mamdani, Ocasio-Cortez y los candidatos de la nueva izquierda, el ala progresista del Partido Demócrata trata de demostrar que su crecimiento responde menos a una ideología importada que al descontento acumulado con el coste de la vida, el poder de los grandes donantes y la incapacidad del establishment para ofrecer una respuesta convincente a sus propias bases.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.