Con su regreso al gobierno de México, el PRI recupera una de sus peores costumbres: la complicidad con la CIA y, en general, con los servicios secretos de Estados Unidos.
Durante la guerra fría, la Dirección Federal de Seguridad colaboró con la CIA en triangulaciones con las mafias del narcotráfico para operaciones contrainsurgentes.
Ahora, asesores estadounidenses en seguridad han revelado al semanario Proceso (el más importante de México) que el presidente Enrique Peña Nieto los ha contratado para reorganizar la Secretaría de Gobernación y crear un Centro Nacional de Inteligencia (CNI), siguiendo el modelo de la CIA pero para el control interno en todo el país.
De nuevo, la excusa será el combate contra el narcotráfico pero, como en el anterior régimen del PRI, los servicios secretos serán una amenaza para la democracia con su capacidad de intervenir contra la resistencia social.
El CNI contará con un gran presupuesto -advierte Proceso– que le dará un poder extraordinario.







