Cuando hay elecciones siempre votamos a un programa electoral y a unas personas que se comprometen a que ese programa electoral se lleva a cabo. Lo primero que hay que decir es que es mentira la idea que se lleva difundiendo desde hace años intencionadamente que no es otra que la que defiende que no hay ya izquierdas y derechas, sobre todo, incidiendo en la economía, insistiendo a la misma vez que la única posible es el capitalismo. Por otra parte, se dice que no hay diferencia entre las personas, que todas son interesadas y que van sólo a buscar su propio beneficio y su futuro personal y el familiar. Creo que esto se vende para devaluar la democracia y aceptar un concepto perverso de la propia vida. Se intenta desde los financieros que esto se acepte como algo normal.
Lo primero que hay que afirmar es que existe una derecha y una izquierda y en función de estas ideologías se configura un programa donde se recogen todos los aspectos, así la derecha defenderá la privatización de la sanidad y la educación y la izquierda defenderá su carácter público. La izquierda propugnará una economía social y del bien común, donde las personas que más ingresos tengan paguen más impuestos y la derecha defenderá el libre mercado y los impuestos indirectos. Así, podemos indicar muchas diferencias más. Es verdad, que los programas electorales presentan intenciones generales muy parecidas, eludiendo las propuestas concretas porque ahí es donde vienen las diferencias.
En todo esto, juegan un papel fundamental las personas, aunque sea muy obvia esta afirmación. Lo digo porque no todas las personas son iguales en la vida. Hay gente codiciosa y avariciosa, otras personas defienden la justicia y la libertad. El gran drama de nuestra sociedad es que los capitalistas tienen recursos para comprar voluntades con dinero y poder. Hay gente que ha sido luchadora y con unos valores extraordinarios y han sucumbido a estas tentaciones del dinero y el poder. Lo hemos visto en políticos, sindicalistas, obispos y otros religiosos, periodistas, jueces, intelectuales de todos los ámbitos de la sociedad, miembros de movimientos sociales y ONGs…Los capitalistas tienen esa inmensa capacidad y la utilizan sin ningún escrúpulo y si alguien se resiste buscan la manera de apartarlo o anonimarlo –creo que acabo de inventar una nueva palabra-. Y, esto también pasa con las administraciones públicas que utilizan las subvenciones como un arma de control social y de censura. Recuerdo que una vez un periodista me dijo algo que lleva más razón que un santo, aunque no cree en Dios, y decía que la publicidad institucional ha hecho muchísimo daño a los medios de comunicación, que por no perder ese dinero se han plegado a la mentira y a la manipulación.
Todo esto, es verdad, pero no hay que vivirlo desde el fatalismo, porque también hay gente en muchos ámbitos de la vida que mantienen su honestidad, su honradez y una ética personal y comunitaria fundamentada en valores como son la solidaridad, la justicia, la libertad, la paz, la fraternidad y la defensa del medio ambiente. Estas personas las encontramos en todos los continentes y son personas que con sus carencias, defectos, equivocaciones y que a veces caen en la tentaciones del poder y sus contradicciones, siguen siendo la esperanza de la humanidad, de toda la humanidad. Hay políticos corruptos, pero también los hay honrados, hay sindicalistas que se han dejado comprar, pero también hay sindicalistas que siguen poniendo el acento en la lucha en defensa de los derechos laborales y sociales de los obreros y obreras.
Los capitalistas tienen mucho interés en que creamos que no existe izquierda y derecha, que todas las personas somos corruptas y malas con la intención de desmovilizar a la ciudadanía, para destruir los horizontes de una tierra y un cielo nuevos, para que perdamos toda esperanza, para que nos desentendamos de la política, de la economía, de los conflictos…y aceptemos los males de nuestra sociedad como una especie de designio divino, ante el cual no podemos hacer nada.
Por eso, sí hay diferencias entre la izquierda y la derecha y entre las personas, porque Hitler y Gandhi no son iguales, porque el presidente de Uruguay José Múgica no es igual que Angela Merkel, Rajoy o Zapatero. Necesitamos esas personas con valores y principios que sean coherentes con ellos, que sepan no caer en la tentación del poder y el dinero, y que comiencen el cambio por su propia vida. Necesitamos gente que no entienda la existencia como un darwinismo social, sino como un espacio y un tiempo donde nadie sobra, no hay vidas que sobren, todas las vidas son importantes y tienen el derecho a la felicidad. Necesitamos personas decididas, fuertes, tiernas y coherentes.
Ellos insisten en que el futuro está escrito y yo defiendo, junto a otra mucha gente, que el futuro no está escrito. Depende en gran parte de nosotros porque sí se puede.







