“España tiene una vitalidad tan grande que aún estarán calientes los cadáveres de los últimos marxistas que mandemos enterrar y ya España habrá emprendido el camino de su regeneración”, es una de las terroríficas arengas que Queipo de Llano profería desde Unión Radio Sevilla. Día si y día también presumía en los micrófonos de la capital sevillana del reguero de sangre que estaba dejando en Andalucía.
Era un autentico genocida y estaba orgulloso de sus crímenes. Los historiadores le responsabilizan de al menos 45.000 asesinatos en Andalucía, de los cuales 14.000 fueron en Sevilla, en donde casi no hubo combates. Este psicópata dejó como huella de su criminal acción 700 fosas comunes, algunas tan grandes como la de Pico Reja en la que se calculan más de 1.300 víctimas de la represión franquista.
Y con este historial reposaba junto a su esposa, Genoveva Martí Tovar, en la basílica de la Macarena en Sevilla, donde fue enterrado en 1951. Una autentica anomalía a la que ha venido a poner fin la Ley de Memoria Democrática recientemente aprobada, la cual ha obligado que los restos del genocida fascista Queipo de Llano y de su mujer salieran del templo, 71 años después de haber sido enterrado con honores.
Con esta acción se cumple con una de las reivindicaciones del movimiento memorialista andaluz, pero no es suficiente. Como ha declarado Toni Valero, Coordinador de IU, “Los restos de Queipo de Llano han salido de la Macarena pero los de miles de republicanos fusilados siguen en las cunetas. Queda mucho por hacer. El Estado tiene que ser rápido y diligente en el cumplimiento de la ley.”







