Berta Cáceres se enfrentó a las trasnacionales, al Banco Mundial, a la OTAN y al golpe de Estado contra Zelaya

El homicidio de la dirigente indígena demuestra la absoluta impunidad de los asesinatos contra la Resistencia hondureña.
Berta Cáceres, activista hondureña asesinada a tiros después de años de amenazas

Hacía una semana que Berta Cáceres, coordinadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) de los lencas, denunciaba en una rueda de prensa el asesinato de cuatro dirigentes de la Comunidad. También denunció que empleados de la empresa Desarrollos Enérgéticos SA (DESA) e integrantes del Partido Nacional hostigaron y detuvieron ilegalmente a participantes de una marcha pacífica en defensa del río Gualcarque, vital para la supervivencia de la comunidad. Fue una jornada de resistencia civil organizada por el COPINH en protesta contra el proyecto hidroeléctrico Agua Zarca, una represa que se construye en el Río Blanco. La protesta se centraba en «la lucha en defensa de los ríos, en contra de la privatización, en defensa de los territorios y de la cultura, y en defensa de la dignidad y la soberanía de este país, que está siendo saqueado por la empresa privada, las transnacionales y este gobierno tirano dictador que tenemos (Juan Orlando Hernández)», explicó Cáceres.

Esos días denunciaron también el desalojo violento de 50 familias. Luego fueron los cuatro asesinatos. Y la noche del 3 de marzo se sumó el de la propia Berta Cáceres, la “activista que torció la mano al Banco Mundial” según titulaba la cadena británica BBC al anunciar la noticia.

Su asesinato conmocionó a todo el mundo. Era una líder conocida y reconocida internacionalmente, que el año pasado recibió el premio Goldman de Medioambiente.

Pero igualmente eran conocidas sus luchas contra el capitalismo, el patriarcado, el racismo. Y también contra la OTAN. En 2013, cuando supo que el Gobierno de Estados Unidos planeaba instalar la base militar más grande de toda América Latina en Honduras lo descalificó como «un proyecto de dominación y colonización con el propósito de saquear los recursos de los bienes comunes de la naturaleza en la nación centroamericana».

Argumentó que la base significaba una amenaza para los países vecinos debido a que la nación norteamericana «siempre ha usado a Honduras como una plataforma para invadir a otros pueblos hermanos, como sucedió en los años 80 contra Nicaragua. Esta vez podría ser Venezuela».

Berta Cáceres fue una destacada dirigente de los lencas durante gran parte de su vida y organizó importantes marchas de protesta a Tegucigalpa. Desde el golpe de estado en 2009 contra el presidente Juan Manuel Zelaya estuvo en la primera línea de la Resistencia.

En los últimos años ha llevado una larga lucha contra la empresa DESA, quien recibió la concesión por 20 años para una empresa hidroeléctrica Agua Zarca en el Río Blanco y después de una primera expulsión de la empresa en 2014 una reubicación en Río Gualcarque.

El gobierno de Honduras ha otorgado concesiones para la explotación de los recursos naturales a gran escala, al tiempo que se ha militarizado para combatir a la oposición. Por ello, hoy se acusa al gobierno de Honduras de ser responsable del asesinato de Berta Cáceres por no haber protegido su vida a pesar de órdenes ya desde 2009 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Las hidroeléctricas concesionadas por el gobierno se han convertido en feroces enemigas de Berta y de la causa del COPINH.

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