Vivimos en una época marcada por desafíos profundos para la democracia. Las instituciones se debilitan, los derechos retroceden bajo gobiernos reaccionarios y las desigualdades se agravan. En este contexto, Izquierda Unida presentó el pasado 23 de noviembre la iniciativa Convocatoria por la Democracia, un llamamiento para defender y expandir la democracia en todas sus dimensiones: cívica, política, económica y social. Un proyecto que busca no solo resistir las agresiones actuales, sino construir un horizonte esperanzador y de justicia para la ciudadanía.
Cuando Lenin, en 1902, situaba como uno de los ejes de sus tesis en el ¿Qué Hacer? a “la clase obrera como combatiente de vanguardia por la democracia”, no concebía esta última solo como un sistema político, sino como una herramienta de transformación social. Siguiendo esa estela, esta convocatoria no es solo un diagnóstico, sino una propuesta de acción que se dirige no solo a las personas que ya están luchando en diferentes frentes, sino también a todas aquellas personas desencantadas con la política, que sienten que las instituciones les han fallado y ya no les representan. El objetivo no es solo movilizar, sino transformar el estado de ánimo colectivo y recuperar, en palabras de Antonio Maíllo, “la alegría militante».
Hoy, cuando la extrema derecha avanza en Europa, erosionando derechos fundamentales y promoviendo discursos de odio, o mientras la violencia arrasa vidas en Gaza, necesitamos respuestas contundentes. Pero también hoy, cuando movimientos feministas se organizan el 25N, cuando miles toman las calles en defensa del derecho a la vivienda y la solidaridad florece ante emergencias climáticas como la DANA, encontramos motivos para la esperanza. Es en ese espíritu donde nace la Convocatoria por la Democracia.
No estamos, por tanto, ante un proceso de elucubración teórica. Es un proceso concreto y estructurado que se desplegará en asambleas, redes activistas y mesas de trabajo en todo el territorio. La meta es construir una partitura coral en torno a seis ejes clave: el reparto justo del trabajo y los cuidados, la defensa de los servicios públicos, el acceso a una vivienda digna, la gestión común de los recursos estratégicos y la creación de un país basado en la dignidad, la igualdad y la acogida. Este proceso culminará en 2025 con un gran encuentro nacional, consolidando una propuesta política que no solo resista, sino que transforme.
Se acaban de cumplir cuarenta años de la Convocatoria por Andalucía, que sentó las bases de Izquierda Unida. Aquella llamada al compromiso sigue siendo relevante hoy. Como entonces, el desafío es unir a quienes creen que la historia la construyen los pueblos, no las élites. Hoy, cuatro décadas después, la lucha por una democracia verdadera continúa.








