Día 46. Miércoles 6 de mayo

Cuaderno de Bitácora de una auxiliar de enfermería en la crisis del Coronavirus

Cuaderno de bitácora /

El desbarajuste hospitalario ha sido tan grande que aún seguimos intentando poner orden a los destrozos que originaron los primeros grandes bombardeos. Todavía se amontonan en una dependencia de la planta, bolsas con los enseres personales de pacientes que o bien fueron trasladados a la UCI, o sucumbieron antes el virus. Objetos sin demasiado valor económico que nunca fueron recogidos o reclamados por familiares, porque los de valor eran entregados al personal de seguridad pero no siempre, debido a la imposibilidad física de coordinar y atender tantas vidas en juego. Hoy ha venido precisamente la pareja de un paciente joven que tuvimos ingresado y que fue trasladado a UCI una semana después, la recuerdo perfectamente porque me entregó una mochila con ropa y cosas de aseo personal que yo le hice llegar al paciente. Hoy no se la hemos podido devolver porque se extravió en el trasiego y confusión de las primeras semanas. Yo no sabía si su pareja había sobrevivido y con miedo le he preguntado, y ¡sí, tras treinta y seis días logró escapar! Yo la mochila no se la he podido devolver pero la mejor de mis sonrisas y mi alegría sí se las he transmitido.

A raíz de la crisis se contrató a mucha gente que jamás había trabajado en un hospital para cubrir puestos que no requerían una formación específica, como la de celador, así que he conocido a gente que con ninguna experiencia hospitalaria ha tenido la valentía de ejercer una profesión dura y ahora, arriesgada. Es el caso del celador que hemos tenido hoy colaborando en la planta, que en su profesión anterior (en absoluto relacionada con la salud) su contrato fue rescindido y no dudó en prestar sus servicios en el hospital, contagiándose del coronavirus a los quince días de haber comenzado. Jamás había visto un cadáver pero en quince días le dio tiempo a familiarizarse debido a la penosa tarea de trasladar decenas a diario al mortuorio. Evidentemente es una situación de extrema excepcionalidad. Una pesadilla bélica por la que nadie quiere volver a pasar. Todo esto me contaba este nuevo compañero mientras que en la televisión de una habitación, Pablo Casado en el Congreso hozaba lodos de estiércol. Definitivamente Casado y Abascal, son sicarios de la indecencia humana construyendo avalanchas de desprecio por las víctimas y todas las personas que llevamos meses de contienda.

Me entristecía tanto saber que el celador por un humilde sueldo se había contagiado y vivido una de las experiencias laborales más penosas de su vida, que mi indignación discursiva subía por momentos.

Menos mal que el maestro Marx en su infinito legado a veces nos reconforta:

«Yo soy republicano y bueno, comunista, así que tengo muy claro de qué lado estoy”, me ha confesado el celador al terminar de atender a un paciente.

No está todo perdido.

¡Venceremos!
#MasSanidad
#MenosCorona

/ Ilustración Juan Kalvellido

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