Medio centenar de mujeres se manifestaron ante el Congreso de Diputados para reclamar la liberación de tres activistas condenadas a pena de muerte por ahorcamiento por defender los derechos humanos en Irán. Durante la concentración, ante la recreación de un ajusticiamiento talibán, recibieron el apoyo del diputado y secretario general del PCE, Enrique Santiago, y de la presidenta del Congreso, Francina Armengol, que se comprometieron: él, a organizar en breve un acto de repulsa ante la Embajada de Irán en Madrid; ella, a abrir nuevas vías diplomáticas para evitar la muerte de estas tres activistas y de otras casi mil personas más que cumplen condenas similares.
En las mazmorras medievales de Irán hay casi mil mujeres condenadas por luchar por sus derechos civiles y laborales. Algunas aguardan que se cumpla su pena de muerte. Tres de ellas, Pakhshan Azizi, Sharifeh Mohammadi y Varisheh Moradi, defensoras de los derechos humanos y sindicalistas, van a ser ahorcadas en breve…, ¡si nosotras no lo impedimos!
Ante el Congreso de los Diputados se montó un patíbulo con un verdugo talibán escoltando a tres mujeres, maniatadas, con los nudos de tres horcas ciñendo sus cuellos y caretas con los rostros de Pakhshan, Sharifeh y Varisheh. A su alrededor decenas de mujeres gritando por sus derechos, por sus vidas. Desde mujeres llegadas del feminismo clásico, como la ex diputada Cristina Almeida y Lidia Falcón, presidenta del Partido Feminista; hasta jóvenes anónimas llegadas de la acampada universitaria contra el genocidio de Israel en Gaza; pasando por mujeres iraníes, como la politóloga Nazanim Armanian, convocantes de la acción.
Dentro del Congreso se celebraba un Pleno, pero de algún modo se colaron en el hemiciclo los gritos de todas esas mujeres: “El feminismo no es un delito”, “La pena de muerte es asesinato”, “Arriba la democracia, abajo la teocracia”. La vida de esas tres mujeres sí importa, y así quedó demostrado con la visita y el compromiso de los diputados del Gobierno de este país, de Armengol por el PSOE y de Santiago por Sumar.
Confiamos en que esos gritos lleguen también a las mazmorras iraníes para aliviar el horror de las condenadas y a los oídos sordos de los talibanes para alejar sus manos, sus horcas y sus leyes de estas mujeres. ¡Salvemos sus vidas!







