Hace falta superar esa reacción automática de rechazo hacia la intervención del ejército en la vida política de los países del Sur. Y no caer en el error de infantilizar ni ridiculizar el discurso de los gobiernos y pueblos africanos, cuando denuncian los efectos del neocolonialismo, relacionando el auge del terrorismo con la intervención extranjera.
Beirut no solo es la capital del Líbano. Se convirtió hace mucho en el himno de la aspiración a la unidad del mundo árabe frente a su opresor histórico, el Estado sionista. Hoy Beirut sufre y es el testimonio de una humanidad herida y luchando por su supervivencia. La ciudad está siendo arrasada por bombardeos