La Vuelta a España, una de las tres grandes competiciones ciclistas del mundo, ha querido presentarse siempre como un espectáculo neutro, un escaparate de esfuerzo y paisajes. Pero la neutralidad, cuando hay un genocidio en marcha, no existe. Y la carretera se está encargando de recordarlo. En varias etapas recientes, las protestas contra la participación del equipo Israel–Premier Tech han sido tan intensas que la organización se ha visto obligada…