El atentado de ETA del 30 de Diciembre, que tuvo como consecuencia la muerte de dos trabajadores ecuatorianos, ha dado lugar a un ceremonial de hipocresía que no puede por menos que causar cierto rechazo en quienes trabajamos con la inmigración desde hace muchos años, luchando por el reconocimiento de sus derechos, por el respeto a la dignidad de las personas y contra su segregación social.