La prostitución y la trata con fines de explotación sexual representan graves violaciones de derechos humanos, especialmente hacia mujeres y niñas, en un contexto de desigualdad de género. Se enfatiza la necesidad de políticas abolicionistas, apoyo integral a supervivientes, y la lucha contra el patriarcado y neoliberalismo que perpetúan estas violencias.
Sigue siendo así, a pesar de los avances del movimiento feminista: la cultura patriarcal ve el cuerpo femenino como un objeto que puede ser utilizado en beneficio de los hombres, sobre todo, para la satisfacción del deseo sexual y puede ser conquistado y sometido, denigrado y vapuleado, utilizado como moneda de cambio, dominado y abusado,