¡Oh, melancolía! (1988), el octavo álbum del cantautor cubano Silvio Rodríguez, supuso una obra de madurez no lo suficientemente valorada en comparación con sus obras más conocidas; sin embargo, este segundo trabajo con la banda AfroCuba, después de Causas y azares, contiene algunas genialidades que demuestran el extraordinario período creativo en que se encontraba Silvio;
“Una de las cosas que hacíamos en la Juventud Obrera Cristiana (JOC), en los años setenta, era celebrar el Primero de Mayo, que estaba prohibido. Nos citábamos en el campo, la mayor parte de las veces en una zona de Villanueva de la Serena que conocíamos como el Molar, que está en la carretera de