El Alto de la Tornería, en Llanes, amaneció ayer bajo un sol esplendoroso que saludaba las montañas y el mar como testigos centenarios. Pero la luz de la mañana no duró: pronto bajó una nube que humedeció el suelo y apuró los discursos. Fue como si el clima quisiera recordarnos que la memoria no se guarda solo en los días soleados, que también hay tormenta, sufrimiento, lluvia… pero también cabe…