El Alto de la Tornería, en Llanes, amaneció ayer bajo un sol esplendoroso que saludaba las montañas y el mar como testigos centenarios. Pero la luz de la mañana no duró: pronto bajó una nube que humedeció el suelo y apuró los discursos. Fue como si el clima quisiera recordarnos que la memoria no se guarda solo en los días soleados, que también hay tormenta, sufrimiento, lluvia… pero también cabe la resistencia. Así transcurrió El Mazucu ’25, organizado por FAMYR y Ahaztuak, homenaje anual que construye una alianza firme entre Asturias y Euskal Herria, y que este año se llenó de referentes vivos, compromisos históricos, solidaridad internacional y voces jóvenes también.
El homenaje en El Mazucu es, desde sus orígenes, un compromiso firme con la verdad, la justicia y la reparación. Pero no se queda en el recuerdo: enlaza directamente con las luchas actuales, con la denuncia de la impunidad del franquismo y con la solidaridad con los pueblos que hoy resisten la opresión. En cada edición, la memoria de quienes combatieron aquí se proyecta hacia el presente como herramienta de lucha y de futuro.
Este año, los reconocimientos recayeron en Ignacio Peón Fonfría, comunista, militante antifranquista y miembro de Comisiones Obreras; en los hermanos Castiello, Eduardo y Corsino, militantes comunistas y guerrilleros antifranquistas; en la resistencia del pueblo palestino, representada por la plataforma vasca Palestinarekin Elkartasuna; y en los fusilados del 27 de septiembre de 1975, los últimos ejecutados del franquismo: Jon Paredes “Txiki”, Ángel Otaegi, Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo y Ramón García Sanz. Cuatro homenajes que, unidos, dibujan una misma línea de dignidad: la de quienes, en circunstancias distintas, enfrentaron la represión y el fascismo sin rendirse.
La presencia de Peón, con 92 años, fue uno de los momentos más emotivos. Rodeado de cariño y respeto, recogió su galardón recordando su vida de militancia comunista, de compromiso sindical en las minas y de resistencia frente al franquismo. Su palabra sencilla y firme recordó a todos y todas que la memoria no se pierde mientras se transmite con verdad.
El reconocimiento a los hermanos Castiello devolvió al acto el eco de la resistencia armada. Eduardo y Corsino simbolizan a tantos que, terminada la guerra, continuaron combatiendo en montes y ciudades, manteniendo viva la llama de la lucha cuando el silencio de la represión parecía imponerse.
El homenaje a la resistencia palestina conectó directamente El Mazucu con el presente: la ocupación, el genocidio y el apartheid que sufre ese pueblo nos recuerdan, en pleno siglo XXI, escenas que aquí conocemos bien. Defender a Palestina es también defender la memoria antifascista en nuestra tierra.
La memoria de los fusilados del 27 de septiembre de 1975, a pocas semanas de la muerte del dictador, cerró el círculo. Sus nombres —Txiki, Otaegi, Baena, Sánchez Bravo y García Sanz— fueron pronunciados con fuerza, y Diego Paredes, hermano de Txiki, leyó la carta que éste escribió poco antes de morir, estremeciendo al público con su lucidez y dignidad.
Junto a estos homenajes, intervino también Guillermo Menéndez Quirós, autor de Cumbres en pie de guerra, novela gráfica sobre El Mazucu. Su obra une generaciones y muestra que el arte popular es también una herramienta para mantener viva la memoria.
El acto contó además con la presencia de Martín Pacheco, cónsul general de Venezuela en Galicia y Asturias, acompañado por Glenna Cabello, cónsul general de Venezuela en Bilbao. En sus intervenciones denunciaron las agresiones imperiales contra su pueblo y subrayaron la importancia del internacionalismo. Recordaron que la memoria no puede quedarse encerrada en los monumentos: debe transformarse en solidaridad activa entre los pueblos que siguen siendo agredidos por el imperialismo.
La música tampoco faltó: el grupo La Ventolín acompañó con el Himno de Riego y la Internacional, coreadas por un público que desafiaba viento y lluvia. El clima acortó el programa, pero no mermó la firmeza ni la emoción del acto.
Más allá de nombres y fechas, El Mazucu ’25 mostró algo esencial: que la memoria es combate presente. Que honrar a quienes resistieron no es nostalgia, sino herramienta para caminar frente a desigualdades, frente a la opresión global, frente al silencio cómplice. Que los pueblos que luchan lejos del foco mediático aún tienen voz, que esas voces se encuentran y se reconocen en actos como éste.
Agradecemos de corazón a todas y todos quienes estuvisteis ayer: jóvenes que vienen con preguntas, mayores que conservan heridas y memoria, compañeros internacionales que sienten hermanos nuestros, militantes sindicales que saben que la conquista de hoy no es definitiva si no la defendemos. A los homenajeados, a quien recibe galardón en vida como Peón, y a quienes lo reciben en recuerdo: vuestro sacrificio fue semilla sembrada para que florezca dignidad.
El Mazucu ’25 es llamada clara: no basta recordar; hay que actuar, denunciar, resistir. Volvemos en 2026 con ese compromiso: memoria firme, solidaridad sin fronteras, lucha obrera que no olvida que cada represión futura está abonada por cada olvido pasado. El Mazucu nos enseña que la memoria no se hereda, se conquista día a día en la calle, en el sindicato, en la solidaridad internacionalista. Ese es nuestro compromiso: ni olvido, ni perdón, ni descanso en la lucha.







